En este episodio de Todo Concostrina, Nieves Concostrina desmonta la imagen de héroe del explorador Henry Morton Stanley, presentado como un personaje violento y mentiroso. Repasa su infancia marcada por el abandono, su paso por el ejército sudista durante la Guerra de Secesión y la forma en que el cine contribuyó a idealizarlo tras su encuentro con David Livingston.
El núcleo del programa es su papel al servicio del rey Leopoldo II de Bélgica, con quien colaboró para apropiarse del Congo mediante acuerdos engañosos con jefes locales. Los oyentes aprenderán cómo esa alianza sostuvo la explotación del territorio y por qué su epitafio conserva el nombre Bula Matari.
En este episodio Nieves Concostrina
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Láser.
En la ventana, "Acontece que no es poco", un relato personal de la historia con Nieves Concostrina.
Buenas tardes, Nieves.
Hola, Carlos, ¿qué tal?
Aquí estamos otra vez. Hoy acabamos con nuestra miniserie pendiente, eh, la que hemos dedicado al gran explorador David Livingston, bueno, a él, y al que pronunció la famosa frase de Dr. Livingston, supongo, que resulta que fue un tiparraco de cuidado. O sea, por lo que cuentan, fueron como el yin y el yang.
Totalmente.
Livingston era la luz y Stanley, pues, eh, más bien la oscuridad. Pero vamos a explicarlo con detalles, Nieves.
No, no, podíamos ir dando solo un par de datos de ese personaje, ese periodista llamado Henry Morton Stanley, que, como dice el refrán, crió fama y se echó a dormir. Luego se edulcoró él mismo su biografía: quiso dejar al mundo una imagen de gran explorador, de hombre capaz de superar cualquier obstáculo, pero ocultando el gran miserable que fue. Menos mal que luego vinieron quienes pusieron las cosas en su sitio: un británico llamado Frank McLean que contó la verdadera biografía de Stanley, y en España tenemos a José Ovejero, que es un gran autor, que escribió "Biografía del explorador".
Está escrito en prosa poética o en poesía prosaica, no sé cómo se dice exactamente, y ahí está reflejado el auténtico Stanley. El cine, luego, esto es otra, ha hecho mucho daño a la hora de mitificar el encuentro de Stanley y Livingston, y de convertir a Stanley en un héroe. Vamos a escuchar un fragmento, doblado, de la película "El explorador perdido". La peli es de 1939. El título original es "Stanley and Livingston", pero en España se proyectó con otro título porque el original no era comercial.
Vete tú a saber quién conocía a Stanley Livingston, porque se estrenó en plena posguerra, en 1943. Es poco más de un minuto lo que escuchamos, pero aquí es donde se aprecia un poco al verdadero Stanley, porque luego la película lo romantiza y lo edulcora. Stanley, además, es Spencer Tracy.
Stanley, ¿qué sabes de Livingston?
Livingston, el nuevo camarero del Joe.
No, no, no, el Dr. Livingston, misionero y explorador.
El Dr. Livingston, no. Si leyese un buen periódico como el London Globe—
Lee. Acabamos de recibir este cable.
La expedición del London Globe a África en busca del Dr. Livingston ha regresado a Zanzíbar desde el interior de África. El señor Garrett Tise, jefe de la expedición e hijo del editor, sufre las fiebres tropicales. Sin embargo, la expedición ha obtenido pruebas evidentes de que el Dr. Livingston está muerto. Creo que aquí se acaba su historia.
Si demuestro que Tise se equivoca con Livingston, lo convertiré en el hazmerreír de todas las redacciones de Pankrowt a Fleet Street. Prepárate, te irás a África.
¿Qué?
Esta vez acabaré con esa vieja morsa.
Un momento, un momento. Mientras acaba con la vieja morsa, ¿qué estaré haciendo yo?
Buscando a Livingston.
Oh, sí, nada más.
¿Has perdido el valor?
Espere, señor Bennet, tengo mi reputación, ¿qué salgo ganando yo? Suponga que ese viejo está vivo y lo demuestro. ¿Cuál es el interés del lector en la historia?
Bueno, claro. No, pero está muy bien elegido porque esto está más cercano al tono chulesco de Stanley, y que no dé la idea de que luego irá dando la película de gran explorador, buena persona y tal.
Claro que sí, claro. Ese es el tono de tal. Luego está todo mucho más adornadito. Que gran explorador, sin duda, pero lo hacía al precio que fuera.
Ya.
Y como escribió otro grande, Richard Francis Burton, "Stanley dispara a los negros como si fueran monos".
Fíjate.
Sí, esto lo escribieron. "Contaban otros exploradores que sus caravanas, las caravanas de Stanley de porteadores, parecían más bien caravanas de esclavos, y que los hombres a su servicio caían como moscas porque los extenuaba o directamente los mataba". Hubo otro viajero, Pierre Savorgnan, que se enfrentó públicamente a Stanley diciéndole: "Yo viajo por África como un amigo, no como un matón". O sea, quiero decir, este tipo era un impresentable. Y conociéndolo, yo estoy por no creerme ni una palabra de lo que contó, porque era un mentiroso enfermizo.
