En este episodio de Más de uno, el divulgador Alberto Aparici presenta un estudio sobre canibalismo en la prehistoria, centrado en tres cuevas de la provincia de Granada con restos de entre unos 5000 y 3800 años antes de Cristo. Junto al investigador del CSIC Antonio Rodríguez Hidalgo, del Instituto de Arqueología de Mérida, se explica cómo vivían las comunidades neolíticas de la zona, para qué se usaban las cuevas y qué señales dejan los huesos procesados para el consumo, como el color blanco por cocción o las marcas de corte.
Los oyentes conocerán la diferencia entre lo que la ciencia forense puede demostrar y lo que sigue siendo hipótesis, como la matanza de 36 personas que los autores plantean en Malalmuerzo. El investigador advierte de que explicar cómo ocurrió es más sencillo que explicar por qué.
En este episodio Alberto Aparici, Antonio Rodríguez Hidalgo
Esta transcripción del episodio sobre canibalismo prehistórico en Granada se hizo con la tecnología de HappyScribe, la misma que sustenta su generador de subtítulos.
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Más de uno en Onda Cero, con Alsina.
Puede que Alberto Aparici sea la persona de este programa que más viaja. Cada semana está en un sitio, por razones que solo él conoce. Buenos días, Alberto. ¿Cómo estás?
Muy buenos días. Muy buenos días desde Gijón, donde he amanecido en el día de hoy.
Muy bien. ¿Y qué hay en Gijón? ¿Hay algo que nos quieras contar?
Bueno, pues os quiero contar que tiene un acuario muy bonito, que es el acuario de Gijón, y que tienen muy buen gusto porque me han invitado para presentar una entrega de premios en un certamen de documentales de naturaleza sobre el océano. Y aquí estoy, porque voy a ser el presentador, cosa que no he hecho en mi vida, y estoy aterrado por ello, pero bueno, no pasa nada.
Ah, que lo sepa el público, sobre todo. Presente, que está aterrado el presentador. Lo sepáis todos.
Exacto. Bueno, pero en lugar de contaros mis penas, hoy os voy a hablar de ciencia, que es para lo que hemos venido aquí. Os quiero hablar de un estudio llevado a cabo justo en el otro lado de la península ibérica.
¿En el otro lado? ¿Te refieres al sur de la península ibérica, no?
El sur, efectivamente, el sureste en particular, que es en la tierra del ingeniero Montes, en la provincia de Granada. Y como cada semana, tengo preparada una musiquita para nuestro disco dorado, una pieza que evoque la historia que vamos a contar.
Y será una pieza del gusto de nuestra audiencia granadina, que es muy exigente.
Pues yo espero que sí. Es verdad que es gente muy leída y muy escuchada, pero yo te diría que será sobre todo del agrado de nuestra audiencia espacial, y especial, también son especiales. Dale a la gramola, ingeniero. Vamos a escuchar.
Yo creo que esto todo el mundo lo relaciona con una película, ¿no?
Así es.
Con 2001, una odisea en el espacio.
Exacto, exacto. Y la pieza, el nombre original de la pieza es "Así habló Zaratustra", de Richard Strauss. Yo creo que ya casi nadie se acuerda del nombre original. No confundir, por cierto, Richard Strauss con los Strauss de los Valses, que eran vieneses y eran casi todos unos petardos. Este señor hacía música bastante buena. ¿Y os acordáis en qué secuencia de la película?
¿Qué necesidad habría de desacreditar a los otros Strauss?
Pues esto es darte un desahogo en directo.
Sí, sí, desde luego.
¿Os acordáis de en qué secuencia de la película se escucha esta música?
Hombre, la del está el nylon mono, ¿verdad?
Sí.
Y lanzan ahí el hueso al aire, y de repente aparece ya la nave espacial. Es esa, ¿no?
Pues es casi. Es justo antes de lo del hueso. Lo del hueso es, bueno, la elipsis más famosa de la historia del cine, es súper bonita. Pero antes de eso, justo antes, los monos, que verdaderamente eran Australopithecus, lo que pasa es que en el año 68 se pintaba a los Australopithecus más simiescos de lo que luego nos hemos dado cuenta de qué eran, pues se ponen como a romper huesos, y ahí es cuando suena esa música. Porque en el momento de romper huesos están inventando algo, están inventando las primeras armas. Y luego, después de inventarlas, pues la lanzan al aire, y un invento se transforma en otro invento.
El hueso se transforma en la nave espacial, de la prehistoria al espacio. Y con esta otra música en el espacio.
Hala, di algo de los Strauss ahora.
Del desagravio.
Esta sí es de los Strauss austriacos. Y esta es del único Strauss austriaco que me gusta, que es Johann Strauss hijo, creo que era el mejor de todos. Es el Danubio azul, todo el mundo lo sabe, ¿no? Y mira, de todas estas cosas, es de lo que vamos a hablar hoy.
Pero de todo, esto es un poco confuso, de Valses, vas a hablar del espacio.
Sí, la verdad es que no entendía.
