En este episodio, Nieves Concostrina repasa cómo el papa Bonifacio IV obtuvo en el año 609 el Panteón de Agripa, en Roma, lo consagró a los santos y lo llenó con huesos trasladados desde las catacumbas, un hecho que según ella dio origen a la festividad de Todos los Santos. Explica que las catacumbas eran en realidad cementerios y no refugios de cristianos perseguidos, y que llevar restos a los templos respondió a intereses de negocio y al miedo a la muerte, según su interpretación.
También recorre cómo el papa Gregorio III trasladó la fiesta al 1 de noviembre para reemplazar celebraciones paganas de los difuntos. Los oyentes conocerán el origen de estas tradiciones y cómo varias fiestas cristianas se superpusieron a otras anteriores.
En este episodio Nieves Concostrina
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En la ventana, "Acontece que no es poco", un relato personal de la historia con Nieves Concostrina.
Está visto que el comienzo del mes de noviembre es uno de los momentos del año donde más presente tenemos nuestra condición de mortales, ¿eh? Hola, Nieves, buenas tardes.
Hola, Carlos, buenas tardes.
Hay momentos en la vida, y el otro día lo comentamos con Jesús Pozo, en los que nuestra condición de mortales, o sea, nuestra fragilidad, se nos hace más presente que nunca, ¿no? Nos ha ocurrido con el accidente de Urda, como es lógico. Pero ahora no entraríamos en eso, o no ahondaríamos en esto en concreto, sino en las tradiciones que tienen que ver con la muerte. Estos días los cementerios se llenan de ofrendas, de recuerdos a los que ya no están, pero existe, yo no sé si llamarlo lío, pero sí una extraña acumulación de fechas.
A ver, porque hoy, hoy, 2 de noviembre, hoy es el Día de Difuntos, Día de Difuntos, bien. Pero ayer fue el Día de Todos los Santos. Entonces, Nieves, ¿exactamente de qué hablamos hoy?
Hoy hablamos de un hecho que se dio el 13 de mayo del año 609.
Pues ya vamos atrás, ¿eh?
Sí, sí. Pero que por arte de birlibirloque y por necesidades de marketing y objetivos de negocio, ahora resulta que se celebra cada 1 de noviembre. Magia potagia. Vamos a explicar el cómo, el cuándo y el porqué de este invento que una multinacional llama Fiesta de Todos los Santos. Aquel 13 de mayo, carros y carros y más carros, hasta arriba de huesos, atravesaron las calles de Roma, procedentes de las catacumbas y camino del conocido como Panteón de Agripa. Ese que tiene un agujero arriba, que tú no has visto porque no has ido todavía a Roma.
No, no, no, no lo he visto.
Bueno, pues ya verás qué alucinante. Resulta que el papa Bonifacio IV, al que en adelante podemos llamar el papa Boni, había enredado al emperador romano Focas, que ya a este también le vale el nombre, Flavio Focas se llamaba, y lo convenció para que le cediera el Panteón de Agripa. Supongo que le diría algo así como: "Hombre, si tú ya no lo usas para nada, Focas, y lo tienes ahí muerto de risa, y no sabes qué hacer con él desde que los emperadores romanos os habéis hecho cristianos, pásamelo". Sospecho que le dijo el papa Boni al emperador Focas: "Que te lo recalifico de templo romano divertido a templo cristiano coñazo en un santiamén".
As I walk through the valley of the shadow of death, I take a look at my life and realize there's nothing left. Because I've been blasting and laughing so long that even my mama thinks that my mind is gone. But I ain't never crossed a man that didn't deserve it. Me be treated like a punk you know that's unheard of. You better watch how you're talking and where you're walking. Or you and your homies might be lying in chalk. I really hate the truth, but I gotta loaf. As they croak, I see myself in the pistol smoke, fool.
I'm the kind of G the little homies want to be like on my knees in the night, saying prayers in the streetlights.
Pero esto que has dicho, ¿exactamente cómo se hace? Lo de recalificar de romano a cristiano.