En lo que coincidían los exploradores que lo conocieron era en que Stanley manejaba con la misma soltura la brújula, el látigo y el fusil.
I like my town with a little drop of poison. Nobody knows they're lining up to go insane. I'm all alone.
Oye, Nieves, ayer dijiste que este hombre, Stanley, nació y creció entre gente sin escrúpulos, y quizá por eso el chaval no podía convertirse en buena persona.
Sí.
A ver.
A ver, también lo podemos ver que es un pretexto que nos gusta utilizar mucho a los humanos, a veces para justificar nuestros actos. Otras gentes también nacen y crecen entre malas personas y no por ello están autorizadas a salir unos canallas, ¿no? A ver, su padre, el padre de Stanley, fue un borracho. Su madre, soltera. Stanley se inventó al principio que había nacido en Estados Unidos, pero luego resultó que era de Gales. Su padre, el borracho, lo vendió, porque la madre no quiso o no pudo hacerse cargo. El chaval acabó luego en manos de un familiar, hasta que el pariente se hartó y lo envió a un orfanato cuando tenía seis años.
De allí lo echaron cuando ya no tenía edad para seguir acogido, a los 15 años. Otra vez de familia en familia que, pues, dada la época, estamos hablando de mediados del XIX, pues lo utilizarían para trabajar, porque nadie quería acoger al hijo de otro si no era para sacar rentabilidad. Acabó embarcándose camino de Estados Unidos a los 17 años, de grumete, y quizás en ese viaje decidió que ya no se le pondría nada por delante, cayera quien cayese.
Bueno, es indiscutible que se buscó la vida si llegó a periodista, eh.
Sí.
Con suficiente bagaje como para que le encomendaran algo tan en fin, una misión estrella como era esta de buscar y encontrar a Livingston.
Sí, sí, no, listo.
Debía escribir bien, debía tener sus méritos, claro.
Sí, sí. No, no, no, era listo como el solo, escribía muy bien y también fabulaba muy bien. Hasta llegar a ser periodista fue un buscavidas que acabó exaltando sus supuestos triunfos, algunos inventados, y ocultando algunas cobardías. Se apuntó al ejército durante la Guerra de Secesión, por supuesto del lado de los sudistas, de los esclavistas, pero desertó en cuanto escuchó el primer disparo en el primer combate. Y si escuchamos lo que pensaba de las personas negras en Estados Unidos, pues no nos puede extrañar nada que luego se comportara como un salvaje con los africanos.
Dijo: "Yo no alcanzaba a comprender cómo un ser ocicudo de tez de hollín, traído de un país lejano, podía crear tantas tensiones entre hermanos de raza blanca". El canalla, esto es lo que dijo. Pero lo más oscuro, sí, lo más cruel e inhumano, Stanley lo firmó en el Congo. Hablamos de ello hace casi cuatro años, pero se impone refrescarlo.
Bueno, y es que ya lo veo venir.
Sí.
Stanley se pondría al servicio de uno de los mayores genocidas del mundo, que fue el rey Leopoldo II, el rey de los belgas.
Sí.
Bueno, este hombre no tiene nada que envidiar ni a Hitler ni a Stalin. Hemos hablado alguna vez de él.
Sí.
Pero es que fue tan tremendo lo que hizo.
Fue alucinante. No, no, fue más genocida que los otros dos. La familia real belga, que va por ahí como si no hubiera roto un plato, tiene un pasado que definir como vergonzoso se queda muy corto. Y han tenido, no un Hitler, han tenido un tipo peor que Hitler en su familia, un rey horrible, miserable, un asesino. Conviene recordarles sus antecedentes a esa familia de muy pijines todos, que se pasean por las revistas del colorín con sus desmanes y sus polémicas a cuestas que las llevan, y que silban el pío pío como si no hubieran tenido en su casta al genocida más cruel que se pueda imaginar.
El actual rey, además, que es poco presentable, por cierto, lamentó en un par de ocasiones los abusos, lo digo entre comillas, "cometidos en el Congo", pero sin mencionar a Leopoldo II, sin decir que fue uno de los suyos, como si lo hubiera hecho otro que pasaba por allí. Y se supone que lo lamentó, pero sin pedir perdón y disimulando muy malamente que no lamentaba nada. Felipe de Bélgica, este también se llama Felipe, llama abusos al asesinato de diez millones de personas.
Diez millones, eh.
Diez millones. Y a las torturas y amputaciones de manos y pies de varios millones más como castigo si no cumplían con el trabajo encomendado. Así que que se sepa: en Bélgica no pueden ser famosos por los mejillones y las patatas fritas. Genocidio en el Congo, Bélgica y familia real belga están íntimamente unidos, como el Tercer Reich a Hitler.
