En este episodio de Más de uno, el filósofo Jorge Freire responde al dilema de Cuqui, una oyente cuyo marido, recién jubilado, dedica gran parte de su tiempo a planificar bromas pesadas a la familia, desde falsas detenciones hasta una supuesta adopción del hijo. Los contertulios debaten si estas bromas son humor o simple crueldad.
Freire recurre a textos de Ramón Gómez de la Serna y a la teoría de los humores para defender que el humor debe dosificarse y no puede convertirse en una actitud constante. Otros tertulianos proponen soluciones distintas, desde moderar al marido hasta una demanda de divorcio falsa.
Los oyentes conocerán argumentos sobre los límites del humor en la vida familiar.
En este episodio Carlos Alsina, Jorge Freire
La transcripción de este episodio sobre bromas familiares y humorismo se hizo con la tecnología que HappyScribe utiliza para transcribir video a texto.
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Es un poco embarazoso, pero lo tengo que hacer. Eh, tengo que, eh, recordar a los oyentes que nos están enviando sus cartas con dilemas morales para que los resuelva o lo intente el doctor Freire. Eh, tengo que recordarles que no admitimos sobornos. Nos hemos encontrado en 27 cartas, además del folio manuscrito con la consulta que le quieren hacer al doctor, billetes de 10, de 20, e incluso una carta traía un billete de 50 €. Me lo ha contado el equipo y—
¿Fue celebrada esa carta?
No, no, no, no.
No, no, no.
El, el... incluyen billetes para que su carta sea la seleccionada para la semana siguiente en la sección. Y quiero aclarar que no funcionamos así. Es verdad que, oye, ya que tenemos el dinero, pues desayunamos gratis todos los días, pero no aceptamos sobornos. O sea, no sirve para que tu carta tenga prioridad. Sí sirve para que nos metamos un atracón, pues de lo mismo que te digo yo: palmerita de chocolate, churros porno.
Es verdad. No es cohecho en puridad si no consiguen nada a cambio. Si nos quedamos con el... es verdad, no hay—
Claro, yo no es cohecho impropio. Es cohecho impropio, como sabe Paco Camps. Pero—
Pero entonces—
Eso sí que fue un dilema.
Pero vamos, que no, que no, que no. Que no sirve. Que no sirve. No digo yo que no enviéis billetes, digo que no sirve para tener—
Estás dando esa información, pero que tampoco hace falta disuadir a la gente.
Puede seguir haciéndolo, ¿no?
De que envíe sus—
No, simplemente para que no se sientan luego frustrados al decir: "pues metí 75 € en la carta y aún así no ha sonado todavía". Bueno, ya te estamos avisando de que daremos buena cuenta de los 75 €, pero no significa que— Bueno, vamos a la carta de esta semana, que ha sido seleccionada, pues por su, por su urgencia. Por su urgencia, porque es una consulta, un dilema moral que necesita de una respuesta inmediata, querido doctor. Así que, si a usted le parece, vamos a escuchar. Hemos puesto voz, como siempre, a la carta que nos ha enviado una oyente que responde al nombre, muy bonito por cierto, de Cuqui.
Precioso.
Querido Jorge, me llamo Cuqui. Mi marido, que se acaba de jubilar, tiene una afición que ha convertido nuestra vida familiar en un infierno: las bromas. Es un bromista de los de antes, de los que les gusta provocar un sufrimiento espantoso a una persona para cuando ya está llorando, solucionarlo todo con unas palmaditas en la espalda.
¡Pero hombre, que era una broma!
En casa ha puesto sal en el azucarero, ha cambiado las etiquetas de los botes de medicamentos y ha escondido dentaduras postizas dentro de los bocadillos. Es curioso: para arreglar un grifo se tira dos años diciendo que ya lo mirará, pero es capaz de estar meses preparando minuciosamente una de sus bromas. Por ejemplo, cuando fingió que le habían detenido por contrabando de cigarrillos, contrató a un actor francés para decirme que me llamaba desde la gendarmería porque le habían descubierto ocultos en el coche 2.000 cartones de tabaco.
Necesitará un buen abogado. Le pueden caer 20 años de prisión.
Cuando la niña tenía 12 años, le dijo que le habían escogido para participar en un programa infantil de televisión.