Eso es muy fácil. Pues poniéndolo a tu nombre y quedándote con ello por toda la cara, ya está. Lo empezaron a hacer en el siglo V, VI, y bueno, no han parado hasta el siglo XXI. Ahí está la recalificación de la Mezquita de Córdoba.
Por ejemplo.
Sí, claro. El nombre adecuado es latrocinio. El papa Boni apeó de sus pedestales a las variadas divinidades que habían disfrutado de la veneración de los romanos en los últimos 600 años, dijo unos cuantos sortilegios y el Panteón de Agripa quedó consagrado a Santa María y los santos mártires aquel 13 de mayo del año 609.
Pero para qué necesitaba tantos carros con tantos huesos sacados de las catacumbas? Eso es lo que no me acabo de cuadrar.
Para meterlos en el templo recalificado. A ver, el papa Boni tenía un plan, una nueva línea de negocio que ha pitado muy bien en el mundo cristiano y que dura hasta hoy, 1400 años después. Ha pitado tanto y tan bien que aquí siguen dando la turra con la festividad de Todos los Santos, que tiene su origen exactamente el día en el que el papa Boni enredó al emperador Focas aquel 13 de mayo. Ya está. Y eso es lo que vamos a explicar, la película que se montó Bonifacio y cómo ha llegado hasta hoy. Y lo primero es quitar literatura y teatro a las catacumbas, que ahí empieza el lío.
Las catacumbas romanas no eran esos sitios sagrados donde se refugiaban los cristianos perseguidos, ni se reunían, ni celebraban sus ritos ahí abajo. Algunos sí, algunas reuniones, se reunían cuatro alguna vez, y había alguna reunión, pero ya está. Allí bajaban a enterrar a los muertos y luego se largaban, y se acabó, nada más. El cine también ha hecho mucho daño con esto, sobre todo QoVadis. Ni siquiera se llamaban catacumbas, se llamaban criptas, y eran simple y llanamente cementerios. Igual que ahora los tenemos a ras de tierra ocupando espacio, antes construían las galerías subterráneas y así no ocupaban el sitio de los vivos en la superficie.
Pero eso sería una cuestión de práctica urbanística, por llamarlo de alguna manera. Quiero decir, no lo inventaron los cristianos romanos.
Qué va, no inventaron nada. Eso tenía su sentido en Roma, al margen de religiones, lo hacían todos. Era una cuestión de higiene.
Eso iba a decir, claro.
Claro, salud pública. La corrupción de los cadáveres podía ser foco de enfermedades, y por eso a los muertos se los enterraba alejados de los vivos, bien en galerías subterráneas, bien extramuros de la ciudad. Solo unos privilegiados, muy poquitos, podían ser enterrados dentro, y esos eran los héroes, los grandes hombres, muchos de ellos divinizados y casi siempre, previamente incinerados, lo cual era mucho más higiénico. A veces no estaban ni los restos, simplemente se levantaban templos en honor de esos héroes, de esos seres divinos, bajo la protección de uno o varios dioses.
Las catacumbas comenzaron a abandonarse en el siglo VI, que fue cuando a los cristianos les dio por empezar a sacar a sus muertos de allá abajo para llevarlos a los templos dentro de las ciudades, que es una guarrería. Porque ya empezaban a extender sus tentáculos con la fundación de numerosas sedes, al principio pequeñitas, ermitas, iglesias, hasta que ya hicieron caja y ampliaron la compañía con basílicas y con catedrales.
Y en mitad de toda esta operación, ¿qué sentido tenía lo de trasladar los huesos enterrados extramuros al interior de las iglesias?
Mercadotecnia, amigos, mercadotecnia. Que es exactamente un conjunto de estudios y técnicas encaminados a favorecer la comercialización de productos y servicios. Esa es la definición. Y la muerte y los muertos es uno de los productos y servicios más rentables de todas las sectas cristianas. Bueno, y en realidad también de la secta judía y de la musulmana, de todas. La visión de los despojos, de los huesos a los que empezaron a llamar reliquias, eran el cebo de los gerifaltes cristianos para mantener a los fieles atenazados por el miedo a la muerte y a ese invento que era el infierno.
