Este episodio de La Ruina se graba en directo en el Teatro Romano de Mérida, con Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes junto al invitado Ignatius Farray. Farray repasa un accidente sufrido al caer del escenario en Vitoria, una anécdota que, según cuenta, cambió su manera de entender la actuación.
Después, el programa da paso a la sección de «ruinas», en la que varios espectadores del público relatan una desgracia personal, entre ellos un archivero de Cádiz que cuenta su experiencia con una fecundación in vitro, una profesora que empujó a una anciana en un autobús como experimento social y una enfermera que se quedó encerrada en un tanatorio. Son historias cómicas y personales, contadas en tono de humor, que muestran la improvisación característica del formato.
En este episodio Ignasi Taltavull, Tomàs Fuentes, Ignatius Farray
Esta conversación en el Teatro Romano de Mérida con Ignatius Farray fue transcrita con la tecnología de HappyScribe, la misma que sostiene su generador de subtítulos.
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La Ruina, con Ignasi
Deltavull y Tomàs Fuentes. Muchas gracias, amigas y amigos. Bienvenidos a La Ruina, gracias por estar aquí. Estamos en el Teatro Romano de Mérida. Con Tomàs Fuentes, vestido de romano. Mira, mírate.
Ignasi Deltavull, emperador romano. Y tú, y tú, vendedor de Tecnocasa. Dijimos: vamos a vestirnos para la ocasión. Sí. Y yo me he puesto guapo, como dicen por ahí. Ah, te das por aludido tú, ¿eh? Hombre, hombre. Claro. Y tú te has vestido. Te queda inquietantemente bien, ¿eh? Es que es muy cómodo. Es verdad que las gafas, en la época, creo que no se llevaban. No, es verdad, pero. Montura verde no se llevaba en la época. Pero por lo demás es muy fresquito, ¿eh? Ser romano es muy fresquito. Bueno, muchísimas gracias, amigos y amigas, por venir aquí.
Hoy es una noche muy especial. Y hemos pensado: ¿quién podemos invitar que sea...? Además, que tenga experiencia, incluso. Incluso que tiene como un nombre romano, ¿no? Claro. Y he visto una bandera de alguien que estará contento de saber que nuestro invitado esta noche es Ignatius Farray!
Ignati, bienvenido! Ha sido una salida muy, muy emocionante, la verdad. Qué bonito. Me ha gustado mucho esta salida tuya aquí, ¿eh? Bueno, es que les vi así vestidos y quise buscar un punto intermedio. No, no. He encontrado un punto intermedio entre un traje y una toga. Está bien arreglado, pero informal también.
Está muy bien. Como si fuera una bata. Y las sandalias, muy bien, muy bien. Es que. No, spoilers no. Tengo, tengo una varis aquí. Sigue el rastro, sigue el rastro. Perdona, la última vez que estuviste aquí, con La Vida Moderna, que hiciste el Teatro Romano, ¿esto sucedió? Esto salió pollita de Troya. Sí, ¿eh? Salió pollito. Pollita de Troya! Pollita de Troya!
En cuanto sepa el dinero que ustedes han pagado por esto, sabré cuánta pollita de Troya tengo que enseñar hoy. Bueno, gracias por volver. Cualquier fragmento de pollito y de pollita estará bien. Muchas gracias por venir. Gracias por invitarme. Gracias por volver. Es la tercera vez que estás con nosotros en La Ruina. Tu segunda vez en el Teatro Romano, y ahora es una habitual aquí en el Teatro Romano de Mérida. Claro, claro. Joder, gracias por volver a poder profanar esto. Claro, hombre.
Lo que haga falta para traerte, hombre. Llega la tecnología, por fin, a Roma. Imagínense, ¿no? Si de repente en un Teatro Romano de la época hubiera aparecido tres personas con un micrófono. Claro, y esto es. Hola, somos los oligarcas. Venimos a explotaros con nuestra tecnología. Bueno, claro. Y estos tres pavos sentados, ¿no? Y digo: joder, aquí hacíamos obras. Hombre, sentados ya se sentaban, ¿no? Sí, pero no hacían obras sentados, digo yo. Bueno, no lo sé. No lo sabemos. Podemos reconvertir el podcast en un podcast de arquitectos. A ver. Hoy, en el anfiteatro Teatro Romano.
Sí, sí, sí. Ya empezó mal, ¿no? Sigue tú, sigue tú. Y tú, venderlo, con la pinta que tienes de. En la primera frase saben que es una estafa el show, ¿no? Anfiteatro, teatro. Anfiteatro, teatro. Alguna de las dos está bien. Digo varias cosas a ver si alguna es cierta. Bueno, ¿sabes qué contar? ¿Sabes qué ruina contarnos? Ya tienes claro qué. Bueno, precisamente tiene que ver con la con el pollita de Troya. Vale. Vamos a ver. Y con el tema de los accidentes.
Bueno. Que yo siempre he considerado una actuación mía, de alguna forma, un accidente. Yo soy un tío más bien, yo tengo la teoría mía. Cuando uno es cómico, tiene tiempo suficiente para, a lo largo de los años, intentar imaginarse por qué uno decidió subirse arriba a un escenario. Y hoy es un buen momento aquí en el Teatro Romano de Mérida para reflexionar. Yo creo que yo soy un tío muy empanado, muy ensimismado. A veces he dicho que yo soy un tío ensimismado al que le pagan dinero por estar alterado. Entonces, yo creo que a mí me viene bien verme en esta circunstancia, digamos, contra la espada y la pared.
De alguna manera, para yo, el ensimismamiento que tengo dentro, que soy un tío muy encerrado, de repente, al verme aquí en esa situación, no tener más remedio que desembuchar una palabra. Porque si no, no me atrevo. Y mis actuaciones se convierten en un accidente porque pienso en un accidente. Si algo pasa, es que de repente, aunque estés muy empanado, de repente abres los ojos y estás muy pendiente. Por eso la gente que tiene accidentes, a lo mejor, eso les parece un minuto y les parece una hora. O tienen tiempo de quedarse con todo. Entonces, yo tuve un accidente.
Es que es lo mismo que lo que estábamos comentando antes, tú y yo. Lo veníamos diciendo de camino aquí, sí. Yo tuve antes del verano un accidente. Antes de este verano? Antes del verano, yo me caí. Todavía no he recuperado la movilidad. No sé si la gente vio esto. Sí, sí. Yo me caí en el Teatro de Vitoria el 17 de julio. Me caí del escenario. No llegaba a dos metros, pero por ahí. Pero no pareció. Viste un Montserrat Caballé que aquí. Bueno, aquí le pasó a Montserrat Caballé en 1990.