Ahora es tarde.
Jorge, la hizo ensayar durante dos semanas una canción de Rocío Jurado. A nuestro hijo le hizo creer que era adoptado. Durante una comida familiar, sacó una fotografía antigua de unos señores y le dijo que eran sus verdaderos padres, que le habían entregado porque era muy feo. El nene tenía 7 años. Estuve a punto de echarlo de casa.
Al nene, claro.
Lo que ahora me angustia es que nuestra hija se casa dentro de un mes y he descubierto en un cajón de su mesilla una carpeta en la que pone "Operación Boda". Dentro hay una lista de teléfonos, un certificado falso de matrimonio, fotos de una mujer que no sé quién es, un presupuesto de una empresa de efectos especiales y otro de un señor que alquila ataúdes. Le pregunté qué era aquello. Me dijo:
"Nada, nada, mujer, unas cosillas mías, ¿eh?".
Sospecho que la mujer de las fotografías va a aparecer en la iglesia diciendo que está casada con el prometido de nuestra hija.
Bueno.
Y que tienen tres hijos en común, algo así. ¿Qué hago, Jorge? ¿Dejo que mi marido desate el infierno en la boda de nuestra hija o le dejo entregarse a la única ocupación que le entretiene en su jubilación? Agobiada Cuqui.
Pobre Cuqui.
Sí, sí, pobre Cuqui, desde luego. Qué mala suerte ha tenido con el marido.
Eh, sí.
Hombre, mala suerte no.
Bueno, mala. Ha elegido mal, es verdad, no todo es cuestión de suerte. Ha elegido mal, digámoslo a las claras. Se ha casado mal, tiene en casa un problema. Ese hombre es un problemandante.
Es un problema.
Bueno, es un problema. Mira, yo creo que aquí hay un error, un error. Vamos a lo filosófico. Hay mucha gente que no entiende que el humor es una cosa muy seria. Y hay un texto que a mí me gusta muchísimo, de Ramón Gómez de la Serna, de 1930, que publicó en Revista de Occidente y que era, digamos, lo había ensayado dos años antes en una conferencia en el Círculo de Bellas Artes. Y se titulaba "Gravedad e importancia del humorismo". Gravedad, es decir, que el humor es una cosa grave, no seria, pero sí grave. Entonces, el humor significa, entre otras cosas, oye, pues entrar en las cosas justo en el lado que no existen, pero precisamente en el lado que las revela.
Con lo cual, si el humor descubre contradicciones y revela las cosas tal cual son, no cabe estar todo el día haciendo chirigotas desde que te levantas hasta que te acuestas, porque entonces te vuelves insufrible. Y ese es el problema del humorismo. Así que dígaselo, querida Cuqui, dígaselo a su marido, hágale haga que lea a Gómez de la Serna y, por favor, que se modere. Claro, es que este es el problema.
Hombre, si quiere convertir a su marido en un ser triste, en un ser ojeroso, en una persona insoportable por su, ¿no?
No, si insoportable ya lo es.
Muy en contra.
No, pero va a estar.
Insoportable es ahora.
Va a estar el hombre deprimido el resto de su jubilación porque a la señora no le gustan las bromitas. Pues oye, tampoco.
Pues que haga las bromas fuera de casa.
Estáis en contra los dos del marido, no sé.
Lo que ha descrito Cuqui, Cuqui, todo mi apoyo y mi solidaridad, ¿eh? Lo que ha descrito Cuqui no son bromas, son perrerías. Son perrerías. Se pone a la a la a la pobre niña en la creencia de que ha sido seleccionada para un concurso de infantil de no, eso no, eso no, eso no es una broma, eso es una crueldad.
Pero esa niña durante una semana tuvo una gran ilusión, y eso no se lo quita nadie.
Sí, claro. Y la desilusión que viene luego, ¿qué pasa?
Bueno, pues una desilusión de un minuto por una ilusión de una semana. Tampoco no sé.
Hay una cosa, una cosa que decía el sofista Gorgias, que a mí me gusta mucho, que es "contra la seriedad risa, contra la risa seriedad". Es decir, si alguien se te pone muy solemne y con muchos perejiles, tómatelo a chacota. Pero si alguien está todo el tiempo con la risita, contéstale en serio. Cuando este hombre haga el payo, ¿sé qué contestas? Decirle: "Eh, ¿qué te pasa, José Luis? ¿Has perdido el seso? ¿Qué te ocurre? ¿Estás en tus cabales, tal?".