Estás estudiando muchísimo de los Strauss.
Del cine, del monolito.
Exacto. Está quedando súper bien la introducción porque nadie está entendiendo nada. Bueno, voy a decirlo ya. Vamos a hablar de prehistoria y vamos a hablar de huesos. Y vamos en realidad a recorrer el camino de la película, pero al revés. Porque lo que vamos a tener es la tecnología del siglo XXI, que nos va a permitir entender lo que hacían nuestros antepasados. Y cuando hacemos eso, cuando jugamos ese juego, a veces descubrimos que nuestros antepasados se parecen mucho a nosotros, y otras que son muy diferentes. A veces tan diferentes que nos da hasta reparo, puede que incluso miedito.
Cuidado, o sea, a ver si te estoy entendiendo.
Sí.
Quieres hablar de costumbres de nuestros antepasados, un poco chocantes, con los ojos de hoy, incluso un poco asquerosas, ¿te he entendido bien?
Pues juzga por ti mismo, Carlos, porque vamos a leer un pequeño pasaje que cuenta uno de los autores del estudio que ha motivado esta sección, en una entrevista al periódico Granada Hoy. Mira, de hecho, lo puedes leer tú, Carlos, que lees mejor que yo, y además yo estoy medio constipado.
Dice: "En el año 1972 yo estudiaba segundo de medicina y me trajeron unos huesos de alfácar diciéndome: 'Tú que eres médico, mira esto'. Yo no sabía nada, pero en fin, vi los huesos y me llamaron la atención, porque eran muy blancos, muy blancos, y tenían marcas de cortes. Me quedé asombrado. Escribí a Francia: '¿Habéis visto esto en algún momento?' Y me dijeron: 'No, no, no sabemos lo que es'. Y me atreví a decir que era canibalismo".
Sí, señor.
De esto quieres hablar hoy, del canibalismo.
Efectivamente. En palabras del líder del estudio, que se llama Miguel Botella, parece que algunos de nuestros antepasados se comían a otras personas. Esto es lo que hay. El estudio, de hecho, describe tres cuevas de la provincia de Granada, y en las tres hay señales de canibalismo.
Ya. Pues a ver, es una costumbre bastante es que no sé qué adjetivo se corresponde con una costumbre como esta.
Pero se sabe por qué lo hacían? O sea, igual era un periodo de hambruna, no tenían otra cosa que comer, entonces ahí se puede recurrir.
Esa es una muy buena pregunta. Os voy a dar un poquito de contexto para que entendamos lo que está diciendo este estudio. En primer lugar, las cuevas están muy cerquita todas, unas de otras, todas en la provincia de Granada, pero además cerca. Pero no todos los restos son de la misma época. Hay algunos que son alrededor del 5000 antes de Cristo, y hay otros que son más recientes, más cerca, como del 3800 antes de Cristo. Así que hay muchos siglos de diferencia entre una cosa y otra, y es perfectamente posible que los motivos no fueran los mismos para unos en el 5000 que para otros en el 3800, claro.
Pero se pueden saber los motivos? O sea, solo con los huesos es posible averiguar cuáles eran las razones?
Pues esa es la cuestión, y es la cuestión que a mí me parece más interesante, precisamente de este estudio, y por eso lo mejor va a ser preguntárselo a alguien que de verdad sepa del asunto y lo ha estudiado. A, por ejemplo, a uno de los autores de este estudio, que es experto precisamente en esto, en canibalismo durante la prehistoria. Es Antonio Rodríguez Hidalgo, que es investigador del CSIC en el Instituto de Arqueología de Mérida.
Antonio, buenos días.
Hola, buenos días, Carlos, Jorge. Encantado de saludaros.
Alberto, no hace falta que le saludes, porque es que ya está avisado en la historia de la historia.
Es que es bueno que os conocéis, además.
Oye, Antonio, cuéntanos, si os parece que empecemos por ahí, cómo eran estos grupos de personas que vivían en esas cuevas. O sea, cuál era su forma de vida, si ya sabían cultivar la tierra, por ejemplo, o eran solo cazadores. ¿Qué sabemos de ellos?
Pues mira, sí, sí. O sea, estas sociedades ya cultivaban y criaban animales. O sea, eran sociedades productoras de lo que conocemos como el neolítico. O sea, hombres, mujeres y niños de nuestra propia especie, Homo sapiens, que ya eran sedentarios, que tenían agricultura, ganadería, y también tenían cerámica, aunque todavía seguían cazando y recolectando. Y es importante situarlos bien, porque os he estado escuchando, y al hablar de canibalismo enseguida nos imaginamos que son unos personajes medio humanos, dando golpes con un hueso o un palo, como en la escena de 2001, pero no.