Y de repente me caí del escenario. Fue un accidente. Y de repente, lo que yo siempre he soñado de de jugar al límite. O sea, la palabra obsceno en la antigua Grecia, obsceno significaba lo que sucede fuera del escenario. Obsceno. Lo que arrojamos fuera del escenario. Lo que es tan profano. Por ejemplo, esta situación nuestra es obscena. Nadie previó que de repente el Teatro Romano pudieran parar este disparate.
Esto es obsceno. Con esta manta así. Es absolutamente obsceno. Te meas fuera del tiesto. Y por primera vez lo cumplí cayéndome fuera del escenario. Que se dice que el peligro son los límites del humor y el peligro son los límites del escenario. Me caí del escenario y el brazo no me lo partí, tuve suerte. Pero me lo disloqué del codo, a la altura del codo. El brazo se me dobló para atrás. Yo le estaba diciendo a una mujer de la primera fila que le iba a enseñar la polla.
Fue en ese momento del show, casi al final. Yo no sé por qué, luego me dijeron que en el Teatro de Vitoria hay mucha gente de la tercera edad abonada al teatro. Y ese día había mucha gente, mucha gente mayor. Que venía sin saber lo que iba a ver. Era una señora como de 70 años, más o menos, que estaba entre el público. Y yo en ese momento le estaba diciendo que iba a enseñar la polla. Con tanta locura. Venecia, sí. Que yo de repente me quedé fuera del escenario. Por fin fue un gesto obsceno. Literalmente.
Gritando. Hubo un momento que ya no tenía escenario, fue debajo de los pies. Y me caí como el coyote en el correcaminos. De repente me tragué. Con las gafas flotando un rato. No sabes dónde estás. Y de repente levantas la mirada y veo al brazo como parecía inteligencia artificial. Como el brazo doblado para atrás. En ese momento, imagínense la gente mirando el espectáculo y yo tumbado. Pollita estaba dentro o fuera ya. Claro. Imagínate que muero por 20 euros que vale la entrada. Y de repente todo el mundo muy guay, todo el mundo muy preocupado, todo el mundo en silencio.
Yo me levanto en caliente, me veo el brazo colgando y me lo recoloco. Me lo recojo y me lo recoloco. La gente decía: "Joder, ¿será esto mejor que el Circo del Sol?". La gente mirando como diciendo: "No sé si hemos pagado el dinero suficiente". Tenga mi dinero. Me recoloco el brazo. Luego, yo en ese momento, yo tengo la teoría. Pero no te dolía, no te dolía como para. Bueno, a eso es lo que voy. Yo tengo la teoría de que en ese momento, como te pasa sin esperarlo, tú todavía el cerebro no le da tiempo a enviar la señal de dolor. Luego me dieron hasta fentanilo.
¡Hostia! Me dieron fentanilo. Y entonces ya el brazo ya te iba loco absolutamente. Claro, ya. Pero en ese momento todavía puedes seguir actuando un poquito más. Yo tengo la teoría de que a cualquier persona que se suba en un escenario le puede pasar la cosa más grave que le pueda pasar, el accidente más grave. Que siempre tiene energía por la adrenalina de actuar cinco minutitos más. Cinco minutitos, una canción más. Que cuando actúa un actor de Aquí no hay quien viva, le cortas la cabeza y todavía sigue. Aquí no hay quien viva. Sigue gritando, ¿no? Sigue dando golpes. Sigue haciendo espaventos cinco minutos más.
Y yo, yo me empezaron los sudores, me empecé a poner pálido. Yo estaba como mareándome. Salió la directora del teatro a estar conmigo, la gente me levantó, me volvió a poner una silla en el escenario. Y yo estaba con la inercia de tener que sacarme la polla. Claro, claro. O sea, yo. Te habías prometido una cosa. Claro, como que se me había. Todavía tenía cinco minutos de energía para sacarme la polla. Y yo estaba como medio muerto, como dicen que el Sid, que el Sid campeador muerto todavía ganaba batallas. Porque lo subían muerto al caballo y todavía estaba ahí.
Pues yo, muerto, todavía quería hacer cinco minutitos más. Y la mujer llora: "¡Re-saco la polla!". Y la directora del teatro diciéndome: "Tenemos que irnos, la ambulancia ya está llegando". Sí, sí. No hay nadie en la sala, ¿no? Está usted solo en la sala. Pero la señora, ¿cómo reaccionaba? Como que quería verla. No, en ese momento, en ese momento se dio cuenta de la situación. Yo con el brazo así, aunque me lo había recolocado, yo no tenía fuerza para bajarme los pantalones. ¡Hostia, claro! Tenías que elegir entre el micro o bajarte los pantalones.
Claro, tenía. Bueno, es que con una mano tampoco podía. Necesitaba como las dos manos. Y con esta tal. Y entonces me pasó la cosa de más respeto artístico que a mí me ha pasado nunca en la vida. En esa situación bochornosa, en esa situación patética. De repente, y se lo agradeceré esto toda la vida, porque te lo juro, lo veo como la muestra de respeto artístico más grande que alguien puede tener con alguien que se dedica a estar arriba en un escenario. La directora, y le doy un beso desde aquí con todo el cariño, la directora del Teatro de Vitoria se arrodilló a mi lado.
No, no, no, no. Y me bajó los pantalones. No. Para yo poderme sacar la polla. Entendió que era lo que necesitaba. Entendió que eso era como la última voluntad de un moribundo. La última vuelta a la plaza de toros. ¡Hostia! Antes de que ya le queda poco. Es lo que él hubiera querido ir de este mundo. Esta es su manera de irse de este mundo.
Pero lo más emocionante también fue la mirada de ver esa señora de unos 70 años mirándome, que había asistido ella atónita a todo lo que había pasado. Y vio mi caída cuando yo le decía que le iba a sacar la polla. Y yo, que yo todavía me vengo arriba para tener ese gesto hacia ella. Yo: "Mírame, mírame. Esto es por ti". Y de repente esa mujer me aplaudía. Como diciendo: "¿Será este el gesto de amor más bello que un hombre ha hecho por mí?".
Y yo: "Esta es la polla para ti". Y caí al telón. Esa misma señora, esa misma noche, renovó el abono, ¿eh? Te lo digo. Salió de allí y dijo: "Un año más". Claro, claro, claro. La verdad es que últimamente me están pasando cosas con mujeres mayores enseñando la polla. Porque en qué momento mi show se convirtió en un show para la gente de la tercera edad. Bueno. Hace poco me pasó en el Teatro del Barrio de Madrid, una señora venía con su marido, el marido con mascarilla. La gente mayor todavía va con cuidado.