Lárgate de casa, José Luis.
Lárgate de casa, José Luis. Ahora bien, también, Carlos, te voy a decir una cosa. Yo venía con la respuesta ya, eh, la tenía muy clara, pero he dicho algo en mi tocayo que me ha tocado el corazón. Es verdad, hay muchos jubilados que por falta de una afición pierden el Oremus, pierden el sentido de su existencia. Algunos se ponen a pintar Warhammer, las figuritas estas de rol, algunos se ponen a coleccionar casetes.
Bueno, pues que la cosa es que no molesten a nadie, si será por aficiones. Está jubilado, pues muy bien, está jubilado, pues que no—
Pero es que no encuentra aficiones.
Yo no voy a aprobar.
Qué hacer que no sean molestar a su familia.
No voy a aprobar la broma de "eres adoptado". Esa me parece que ahí se sobró. Pero la de las dentaduras postizas—
Ah, y la ilusión luego de saber que era mentira y que—
Las dentaduras en los bocadillos me parece brillante.
Qué brillante.
Qué brillante.
Eso es por los niños que van 15 años yendo a terapia por culpa de este hombre tan brillante. Yo no sé dónde está la brillantez. Eh, hay que en cualquier caso no estamos contentos—
Largo de casa, José Luis. Esta es la conclusión.
Claro. Mira, hay una cosa. Desde los tiempos, desde los tiempos de la medicina hipocrática, luego ya con Galeno y tal, pero vamos, desde la antigua Grecia se sabe, y esto es muy interesante, que el humor es una cosa que hay que dosificar. El humor es una cosa corrosiva. De hecho, fíjate que antiguamente se hablaba de la teoría de los humores. Tu temperamento podía ser sanguíneo, como soy yo, pues una persona así más o menos nerviosa, puede ser melancólico, puede ser colérico, etcétera, etcétera. Y lo importante de los humores es que nunca se desborden. Porque, por ejemplo, si tú eres melancólico y se te desborda la bilis amarilla, pues entonces te domina. Si te domina la bilis negra, la agresividad, pues entonces tampoco es bueno que se vaya de madre.
Entonces hay que dosificarlo. Y este hombre no dosifica el humor.
Pero es que sois muy generosos llamándole humor a lo que hace este individuo.
Es decir, llamándole hombre. Somos muy generosos llamándole ser humano.
A lo mejor el consejo es decirle a él que modere, pero que no elimines las bromas.
Pero si es que no son bromas, si es que no le hacen gracia a nadie. O sea, el humor es una cosa compartida entre quien hace la broma y quien recibe la broma.
Bueno.
Esto no es, esto no es, no es el caso. Aquí no hay humor ninguno. Aquí hay un, hay un tocanarices que, ¿cómo se llama? José Luis. Largo de casa, José Luis.
Claro.
Que que le está haciendo la vida imposible a su, a Cuqui, pobre Cuqui.
Claro.
Y a sus hijos. Y si ellos pudieran hablar, los hijos, es más, que nos escriban, pues se sumarían a este grito que ya es un grito común de la audiencia del programa, que es largo de casa.
Bueno, claro, es vuestro, no de la audiencia.
Este ramalazo autoritario, por no decir totalitario, que le está saliendo al Sina, demuestra lo que ha dicho ahora Jorge.
Para un día que estoy de acuerdo contigo, fíjate.
Pues ya he dejado yo de estar de acuerdo contigo por una razón. Mira, ha dicho, ha dicho Jorge que se modere. El otro día llegué a una reflexión, me tocó moderar una mesa.
Sí.
Y yo hacía la coña de "como soy moderadito, me ponéis a moderar". Pero he aquí que hay una paradoja, porque cuando te ponen a moderar te dan una atribución muy golosa y muy tentadora, que es quitar la palabra a los demás. Entonces, al menos en mí surgen, lo digo de verdad, surgen deseos autoritarios. Me encanta mandar callar a los demás, cortarles, zanjarles, decirles que abrevien. Entonces, al final, quizá el moderado no debería moderar. Por eso a mí me cuesta mucho mandar a los demás que se moderen. Sé como mucho moderarme a mí mismo, pero no a los demás. Porque empiezas pidiendo a los demás que se moderen y acabas echándolos de casa.