En este caso estamos hablando de personas que sembraban, que cuidaban de sus rebaños, que tenían una vida social compleja, y que construían monumentos megalíticos como el dolmen de Menga o Stonehenge. Y además conviene hacer una precisión, que al encontrar sus restos en cuevas no significa que es que vivieran allí, sino que las cuevas durante la prehistoria tenían distintos usos. Y el habitacional quizá no era el más común. O sea, el uso de las cuevas como casas quizá no era el más común, sino que se utilizaban para almacenar excedentes, como refugios temporales, incluso como rediles para guardar los rebaños, y también como lugares simbólicos para pintar en las paredes de las cuevas o depositar sus muertos, como es el caso de estas tres cuevas granadinas.
Pero sabemos los motivos por los cuales practicaban el canibalismo, ¿o no?
Bueno, los motivos por la antropología sabemos que algunas sociedades tradicionales o prehistóricas sabemos que el canibalismo formaba parte de cómo entendían la guerra, la venganza, la muerte, la identidad, el duelo también. Y entonces reducirlo a veces a que el canibalismo es solo para conseguir proteínas, pensar que ese proceso por hambre puede hacer que nos perdamos una parte fundamental de la historia. En Granada encontramos diferentes espacios, mientras que en la cueva de Malalmuerzo encontramos indicios compatibles con episodios de violencia colectiva.
En Carihuela vemos una ritualización de algunas partes de los cuerpos de esos consumidos. Y en Majólicas encontramos huesos teñidos de rojo, que abren la posibilidad de que ese canibalismo estuviera relacionado con un tipo de ritual funerario. Las interpretaciones que hacemos tienen distinto grado de certeza dependiendo de las evidencias que encontramos sobre los propios huesos.
Oye, Antonio, y esto que ha leído Carlos antes, de palabras de Miguel Botella, de que los huesos eran muy blancos, ¿por qué eso le llamó la atención y por qué eso indica que podría ser canibalismo?
Mira, los huesos cambian cuando acontecen diferentes procesos, y hay un proceso que los convierte en más blancos, que es lo que le llamó la atención a Miguel, que es el decano del canibalismo prehistórico, que es que cambia la coloración y se vuelven muy blancos por el proceso de cocción. Cuando se someten a cocción, cuando los huesos humanos forman parte de un caldo o de un puchero, se vuelven muy blancos. Pero encontramos otras señales como marcas de corte o fracturas para extraer la médula, que nos indican que esos huesos humanos han sido procesados para el consumo.
Incluso marcas de dientes, de mordeduras de los humanos al roer la carne que queda pegada en los huesos, podemos encontrarlas, identificarlas, y es la señal que nos indica que esos cuerpos humanos fueron consumidos por otros humanos.
Bien, interesante todo esto. Pero a partir de los huesos, yo te preguntaba por los motivos, porque antes nos quedábamos ahí, si a partir de los huesos se puede saber por qué hacían las cosas estos seres tan antiguos. Porque con el paso del tiempo no se van borrando también las huellas y, por tanto, las posibilidades de saber más?
Sí, Carlos. Mira, nosotros utilizamos la ciencia forense y la arqueología como herramientas para tratar de esclarecer esos motivos. O sea, que las pruebas materiales son muy persistentes, lo que encontramos en el registro es muy persistente, pero a veces no es suficiente. Así que para interpretar, para tratar de esclarecer esos motivos por los que me preguntas, a veces nos apoyamos en la antropología cultural y en la etnografía, en los textos sobre las poblaciones antiguas que nos cuentan cómo se comportaban.
Podemos reconstruir parte de lo que ocurrió y comprobar qué explicaciones encajan mejor. Por ejemplo, en Malalmuerzo encontramos que 36 personas fueron consumidas, tanto niños como adultos, y esa distribución de las edades sumada a traumatismos que encontramos en los cráneos, que son causa de muerte, y a una serie de dataciones con radiocarbono que hemos hecho sobre los individuos, hacen plausible un episodio de violencia que afectara a toda esa comunidad. O sea, que nuestra hipótesis es que se trata de una matanza que termina en canibalismo, y esa hipótesis la construimos a partir de una serie de indicios.
O sea, que podemos acercarnos bastante al cómo, pero el porqué exige un poco más de prudencia.
Antonio, gracias por habernos acompañado esta mañana. Me he quedado sin tiempo a Aparici, ya lo siento.
Nada, nada, ¿qué se le va a hacer?
Antonio, un fuerte abrazo.
Un abrazo.
Adiós.
Adiós, adiós, adiós. Guárdate la pregunta para el próximo día, Alberto.
Exacto, sí, para otro día que le llamemos, que ya estuvo en el programa hablando de neandertales y de si los neandertales tenían pensamiento simbólico.
Que tengas un día estupendo ahí en Gijón, Alberto. Que vaya muy bien la presentación.
Que vaya bien. Vosotros también, chao, chao.
Vamos camino de las 12:00 de la mañana, a esa hora contamos las noticias y luego continuamos.
Más de uno, en Onda Cero.
Cada semana, el divulgador científico Alberto Aparici expone en Más de uno conocimiento empírico para aquellos seres que estén escuchando fuera de nuestro sistema solar. Esta vez presenta este fenómeno alimenticio en colaboración Antonio Rodríguez Hidalgo, del Instituto de Arqueología de Mérida.