Lo de la polla yo lo hago en las actuaciones, hay gente que lo sabe y hay gente que no. Hay gente que me sigue el rollo, hay gente que no. Pero aquella mujer también, una señora de 70 años, calculo yo, lo de la polla se lo dije dos veces, ella ya no paró de repetírmelo todo el show. Va, la polla, ¿no? Como que va. Hasta el punto de hacerme sentir comprometido. Digo: "Qué feo si al final me olvido". Y al final del show, como quien no quiere la cosa, mientras me estoy despidiendo de todo el mundo también, al final me pongo delante de ella como quien no quiere la cosa, me saco la polla, la mujer alarga el brazo, me coge los huevos. ¿Qué?
Te lo juro, te lo juro. Perdona. Te lo juro. Pero hizo el gesto como de: "Encantado de conocerte". Me coge los huevos, ¿sabes? Como diciéndome. Y me dice: "¿Venimos de Soria?". Te lo juro. "Venimos de Soria y venimos a divertirnos". Como diciendo: "Pon fin de semana, que voy con mi marido a Madrid. No nos vamos a ir con las manos vacías". Aplausos, por favor, para Las Ruinas de Ignatius, por favor. Biencharla.
Bueno, apoyas ahora, apoyas ahora. ¿Hay alguien que haya venido de Soria que aplauda? Nadie ha venido de Soria. No querían divertirse. Vamos con el público. Vamos a conocer a ver quién ha venido a vernos, Ignatius. Pon la mano como si vinieras de Soria. Tengo un bolígrafo aquí. A ver, venga. Primera ruina del público esta noche en Mérida es la que nos va a soltar. No se pensaban que nos habían tirado algo. No pasa nada. Primera ruina del público de esta noche es la que nos cuenta...
¿Quién? Javier Otero Trechera. Javier Otero. Está aquí Javier. Javier Otero. Vamos a ver dónde está Javier. Allí está Javier. Aplausos para Javier. Javier. ¿Qué ha pasado? Bienvenido. Gracias, amigo, por estar aquí. Muchas gracias por venir, Javier. Buenas noches.
¿De dónde eres, Javier? De Cádiz. De Cádiz, muy bien. Muchas gracias. Gente de Cádiz allí. ¡Viva Cádiz! ¡Viva Cádiz! Claro que sí. A ver si vamos, que no nos iban a echar. He hecho un compromiso que me ha puesto mi mujer. Yo en verdad no quería salir. ¿Ah, sí? Hombre. ¿Cuánto llevas con tu mujer? 26 años. 26 años, muy bien. ¿Y os hacéis este tipo de sorpresas o es una cosa nueva de hoy? Bueno, tú sabes. Yo la prefiero ver de mujer. No sé nada sobre estar con una mujer 26 años. Si hay algo que no sé, es exactamente esto. Pues a eso te ahorras.
Bueno, no sé, no sé. Yo tampoco. O eso echo de menos. Yo tampoco y no sé. Bueno, entonces, ¿qué? ¿Es una sorpresa que te ha hecho? ¿Te ha apuntado sin que tú quieras? Claro. ¿Ah, sí? Claro. ¡Hostia, muy bien! Bueno, una ruina de... Es más, ella se creía que no iba a salir porque ha puesto la mano ahí y dijo: "A ver tú lo que valía este". Ya, pero en el momento en que te ha apuntado había una posibilidad de que esto pasara. Ya, y yo, pues estaré solo yo metido en el sobre. Correcto. ¿A qué te dedicas, Javier? Soy archivero. Trabajo en un archivo gigante de... Ah, ¿y de qué? ¿Qué tipo de archivo hay ahí? Por ejemplo, las historias clínicas del Puerta del Mar.
Por ejemplo, un saludo aquí a todos los Puerta del Mar y demás. Y los papeles que va generando los pacientes, pues nosotros vamos guardándolos en sus respectivas historias. Bueno, muy bien, muy bien. Con la A, tal. Claro. Sí, claro. Claro, con la A, Pepito se ha salvado a ser tú mismo. No, hombre. No, no, me da la sertomía. Bueno, A Pepito no, eh. Con la A Pepito Álvarez. Pepito Álvarez. Pepito Álvarez. Vale, vale, vale. ¿Y se hizo la bacetomía, Pepito? Sí, se hizo la bacetomía. Bien hecha, bien hecha. Mira, te voy a... La pregunta del público. No, aquí no. Sí, sí, aquí sí. Aquí, más que en ningún otro sitio.
Ahí está. Esta temporada me la envió un espectador, no me acuerdo el nombre, pero no es mío. No te hagas. No, es que es como... Me dijo: "Aprovechando que estás en el Teatro Romano, pregunta cuál es el imperio romano de la persona que sube". ¿Sabes el concepto del imperio romano? Algo sobre lo que piensas mucho, una obsesión, una afición. Hombre, que se pueda decir. Claro, claro. ¿Cuál sería tu imperio romano, Javier? La familia, ¿no? La familia. Ha sonado como que te están apuntando con una pistola, ¿no?
Ha sonado. Por eso tu primera reacción ha sido... Porque era la familia, seguro. Está muy bien. No te voy a preguntar más. La familia, los amigos, el cachondeo, ¿sabes? Ya que estamos los amigos también. Ya puedo abrir campo. Muy bien, muy bien. No tengo claro qué es. Bueno, muy bien. Cuéntanos, cuéntanos tu ruina, Javier. Hombre. 2009, ¿vale? 2009. Sí. 2009. Bueno, como mismo época, éramos jóvenes, empezamos a buscar niños y demás. ¿Por la calle? Sí. Empezamos a buscar niños por la calle y nada. Bueno, total, empezamos a buscar niños y nos damos cuenta de que no somos compatibles, lo que sea.
Y no tenemos niños. Y vamos al médico y nos dicen que nos hace falta una fecundación in vitro. Vale. ¿Vale? Para llegar a ser padre y demás. Muy bien. Archivando semen. Claro. Empezando por ahí. Con la A. Total, con la A. Ahí está. Bonitas relaciones sexuales, ¿no? Archivando. Esta noche vamos a archivar por la ley. Vamos a archivar las dos. Si sale hoy, B de Begoña.
