En esta entrega de Más de uno, el filósofo Jorge Freire dedica sus buenos días a quienes ponen el cuerpo y parte de la expresión para hablar de El mundo de Juan Lobón, la obra de Luis Berenguer que vuelve a las librerías de la mano de Libros del Asteroide. Según relata, la novela retrata a un cazador rural que pierde su monte cuando la tierra pasa a manos de unos propietarios que apenas la pisan.
Freire sostiene que hoy el campo se gestiona con drones, sensores y estaciones automáticas, y que ya no existe el cacique con quien enfrentarse cara a cara. El segmento termina con un comentario sobre el cambio de tiempo y la conveniencia de abrigarse.
En este episodio Jorge Freire
Esta transcripción del episodio sobre la novela de Luis Berenguer se hizo con la tecnología de HappyScribe para transcribir audio a texto.
Los anuncios de este audio no coinciden con el texto. Toca la frase que estás escuchando para seguirla.
Sincronizado: el texto sigue ahora el audio.
Ah, que es jueves, ya, claro. Entonces hoy toca Jorge Freire. ¿Qué tal, Freire, cómo estás?
Buenos días, querido amigo. Pues como siempre, encantadísimo de estar aquí.
¿Y a quién le quieres dar hoy los buenos días?
Pues mira, sobre todo buenos días a quienes ponen el cuerpo. Esta horterada, la expresión "poner el cuerpo", se la disputaban los comisarios de Podemos y los poetas cursilones de Más País, hasta que llegó Don Pessoe: puente puso el cuerpo y acabó fuera. Cuerpo hace de puente, y ya veremos dónde acaba. Ha querido la casualidad que esto suceda cuando "El mundo de Juan Lobón", la obra maestra de Luis Berenguer, vuelve a las librerías, rescatada por Libros del Asteroide. Cuenta la historia de uno que ponía el cuerpo, pero para comer.
Juan Lobón conocía cada trocha y cada bebedero, sabía por dónde cruzaba el zorro, a qué hora bajaba la perdiz y dónde tenían los venados el encamadero. Pero entonces aparecieron las alambradas, y descubrió que el monte donde había vivido siempre pertenecía a unos señores que apenas lo pisaban. El propietario, que probablemente no distinguía una garduña de una bufanda de Burberry, sabía sin embargo dónde terminaba su finca, y Lobón dio con sus huesos en la cárcel. "El mundo de Juan Lobón" no es solamente una gran novela rural, ni una de las mejores novelas de caza de nuestra literatura, sino en resumidas cuentas una de las mejores novelas españolas del siglo pasado.
Y reducirla a literatura cinegética sería como decir que Moby Dick es un manual de pesca o que Macbeth es un cursillo de promoción interna. Sobra decir que el mundo de Juan Lobón ya no existe. Para empezar, ya no hay un cacique al que te puedas encontrar en el casino o en la montería. Ahora el cacique se llama algo así como Sociedad de Gestión Agropecuaria número 17, y por supuesto no monta a caballo, sino sobre una rentabilidad prevista del 3,5%. Tampoco tiene una madre a la que mentarle, ni sirve de nada desearle un cólico, porque una sociedad limitada no se caga por escurribanda.
Nadie necesita ya conocer la tierra porque el dron vigila la cerca, un sensor decide cuándo tiene sed el olivo, el riego se abre a su hora y la máquina acobalgadora cosecha ella solita. Donde Lobón descubría el paso del zorro en la rozadura de un lentisco, una cámara térmica registra el movimiento. Donde barruntaba la lluvia por el vuelo bajo de las golondrinas, una estación automática emite un aviso de precipitaciones. Si Juan Lobón regresara al monte, se lo encontraría cerrado, y no habría detrás de la cerca un señorito al que mirar a los ojos, sino una lucecita verde parpadeando en una máquina.
Ya se sabe que hay quien no pone el cuerpo porque no tiene un cuerpo que poner.
Oye, y tú tienes el cuerpo un poco maltrecho, ¿no, Freire? Porque te noto una voz así como quebrada.
Ha podido ir conmigo el cambio de tiempo, Rafa.
Sí, sí, hay que abrigarse, Freire, por favor.
Es que algunos ya sabes que somos del norte y nos confiamos. ¿Qué te voy a contar, Rafa?
Nos confiamos nunca un paraguas, estas cosas.
Pues muchas gracias, Freire, y cuídate.
Gracias a ti, querido amigo.
Cada jornada el filósofo Jorge Freire le da los buenos días a quien considera oportuno.