Y en eso también estoy de acuerdo contigo, ¿eh? Porque yo, acuérdate que cuando hacía la tertulia traía una maza. Bueno, un langoservo, un langoservo. Y la maza es adictiva. Sí, sí, porque se disfruta muchísimo haciendo callar a los demás y poniéndole, enderezándole, ¿sabes? Poniendo orden.
Dice la leyenda que algún golpe seco que se oía en antena no iba contra la base de la maza, sino contra alguna cabeza.
Sí.
Contra alguna cabeza especialmente dura, que impactó la maza.
No es una leyenda, no es una leyenda.
No es una leyenda.
No, no es una leyenda.
Bueno, es que quería ser.
Lo que pasa es que en esos momentos el programa no se emitía por streaming y se podían hacer esas cosas.
Cuando había libertad, los buenos viejos tiempos de antaño, ¿verdad? Es que ahora ya no se puede hacer nada. Ahora ya no.
Lo dejan.
No dejan apalear cráneos.
Esa corrección política.
Sí, claro. Ahora ya no dejan hacer bromas de ningún tipo en casa. Claro, eso es lo que pensará el marido de nuestra pobre oyente Cuqui, a la que enviamos desde aquí no solo un cariñoso saludo, sino este consejo que dice: "Desaste del marido, Cuqui. Pobrecito."
Bueno.
Además, a estas alturas ya para qué lo quieres.
Bueno, eso no es verdad. ¿Qué utilidad tiene?
Ya son hijos criados, ya todo.
O mira, vamos a darle un consejo muy bueno a Cuqui, por lo menos así lo creo yo, que le presente una demanda de divorcio falsa.
Qué bueno.
Que le haga creer que se está divorciando y a lo mejor, mira, sufre ahí un impacto que es capaz de entender lo que generan los demás.
Está muy bien. Pero ¿y si el impacto es mortal? ¿Entonces qué? ¿A quién, a quién imputamos la responsabilidad? ¿A don Jorge?
Tampoco hay que ponerse en ese escenario.
Sí, porque no murió la hija cuando le dijo que no estaba en el concurso.
Tiene un corazón joven. Es una chica en plenitud de sus facultades, en la plenitud de su trapillo. Pero tú imagínate que este hombre le pega un jueves y ya.
El único problema es que Cuqui le diga de broma que le ha presentado una demanda de divorcio y el marido diga: "Por fin". Y este encantado de separarse. Bueno, el doctor Freire, yo creo que hoy el consejo es claro, la respuesta a la consulta es muy clara. Diga lo que diga su tocayo.
Qué bien resuelto, ¿eh? Es que las cosas dice Krishna en la Bhagavad Gita que lo importante es hacer las cosas bien y no tanto sus frutos. Y es verdad que la satisfacción del trabajo bien hecho, ¿eh?
Sí, pero eso contigo pasa cada jueves.
Sí, la verdad es que sí. Sí, lo reconozco, ¿eh? Qué bien esta mujer Cuqui, por cierto, que es Cuqui.
Hombre, es que lo mismo de Flores es una cosa.
No es Cuqui, no es anglificado, es Cuqui de Maricarmen, vamos, de Cuqui con Q, no es Coqui. Y bueno, yo creo que eso va a llevar una alegría. No son las cuquis cibernéticas.
Adiós, doctor. Que tenga una semana estupenda.
Pues muchas gracias. Igualmente.
Esta última que la digo sobre.
Hemos aceptado las cuquis, claro.
Cuqui, que no es la cuqui. Eh, muchas gracias también por la aclaración.
Igualmente.
Bueno, vamos a hacer una pausa muy cortita como siempre y a la vuelta recibimos ya a Alberto, a Parizi, y hablamos de divulgación científica.
Más de uno en Onda Cero con Alsina.
Entre.
El filósofo Jorge Freire responde al dilema de esta oyente cuyo marido pasa gran parte de su jubilación planificando y gastando bromas a la familia.