Si sale hoy, Archivando la C. Si sale hoy, Carlos. Bueno, total, eso, que empezamos con la fecundación in vitro y demás. No sé si la gente sabrá cómo va eso. Sí, pero cuéntalo, por si no. Bueno, va, eso va que las mujeres les van estimulando los óvulos, ¿vale? Con una serie de pinchazos y cuando le estimulan el óvulo, los ovarios, perdón, le sacan todos los óvulos, el semen mío lo sacan, lo infiltran y ya después se lo meten a ella, ¿vale? Y ya ese ya se queda embarazada o no. O no. Vale, muy bien. Más o menos. Lo he entendido.
Vale. Ella empieza con su tratamiento, su historia, va para allá y nos dicen: "Bueno, vamos a extraerle los óvulos a su mujer". Y digo: "Venga, vale, empezamos a extraerle los óvulos". Claro. Tenías tú que dar el ok, ¿no? Era... No, no. Que yo lo vea, que soy muy celoso. Mira, eso lo tengo que ver yo. ¿Dónde está el óvulo? Que yo lo vea. Ahí donde está el óvulo, que yo quiero verlo. Vale. ¿Dónde está el óvulo? Que yo lo vea. Pámelo en la mano y yo lo cuento.
Vale, muy bien. Muy bien. Total, ese día le extraen los óvulos, claro, y yo estaba en la sala de espera con mi suegra, dato importante. Sí. Yo sentado así. Y de repente escucho "Familiares de María de los Ángeles Jiménez" y digo: "El marido", digo yo. Sí. Y me da un tarrito y me dice: "Ahora le toca a usted". Ah. Claro, yo no me lo esperaba. Yo me... ¿Tu suegra qué hacía? ¿Miraba? Mi suegra dijo: "Ahora".
Estaba ahí al lado, ¿no? Esa es la historia. Total, que estaba mi suegra. Pero no te lo esperabas. Yo me lo imaginaba. Otro día, otro día. Me cogió de sorpresa. Sí. Me da mi tarrito para que yo lo rellene de felicidad. Sí. Hasta el orden. Hasta lo que se pueda. Vale. ¿Puedes elegir entre tarrina y cucurucho o no? Imagínate. Sin lactosa, lo de sin lactosa, lo de sin gluten.
Vale, muy bien. Bueno, total, a mí me dan ese tarro y yo ahora estoy apurado allí y digo: "Dios, ahora qué? Ahora aquí, ahora me tengo que hacer un meneo fuerte". Sí. Claro, va a salir. No vamos a hacer esperar, claro. Claro, yo me esperaba que me dieran una revista, un enlace de una película porno, yo qué sé, algo. Algo, claro. Que te separara de... Y lo primero que me dio la puerta del fondo, a mano izquierda. Yo digo: "Ahí estará allí la sorpresa para mí". Sí. Seguro que sí. La sorpresa para mí. Bueno, yo cojo mi tarro y digo: "Venga, vamos para adelante, Abi, lo que sea.
Venga, tira. Tú tira. Tira fuerte". Claro, yo iba andando y cada vez olía más a cloro. ¡Hostia! Uy, yo qué raro. Una clínica que huele a cloro. Una piscina tienen allí. Ahí va la cosa. ¿Sí? Cuando llego allí, abro la puerta y lo primero que me veo es un viejo con un gorro de piscina. ¡Hostia! Y un bañado corto. Digo: "Yo, ¿dónde estoy metido?" No estaría en un escape room. Yo qué sé. De repente, claro, eso. Pero sorprendentemente me he puesto cachondo.
No estaría viejo con el gorro y dices: "¡Hostia, ya me he corrido, lo siento". Demasiado tarde. Bueno, ese viejo me miraba y yo con mi tarro blanco ahí, mi tapita, y me decía el viejo: "¿Qué? Otro que viene a buscar la felicidad". Te estábamos esperando, justo a tiempo. Total, pasé yo por delante de ese hombre, todo apurado. Total, y resulta que eso era un vestuario de donde se hacía la rehabilitación la gente. Ah, bueno. Claro, porque era una clínica que albergaba muchas cosas. Claro, claro. Total, me tuve que meter en un vestuario. Sí. Vale, ¿qué pasa?
Yo esperaba una teta de goma, algo, para que yo... ¿Una teta de goma? Unas tetas de goma. Algo para yo alterarme. Sí, sí, es un clásico de las clínicas. Claro, digo: "Ir aquí yo por nada. Me bajo aquí los calzoncillos, vámonos". ¿Qué pasa? Que el vestuario tenía una puerta que no era muy grande. Claro, y tú le me pasas los pies a la gente por debajo. Bueno, es que eres fetichista. Tocaban a la puerta y te decían: "Mastúrbate". Mastúrbate. Total, empiezo yo con... Y cuidado que las sombras son traicioneras a veces, ¿eh?
Empiezo yo con mi manualidad, empiezo a darme fuerte. Bien. Y de repente veo que dos pies se ponen mirando para mí debajo de la puerta. ¡Hostia! Fetichista de pies. Y ya se ha ido. Y digo: "Estoy ocupado, estoy ocupado". Yo con mi tarro: "No, no, estoy ocupado, estoy ocupado". Está ocupado, vaya si está ocupado. Total, ese hombre se fue. Yo llené mi cosita. Bueno, bueno. Ya terminé para casa, en el pasillo. Vale, hiciste un corazón como en la casa del café.
Total, salgo ya del vestuario y demás, y cuando salgo me dice mi suegra: "Ya". Bueno, bueno. La suegra marcando los timings, ¿eh? Yo a mi suegra ya pensaba: "Ay, que ve mi hija, lo poco que dura el marido". Y yo: "Normal que no se quede embarazada", diría. Bueno, total, y al tiempo que llamo a la puerta y al tiempo que veo yo entregar mi tarro, veo otro al lado mío, pelis rojos.
Claro, que me hace la mente, digo: "Esta se va a desayunar, se coge los botes ahí y me como yo los pelis rojos para toda la vida". Tú me traes un malabarismo ahí. De cambiar botes, pum, pum, pum, y me como yo los pelis rojos. Pero tú qué eres, como trilero, ¿no? Como de que... Tú miedo era que te salgas. Venga, vete a desayunar. Y ya se coge los botes ahí, me voy con la bulla y al final me como yo los pelis rojos. Siendo tu archivador, que eres ordenado. Y yo que soy cuadrícula para eso. Pero tu miedo era que te saliera un hijo pelirrojo. Pelis rojos, mala pata.