Cuando el cristianismo fue extendiendo su poder, esos héroes de los que hablaba, esos que estaban tan tranquilos y divinizados en sus templos, fueron suplantados por santos. Y las divinidades de los templos, bajo cuya protección estaban, fueron apeadas de sus pedestales para subir a los ídolos cristianos. A la porra los divinos dioses y diosas, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, fuera. Así fue como los templos sagrados de los romanos ahora se consagraron a Santa Fulanita o a San Menganito.
En este contexto recalificador de templos, y a la vez que no paraban de sacar huesos de las catacumbas para repartirlos por las iglesias de Roma, es cuando el papa Boni enredó al emperador Focas para que le permitiera la recalificación del Panteón de Agripa.
Pero eso sería un regalo, quiero decir, el Panteón sería una donación. No creo que la iglesia pagara por quedárselo. O sí, no lo sé, no.
Cuando ha pagado la iglesia por algo. La secta ni compra ni paga, solo acepta donativos y exige exención de impuestos. El Panteón de Agripa es uno de los edificios más bellos y alucinantes de Roma. Su origen se remonta a 2040 años atrás, a la época del primer emperador, Augusto. Parece que uno de sus generales, Agripa, ordenó la construcción en su honor y bajo la protección de las correspondientes divinidades que hubiera. Del Panteón original apenas queda nada, porque sufrió varios incendios, hasta que otro emperador, Adriano, lo reconstruyó tal y como ha llegado hasta hoy.
Y como Adriano inscribió en el frontal el nombre de Agripa, pues seguimos llamándolo el Panteón de Agripa. Es al que le echó el ojo el papa Boni, que dijo: "El Panteón para mí y para mi corona morena". Una vez que el papa Boni recalificó el Panteón, lo primero era llenarlo de huesos. Así que se fue a las catacumbas, llenó 28 carros de despojos, los llamó reliquias.
Pues no reliquias, pero como reliquias.
Si los llaman reliquias, los huesos de las iglesias son reliquias.
Pero eran huesos de gente.
Sí, sí. Hombre, pero bueno, ahí vete tú a saber lo que sabía. Él sacaba mogollón. Si lo que sacan es lo que me importa. Si lo que mienten no es importante, lo importante es que la mentira se lo crean los demás. Bueno, pues lo llama reliquias. Y lo entierra todo en el interior de la nueva basílica, bajo la advocación de Santa María y los santos mártires. Que no eran mártires, eran muertos. Y además no todos cristianos. Alguno cascaría medio comido por un león o de un infarto huyendo de Nerón, yo qué sé. Pero la inmensa mayoría había muerto de parada cardiorrespiratoria y ni siquiera serían cristianos.
Eran más partidarios de Venus, Júpiter y Plutón que de Sampito Pato, yo qué sé. Y esos supuestos santos mártires inventados es lo que hoy llaman en la multinacional Todos los Santos.
Había lo del abracadabra en este punto, porque es que es una operación de magia tremenda.
Claro.
O sea, los supuestos santos de Todos los Santos son personas anónimas, ¿no?
Claro.
No se sabe quiénes eran porque los sacaron a carretadas, ¿no?
Claro, no, no. Cuando hablamos de Todos los Santos, se refiere a Todos los Santos anónimos, no a los santos famosos. Santa no sé qué, Santa esta, no, no, claro. Todos los Santos se llama así porque eran anónimos, son muertos sin identidad que sacaron de las catacumbas y que elevaron a categoría de santos por el artículo 33. Y no se pierdan un detalle. Esa obligación que recoge el canon 1237 del derecho canónico de colocar la reliquia de un santo en el altar mayor cada vez que se consagra una nueva sede de la multinacional, viene de entonces.