Oye, ¿cómo se hicieron amigos? Quiero decir, ¿cómo, cómo se hicieron amigos?
Oye, ¿cómo se hicieron amigos?
¿Cómo se hicieron amigos?
¿Cómo se hicieron amigos?
Oye, ¿cómo se hicieron amigos?
¿Cómo se hicieron amigos?
¿Cómo se hicieron amigos? Oye, ¿cómo se hicieron amigos? Quiero decir, ¿cómo se fraguó esa alianza tan rara entre el genocida, el rey de Bélgica y Stanley, un periodista explorador?
Sí. Bueno, los católicos dirían eso de "Dios los cría y ellos se juntan".
Bueno, sí, podemos pensarlo.
Sí, es así. No, no, es así, es así. Es el rey belga Leopoldo II el que llama a Stanley a raíz de la fama que adquiere con su famoso encuentro con Livingston y sus posteriores exploraciones por la zona del Congo, que reitero, era un gran explorador, pero tremendamente cruel y desalmado, y eso es lo que necesitaba el rey de los belgas: alguien que conociera el Congo como la palma de su mano y supiera someter a los habitantes. Porque Leopoldo II se había comprado el Congo parcela a parcela, engañando a los nativos gracias a Stanley, y necesitaba explotar todos los recursos naturales con mano de obra esclava.
Es decir, los propios congoleños iban a ser explotados para explotar su territorio, valga la redundancia. Fue durante la Conferencia de Berlín, es una conferencia que hubo en 1884 y 1885, cuando las potencias europeas se repartieron África y cuando esas mismas potencias aprobaron a Leopoldo II como propietario del Congo. Esto es muy loco, es muy vergonzoso.
Sí, muy vergonzoso.
Sí, sí, porque tanta culpa tiene el genocida belga como los países que permitieron el genocidio. Si entonces hubiera existido la ONU, pues habría sido tan inútil como lo es ahora. Habrían invitado a Leopoldo II, como invitan a Netanyahu, para que expliquen desde la tribuna cómo asesinar eficazmente a seres humanos. Cuéntenos cómo lo hacen, hombre. El resultado de aquel permiso que le dieron al rey de Bélgica para que se hiciera propietario personal del Congo, como persona privada, como quien se compra un piso, fueron 75 años de explotación de los recursos naturales y el primer genocidio contemporáneo.
Y el tal Stanley, ¿cómo contribuyó exactamente al genocidio?
Pues Stanley, sobre todo, hizo posible el engaño. Se encargaba de presentarles a los jefes de las distintas zonas congoleñas unos documentos para que los firmaran. Y lo que creían que era una colaboración de amistad con otro país que les iba a ayudar, era en realidad su sentencia de muerte. No sabían lo que firmaban, simplemente creían lo que les decían, porque no entendían el idioma del documento, que ni sabían escribir. Firmaban con una cruz, y con esa cruz estaban entregando sus territorios a un particular. Y en el texto de cesión se decía que también se obligaban los nativos a ayudar con cualquier obra, mejora o expediciones que su nuevo dueño, el belga Leopoldo, quisiera emprender.
Todas las carreteras, y ahora abro comillas, y vías fluviales que corren a través de este país, el derecho a recaudar peajes en el mismo y toda la caza, pesca, productos mineros y derechos forestales han de ser propiedad absoluta de la citada asociación.
No se quedaron muertos.
No, no, no. Y esa asociación era Leopoldo II de Bélgica. O sea, a materializar aquel genocidio y aquel espolio le ayudó Stanley. Y esta es la respuesta a por qué le negaron el enterramiento en la abadía de Westminster, porque era mala persona. Acabó en un cementerio a las afueras de Londres. En su epitafio solo pone "Bula Matari". Significa "rompedor de rocas". Así lo llamaron los congoleños por cómo les obligaba a abrir caminos y carreteras a golpe de látigo y fusil.
Oye, pues ha sido muy chula esta miniserie sobre Livingston y Stanley.
Sí, sí.
Ha estado muy bien, muy interesante.
Sí, gran Livingston.
Y lo del Congo está bien recordarlo, porque mira todavía cómo estamos.
Sí, muy bien.
Bueno, pues a ver qué piensas para el jueves, que mañana no tenemos cita con la historia. ¿Sabes por qué?
¿Por qué?
Porque tenemos fútbol.
¿Qué me dice? Qué raro.
Sí, pues eso, pues eso. Pero tú tómate tu tiempo y el jueves nos reencontramos aquí en La Ventana.
De acuerdo. Muchas gracias.
Un beso, Nieves.
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Nieves Concostrina expone la verdadera y cruel cara del explorador Henry Morton Stanley, desmitificando su imagen de héroe para revelar a un personaje violento y mentiroso que colaboró en el genocidio del Congo junto al rey Leopoldo II de Bélgica.