Mira cómo se río, saben que es verdad. Es que había un chico pelirrojo aquí, de Estados Unidos. Bueno, pues mala suerte para él, ya. Que se tiñe o algo. Pero a ver, hay pelis rojos. Sí, dime uno, dime uno. Pablo Moto. No, Pablo Moto no. En Sheeran le está yendo muy bien. Últimamente tiene bastante buena fama. Todo es gente excelente, todo es gente excelente. Oye, y qué... Bueno, y... Bueno, total. Así. Nada, salió moreno, muy guapo, y ya tiene 16 años.
¿16 años? Sí, señor. Oye, un aplauso por favor. Bueno, bueno, espera, espera. Y es pelirrojo. No. Ah. Que en la cuarentena aprendí y se quedó mi mujer embarazada de forma natural. ¿Ah, sí? Porque le aprendí. Pero fue gracias al consejo de la suegra, quizá. No, no, aguantaría un poquito más. Aplausos por favor, para la reina de Javier. Bueno, bueno, bueno, hemos empezado bien.
Bueno, hemos empezado bien, sí. La mano inocente de Ignatius. Solo faltaba que entrara alguien allí en la piscina esa a decirle: "Venimos de Soria", ¿no? Venimos a divertirnos. Siguiente ruina del público esta noche es la que nos cuenta... Héctor Garzón. Héctor Garzón. Aplausos para Héctor.
Héctor. Bienvenido, Héctor. Gracias por estar aquí, bienvenido. Muchas gracias por la reunión. ¿Cómo estás? ¿De dónde eres, Héctor? Soy de un pueblo de por aquí. Bueno, por allí, de Extremadura, en Valpartida de Plasencia se llama. Hombre. Muy bien, muy bien. No hay tanta gente en Valpartida de Plasencia. No, pero les gusta, les gusta. Sí, sí. ¿Por qué crees que les gusta? ¿Qué tiene que puede gustar? No sé, o sea, es un entorno bonito, estamos fragüeis al lado.
Plasencia. Plasencia al lado, pero buf, bueno, sí. Viva. Hay también un poco de rivalidad, sí. Muy bien. ¿Hay cigüeñas allí encima de los postes? Sí, hay buitres por ahí también. Sí, claro, claro. Hay cigüeñas negras y de todo. Y buitres, ¿no? Habrá en Monfragüe también, ¿no? Sí, sí, en Monfragüe hay buitres negros. En Monfragüe hay buitres negros, claro que sí, grandes robles. Vamos. ¿Y a qué te dedicas, Héctor? Soy profesor de secundaria. Muy bien. ¿De qué asignatura? De lengua castellana. Lengua castellana, muy bien.
También me gusta. Zoólogo. Oye, ¿y cómo? ¿Hay palabras nuevas en castellano? Sí, la RAE cada año va cogiendo como nuevas palabras. ¿Ah, sí? ¿Cuáles son las últimas? No sé, hubo como mucha polémica por amigovio, por ejemplo, hace unos años. ¿Amigovio? ¿Farlo pas dicho por ahí? Allí ya están en el after, ya. Amigovio. Que es como fue de amigo, pero para un señor de la RAE. Vale, para un señor de la RAE.
Claro. Amigovio, ¿no? Reverte tiene amigovios. Facha amigos. Facha amigo también me gusta mucho. Bueno, cuéntanos, ¿cuál es tu Imperio Romano? ¿Tienes tú algo que te obsesione? Decir: "Buah, esto pienso mucho, muy a menudo en esto". No sé, la Segunda República, como idea. La Segunda República. Muy bien, buena respuesta. Como idea, ¿no? Como idea para la tercera. No como realidad, ¿no? Como idea.
Como idea. Bueno, pues cuéntanos. Como utopía. Cuéntanos tu ruina. Bueno, pues mi ruina es la historia de cómo empujé a una abuela y salí en periódicos. ¡Hostia! Muy bien. Vale, el titular me gusta. Sí. ¿Cuándo fue? 2019, y yo estaba haciendo un curso, porque estaba en la universidad y había cursos de verano en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Y era el típico curso, pues que tú vas, te enseñan cuatro cosillas en una semana y ya.
Bueno. Sí, lo son. Sí, pero de qué, ¿cómo se llamaba el curso? Cuatro cosillas. Cuatro cosillas y nos vamos. Cuatro cosillas en una semana. Ah, bueno. Sí, sí, que lo tengo. No, no aprendiste. Ojo que te matricula, Tomás. De las cuatro cosillas que había que aprender, el título del curso no era una. ¿Cuál es mi número de teléfono? Para entender un poco el contexto de todo. Taller de comunicación. Comunicación para pequeños proyectos, del vídeo low cost a la guerrilla. Del vídeo low cost a la guerrilla.
Sí, sí. Ya se nota que no te enseñan nada. Ya se nota que... Guau. Y eso. Del vídeo low cost a la guerrilla. Como Saba Bin Laden. Es verdad. Sí. Buenos vídeos que grababa las juevas. No había tanto. Andando allí pensando. Sin cromas ni nada. Ahora todo el mundo dice: "Pero el libro del...". Buena producción tenía. El primer tiktoker. Tiktoker original. La gracia también es que el curso lo estaban haciendo los de Homo Velamine, que supongo que sabéis quiénes son.
Sí, perfectamente. Homo Velamine. Vosotros que os dedicáis a la comedia, pues no sé si... Homo Velamine, sí, sí. Hacen actos, no sé muy bien definirlos, ¿no? Son un colectivo que hacen actos. Actos. Sí. Para reivindicar la religión. No, es que es complicado, es que no te creas. Si hubiera ido al curso, sabría definirlos. No te creas. Porque tú lo sabrías definir. A ver, hacen actos que intentan llamar la atención para reivindicar según qué cosa. Ahí está, es más o menos lo que he dicho yo, pero se nota que ha hecho el curso para terminar la frase.
Aprobado. Sí. Vale. Bueno, pues eso, estábamos haciendo este curso y claro, al final había que hacer como un acto que fuese ese vídeo viral. Y estábamos buscando. Claro, tú dijiste: "Se me ocurre uno", ¿no? Se le ocurrió a un señor mayor que teníamos que hacer un acto que llamase la atención sobre lo mal que se trata a los señores mayores en general. En la calle, en todos lados. Claro. Y salió uno con un gorrito en la cabeza. Y eso, bueno, pues en el momento que lo estábamos planteando, mi compañero de habitación en ese curso dijo algo así como: "Bueno, yo iba a ser el actor que lo llevase a cabo, pero me da un poco de miedo".