El primero que lo hizo fue el papa Boni, metiendo todos los huesos debajo del altar. Pero él no puso un huesecillo, puso una mortera de huesos. Todos los que entraron en aquellos 28 carros. Como el Panteón de Agripa quedó consagrado a Todos los Santos Mártires aquel 13 de mayo del año 609, esa fecha quedó en el calendario cristiano para honrar a los muertos. Pero pasaron unos años, no muchos, menos de un siglo. Y otro papa, Gregorio III, en adelante el papa Goyo, se sentó a cavilar y dijo: "Esta fiesta de mayo está muy mal puesta.
La voy a pasar al 1 de noviembre". Porque si el papa Boni tuvo un buen plan de negocio, el papa Goyo tenía otro aún mejor y más rentable.
Un plan que consistía, intuyo, en tapar la fiesta que celebraban los antiguos pueblos europeos, en honor de sus muertos, el último día de octubre. Bueno, el origen de Halloween es eso.
Claro, exactamente. Lo que hizo el cristianismo fue ir sustituyendo, al principio disimuladamente, antes de liarse a chazos, las fiestas de los demás por las fiestas cristianas, pero manteniendo el espíritu de la celebración para que se parecieran, y así ir pegándole el cambiazo al personal poquito a poco. En las Saturnales instalaron la Navidad. Claro, por eso es otra gran farsa que el farsante de Jesús naciera el 24. Lo colocaron ahí porque venía bien. De fiestas en las que los pueblos europeos celebraban solsticios, equinoccios, cambios de estaciones, cosechas, se fueron apropiando los cristianos e instalando sus inventos.
Se inventaron el nacimiento de Jesús el mismo día en el que se celebraba el nacimiento del sol en Roma. Situaron el carnaval en la misma fecha en la que se celebraban las lupercales, juerga, juerga ahí con el dios vaco. Encajaron lo de difuntos y Todos los Santos donde estaban las fiestas de muertos de los demás. Y así ya tenemos armada una gran farsa para sostener un gran negocio que sobrevive 1500 años después gracias al desconocimiento y a la credulidad. Color incolorado.
Oye, pues muy útil saber todo esto. Yo creo que mucha gente lo va a agradecer. Hasta mañana, Nieves, no te rías.
Gracias, Carlos.
Un beso.
Un beso, chao, chao.
Santo, santo, yo te canto. Santo de mi devoción. Santo, santo, yo te invito. Aunque está su corazón. Santo, santo, yo te ruego. Ponle fina a este dolor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. No es tanto lo que pido, mi querido redentor.
Mi plegaria es muy sencilla, solo quiero aquel amor. He pasado tantas noches anhelando su pasión y que vuelva a sonreír mi corazón. Santo, santo, yo te canto. Santo de mi devoción. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Santo, santo, yo te ruego. Ponle fina a este dolor. Devuélveme aquel cariño.
Santo, santo del amor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Santo, santo, yo te canto. Santo de mi devoción. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Santo, santo, yo te ruego. Ponle fina a este dolor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor.
Santo, santo, yo te canto. Santo de mi devoción. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Santo, santo, yo te pido. Santo, santo, yo te ruego. Ven, ven, ven, ven que te necesito, Señor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Santo, santo, yo te canto. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón.
Santo, santo, yo te ruego. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Santo, santo, yo te necesito. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo del amor. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo, yo te necesito. Te necesito. Santo, santo, yo te canto. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Te necesito. Santo, santo, yo te canto. Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Santo, santo, yo te canto.
Santo, santo, yo te pido conquistar su corazón. Devuélveme aquel cariño. Santo, santo, yo te canto.
No hay sentido, sentido, ven, ven. Santito, ven. Santito, ven, santito, ven, santito, ven. Devuélveme mi amorcito, santito. Santo, bonito, bonito, bonito.
Cadena Ser. La radio.
Nieves Concostrina explica cómo el papa Bonifacio IV consiguió en el año 609 la cesión del Panteón de Agripa en Roma, lo consagró a los santos y lo llenó con 28 carros de huesos procedentes de cementerios subterráneos, originando así la festividad de Todos los Santos que posteriormente el papa Gregorio III trasladó al 1 de noviembre para asimilar las celebraciones paganas de los difuntos