Y dije yo: "Bueno, pues para adelante". Claro, es tu momento. Y uno de estos vídeos era que una señora estaba en el transporte público, en un autobús, intentaba sentarse en un asiento y llegaba alguien más joven y la empujaba. Vale. La señora estaba con pinchada? Ella lo sabía, era actriz, ¿no? La señora era también del curso. Y una de las veces sale un poco chufa, porque realmente nadie reacciona, nadie hace nada, y nosotros decimos: "Bueno, pues vamos a montarnos en otro autobús y hacemos lo mismo". Y en esta ocasión sí que pasa algo.
En el momento en el que yo empujo a la señora, pues la que está al lado empieza a gritar y empieza a decir: "Señora, siéntese aquí, que este chaval no tiene vergüenza ninguna". Y ya, pues medio autobús empieza a acercarse y a enterarse un poco de lo que está pasando. Que es lo que quería, ir por otro lado, ¿no? Claro, claro, claro. En principio estaba saliendo bien. En principio. Ya, ya. Y bueno, en uno de estos momentos, pues yo me caliento un poco metiéndome en el personaje. Lo mismo dijo el policía que empujó a la maestra esta que se estaba manifestando en Valencia.
A lo mejor la misma historia, a lo mejor ese policía está contando una historia muy parecida ahora mismo en un juzgado. Claro, yo estaba haciendo un curso, me calenté en el papel. Vale, ¿y qué dijiste? O qué hiciste? Sí, sí, pues un señor así también un poco mayor se me encaró, me empezó a decir que esto no se podía hacer, tal, y yo le dije: "Sí se puede". Total, para lo que le queda de vida a la señora. ¡Hostia! Te hiciste un ayuso.
Tú ya dijiste: "Bueno, vamos all in con el odio". O me pegan o me hacen concejal del PP. Salgo de este autobús con cargo. Y al señor no le gustó mi respuesta. Vaya. No. Y me puso la mano así en el hombro y me miró muy fijamente y me dijo: "Mira, chaval". Y ahí me empezó a explicar que eso no se podía hacer, que podía haber sido peor, pero bueno. ¡Hostia! Muy bien. Te dio como una lección que es aún peor, ¿eh?
Como que van a lo psicológico, ¿eh? Como que no te pega y es como de: "Mira, chaval, mírame a los ojos". Y es como de que tú sueñas con ese señor mirándote, sí, sí. Una maldición, te tiró, ¿no? Bueno, y te echó bronca. Sí, bronca, pero eso, como que iba a salir vivo de ahí. No había mucho problema. Y bueno, pues acabamos el vídeo, todo bien, acaba el curso al día siguiente y tenemos como 20 reproducciones en Twitter. Claro que es una mierda. Récord. Me voy a Andorra a vivir.
Así que eso, es un desastre total. Pero alguien en algún momento coge el vídeo, lo pone en Facebook y pone algo así como: "Alguien conoce a la madre de este sujeto?". Porque entiendo que conocer al padre es más complicado. Y ahí salió el archivador. Dime una letra. Y ahí sí que empiezan las reproducciones, pero muchísimo. Nosotros no nos enteramos en ese momento, ya estamos cada uno yéndonos a nuestra casa, porque sí, el taller era de una semana.
Claro, claro, claro. ¿Y cuántas visitas puede tener esto? Y llegó a salir en un periódico que, bueno, me hace mucha gracia el titular, si alguno quiere leerlo. Ignatius, tú que estás cerca, ¿cuál es el titular? "Bienvenidos a la cloaca de Sánchez". Empieza. No lo había visto, me dije. Empieza objetivo, ¿eh?
Hay objetividad, ¿eh? "Un izquierdista empuja a una anciana minusválida en el Metrobús de Santander y le quita el asiento". Lo de minusválida se lo inventa. No te lo perdonaré nunca, Pedro Sánchez. Pero. Muy bien. Guau, pero en algún momento tú dijiste a quién votabas o algo como para sacar esta conclusión. A ver, pues la vestimenta que llevo, que tampoco es nada.
O sea, luego si queréis os paso las imágenes, pero es básicamente. Que era clavel del PSOE. Sandalias del PSOE. Eso, pues un Héctor de hace unos cuantos años que lleva una camiseta de Green Day y unos pantalones vaqueros. Claro, eso. Socialista, socialista. La verdadera izquierda. Sí, sí. Oye, y. O sea, eres uno de los causantes del crecimiento de la derecha, de alguna forma, ¿no? Oye, ¿y llegaron a contactar con tu madre? Espero que no. A ver, el tema es que también ese vídeo llegó a gente de mi pueblo.
La anciana era Begoña Gómez. Y la gente de tu pueblo cuando te vio pensó que era de verdad, que no. No, a ver, claro, no se había movido tanto, tanto este vídeo, pero eso, hubo gente en mi pueblo que sí que lo compartió. Diciendo: "Que pillen a este cabrón", cosas así. Bueno, pues desde aquí lo desmentimos, desmentimos que. O sí, ahora le has cogido el gusto y vas empujando. Desmentimos que sea de izquierdas. El resto es verdad. Un aplauso, por favor, para la ruina de Héctor. Gracias, Héctor.
Es buena técnica, ¿no? Seguir empujando a ancianas. ¡Hostia! Una. ¿Qué ha pasado? Cuidado con las ancianas. ¿Te has caído? No, no, hostias, no. Acabo de pisotear a una anciana. Ha bajado por donde tenía que bajar. No ha pasado nada. No, no, bueno, no. No ha pasado nada. Claro, es que. Se va dando patadas a ancianas. Maldito Pedro Sánchez, lo ha vuelto a hacer. Si sigues dando palizas a ancianas, nunca nadie se acordará de la primera anciana. Ese es el truco.
Mi teoría es que Hitler un día se olvidó de darle propina a un camarero judío. Y se sintió tan mal consigo mismo por ese gesto, digamos, de descortesía. Que se complicó. Que para conseguir que ese gesto quedara olvidado, ideó el holocausto. Patadón y para arriba, ¿no? Es que yo sigo ofendiendo. Vamos con más gente, a ver quién más nos acompaña. Esta noche la siguiente ruina de Mérida es la que nos va a contar. Cristina Leandro. ¡Aplauso para Cristina! ¡Vamos!
¡Que alguien la empuje! Aquí la tenemos, Cristina. ¿No eres Cristina? ¿Y por qué estás aquí? ¿Quién eres? ¿Quién es usted? Pero vienes en representación de? De. Ah, sí. Vale, vale. Pero está Cristina arriba. Está allí arribaísima. ¿Qué ha pasado? Está arribaísima. Es que estamos muy lejos. No le mandes. Claro, bueno, ahora estás aquí. ¿Cómo te llamas tú? Ya hemos descubierto la pelirroja.
Y nos damos mala suerte. ¿Cómo te llamas? Rita. Rita, muy bien. ¿Y por qué no ha bajado Cristina y has bajado tú? Porque le da mucha vergüenza. ¿Y por qué se ha apuntado? Le hemos apuntado nosotros. Ahora lo entiendo todo. No sabes nada. Pues ahora te ha rebotado y ahora te ha tocado salir aquí. Bueno, muy bien. ¿De dónde eres, Rita? De Madrid y de Vallecas. De Madrid y de Vallecas, muy bien. ¿Has venido aquí para el show? Sí. Pues muchas gracias por venir hasta aquí. A ver, a qué te dedicas, Rita? Yo ahora soy funcionaria.
Bien. Aquí hay unas cuantas, ¿verdad? También. Que luego digan que los pelirrojos no tenemos buena suerte. Eso es, muy bien. Oye, ¿y funcionaria de qué? Doy clases de deporte a personas. Ajá, no animales, ¿eh? Animales no. De deporte a personas. A las que se dejen, claro, a las que vengan. Muy bien. Claro, claro. Vale. Entiendo que hay matices en esa frase que no quieres decir. Mourinho cabe en esa. Sí, por ejemplo. Cuando llega el Bernabéu, rueda de prensa, doy clases a deportistas.
Así es. Muy bien. Vale, bien. ¿Y de qué? ¿De todos los deportes? Sí, pádel, tenis, aquayim, lo que tú quieras. Vale, lo que yo quiera. ¿Qué quieres tú, Tomás? Responde a esa pregunta. Lucha grecorromana. También, por supuesto. Ayudo, lo que quieras. Bien, pues ya está. ¿Qué se diferencia la lucha grecorromana de la lucha. Grecorromana. Con navajas? El aceite. El aceite. El aceite. El aceite. Tiene que tener denominación de origen. Claro. Vale. ¿Y cuál es tu Imperio Romano?
¿Cuál es el tema que te obsesiona? La República Romana. La República Romana. ¿Y qué tiene de especial la República Romana? Todo. Todo, claro, claro. Pero si me pudieras destacar una. Es que seguramente es lo mismo que tienes tú en mente. ¿Qué es lo que más te gusta a ti de la República? Bueno, es que por dónde empezar, ¿no? Si es que tienes razón. No, no, no. Empezar, empezar. Moviémonos. Esto es un programa donde nos mojamos. La República Romana, pues tiene los campos aquellos de trigo que haces así con la mano. Sí. Quedan preciosos.
Remar, remar. Se remaba, se remaba. ¿Verdad? Mucho, mucho. Las galeras a tope. Eso es. Galeras es la palabra que buscabas, sí señora. Muy bien, muy bien. Es lo mejor de la República. ¿Y a ti qué es lo que más te gusta de la República Romana? Julio César. Julio César. Sí, bueno, claro. Era guapo, ¿no? Trajano también estaba. Trajano tenía un buen trajano. Sí, sí, también. Y Escipión. Todo. Escipión. Sí, sí. Que era el africano. Tú también saltas dos aves igual que yo, ¿eh? Yo me iba a la rima con Escipión.
Puede que todo esto te lo estés inventando en realidad. Es guía turística del Teatro Romano. Bueno, sí. O sea, que cuando vengan los turistas a visitar esto, te encuentren a ti en la puerta. Sí. Cuéntanos, cuéntanos tu ruina. ¿Cómo voy a pedir los 10 euros? Rita, cuéntanos tu ruina, a ver. Me han dicho que la cuento de una manera, pero no sé si va a estar bien contada. Yo voy a intentar. Bueno, en latín, ¿quién te ha dicho? ¿Quién te lo ha dicho esto? Los que están allá arriba. Cristina. Cristina era mulista, pero no ha bajado. Pero no ha bajado. Cristina por el pasado no creo que exista.
¿Cuántas veces has contado este cuento de: "Oh, Cristina otra vez no ha podido venir"? ¿Es esa tal Cristina una emperadora romana? Ojalá. Ojalá. Sería buena emperadora romana. Sí, ¿no? Ay, bueno, bueno, cuéntanos, cuéntanos. Bueno, voy a contar cuándo perdí las dos uñas de los pies. ¿Las dos? ¿Las dos? Pero, ¿cuántas tienes? Dos. Tengo diez. Diez. Diez, vale. Y perdí dos. ¿Cuáles? Las de los dedos gordos. Vale. O sea, las mejores. Las buenas. Las buenas. Son las importantes esas, ¿eh? Porque no se apreciará, pero yo tengo unos pies muy grandes.
Ah, ¿sí? A ver. Yo calzo, a ver. Bueno, no están mal, ¿eh? 44 y medio. 44 y medio. Bueno, tampoco. ¡Hostia! Quedó horrorizado. Te voy a acariciar. Pero sí, casi como yo. Te voy a acariciar la uña. Claro, claro. 44 y medio. Pero con las uñas 48. Estos zapatos son como de punta. Claro, pero es que esto va en pico y no. Sí, no, el pico no lo relleno. No acaban en punta mis pies, no, no. No, pero es verdad, buenas uñas, ¿eh? Dan para una peineta, ¿eh? Ahora están bien. Vale, entonces.
Tienes la uña perfecta. De las mejores uñas que han subido por aquí, ¿verdad? Vale, muy bien. 44 y medio. Claro, yo tengo los pies muy grandes y yo siempre he tenido que comprarme calzado de hombre. Ya. Porque no había de chica. Ya. Y yo me fui con una amiga de vacaciones en la universidad y dije: "Uf, tengo que comprarme algo guay para irme, para estar perfecta". Vale. ¿Dónde ibas de vacaciones? A Granada.
A Granada. Granada no acepta calzado de hombre, ¿eh? No. Granada quieren que vayas. Claro, yo vi unos botines de playera preciosos y dije: "Bueno, es un número menos". Ya. Pero, ¿qué sería lo peor que podría pasar? Nada. ¿Qué va a pasar? Por dos días no va a pasar nada. No va a pasar nada. Me los compro. Un día por uña. Dos días, dos uñas, sí. A uña por día. Nos fuimos a Granada, a la Alhambra, para arriba y para abajo, fiesta para arriba y para abajo.
Esto me queda impresionante, increíble. Ya. Arriba, abajo, tal cual. Me duelen un poco. Vaya. No pasa nada. Queda un día, gracias. Queda un día. Adelante con todo. Me sigue doliendo un poco, no pasa nada. No me he traído otra cosa, es lo que es. Volví a Madrid y digo: "Uf, me duelen bastante. Voy a ir al podólogo". Pero sin haberte quitado las zapatillas. Sin habérmelas quitado. Pero, ¿por qué? Que estaban puestas como de que ya no podían salir.
Yo te entiendo. Correcto. Yo me las puse y a mí me molestaban cuando me las quitaba. Pero tú querías como aguantar a ver si... Yo hice los míos. A mí hice como me cayeron igual, me acuerdo. Y yo era, digo, me queda estrecho la zapatilla. Pero digo: "Voy a dormir con la zapatilla". A ver si... A ver si la doy así. A ver si así se va ensanchando. Claro. Pues esa era mi idea. Claro. De esto va a llegar un momento que va a estar perfecto. Error. Sí. No lo recomiendas, ¿no? No lo recomiendo. Pero fuiste monísima al médico, eso sí. Es que es increíble.
Fui y me dijeron: "¿No has visto que las tienes moradas?". Digo... Es una buena pregunta. Sí, pero me gustan así. Pero me quedan muy bien. Pero mira qué tardados. Esto hay que quitarlo. Y me las extirparon las dos enteras. ¿Y cómo te lo hacen esto? Con unas tenazas. Es que no lo vi porque te ponen... O sea, tú te pones así y te ponen como una cortinita. Ah. Para que tú no te lo veas. Claro. ¿Y por qué? Porque si no te lo haces tú en casa, es como los cerrajeros que te dicen: "Date la vuelta".
Si no, se quedarían sin trabajo. Claro. Están buenos cerrajeros. Nadie de esos conocerá nunca nuestro truco. Pero tú piensa que yo las tenía moradas de la sangre que había dentro. ¡Hostia! O sea, yo no noté cuando me las quitaron. Porque había tanta sangre que el señor me las cortó y me dijo: "¿Lo quieres ver o no?". Y yo. Y luego te las dan, te las llevas tú. En un bote. Las usas de... Sí, en una cajita. Y son felices. De púa para la guitarra, ¿no?
Así es. ¡Hostia! Y luego ya esto te queda sin nada, hasta que vuelven a crecer. ¡Hostia! Qué bonito. Y las otras ocho uñas, bien. Ah, no, aquella es perfecta, porque la única que quedaba era la del dedo gordo. Claro. Entonces, durante unos meses podías ponerte los zapatos otra vez. Correcto. Claro, claro. Aguanto el dinero. Aplauso para la ruina de Rita, gracias, Rita.
Venga, ¿quién más? ¿Quién más? Ignacio. Siguiente ruina en Mérida. Señoras y señores, con todos ustedes, Jesús Pérez Alba! Jesús Pérez! ¿Dónde está Jesús? Por allí, por allí. Bienvenido, Jesús.
¿Qué pasa? ¿Cómo estás? Gracias por estar aquí, Jesús. ¿Cómo estás? ¿De dónde eres? Primero de todo. Yo soy Erkashiya, o cuando dije Cádiz. ¿También de Cádiz? Bueno, de Cádiz, vamos. Madre mía. Bueno. Saca tu duende, saca tu duende. ¿Venís juntos? ¿Os conocéis con el otro? No, no. Me suena el acento solamente, pero no. Pero él no. ¿No os habéis encontrado nunca en un hospital? De momento, no. Y mira que me dedico también a... ¿Ah, sí? Se supone que soy médico. Se supone. ¡Hostia! ¿Cómo que se supone? Sí, porque yo siempre digo "se supone" por si acaso.
Algún día no. Algún día yo... O lo he hecho mal. Ah, es que se suponía que yo era médico, ¿sabes? Pero es peor. Para posibles demandas. Para posibles demandas, tú. Eso, eso. Para de la toga negra, para de la toga negra. ¿Y cuál es la especialidad supuesta? Se supone que era... Pues mira, aprovecho también para mandarle un saludito que está por ahí mi tutor y mentor, Miguel Galán, porque me estoy formando en medicina interna. ¿Medicina interna? Es como... ¿Supositorios? Eso es, sí. Es la importante. Órganos internos. Efectivamente, sí.
Nos metemos dentro de la persona, ¿no? Sí, efectivamente. ¿Es donde está la belleza? Sí. No, no, es broma. No, no, no es broma, ¿no? No, bueno, sí. Se supone, se supone que es broma. Se supone. Se supone. Os metéis dentro y ya ve lo que pasa. Habitualmente suelo quedar yo como el puto loco. Pero creo que, amigo, me estás eclipsando. Efectivamente. Y gracias a ti ya sé lo que se siente y no es bonito. Gracias por darme esta lección de humildad. ¿Cuál es tu órgano favorito?
Mi órgano favorito, la vulva, ¿no? ¡Hostia! No, me la he puesto a huevo. Está muy bien. Sí, que sí, que cada cuento. ¿Y cuál es? ¿Y el que menos? ¿Y el que menos? El que menos, los testículos. Bueno, a mí me preguntas, no sé. ¿Cuál es tu Imperio Romano? Tengo ganas de saberlo. La vulva. Va a quedar muy poético, pero mi Imperio Romano es la Caleta de Cádiz, ¿no? Que es la mejor playa que hay en toda España. Claro. Está claro, ¿no? Ese es mi Imperio. Ahí es donde tengo que morir yo, ¿sabes?
Hombre, tampoco hace falta. ¿Ahogado? Ahogado, efectivamente. También, ¿no? Bueno, cuéntanos, cuéntanos tu ruina. Entonces, mi ruina son dos, ¿no? Una sencillita, ¿vale? Porque una es de nacimiento, ¿vale? Que yo tengo unos ojos de cristal, yo soy tuerto. Entonces, los pelirrojos dan mala suerte y los tuertos también cuando te miran, ¿no? Entonces... Vaya marcha llevamos esta noche. Vamos a caer en una columna. Entonces, para muestra un botón, me he sacado este mechero que tenía por ahí preparado. Ay, me he sacado, digo, me he sacado. No, no, sacado, espérate. Y para que todo el mundo me crea, dice: "No, es mentira, no es tuerto".
No hay que ir, ¿eh? Mira. A ver. Ahí estamos. Es de verdad, ¿eh? Es de verdad, de verdad, de mentira. ¿No? Yo voy a un restaurante. ¿Por qué no tendré yo un ojo tuerto? Eh, oh, no. Estaría presentando el hormiguero. Mi carrera depende de tener un ojo tuerto. Mi amigo es un compañero del éxito. Mi amigo es mi compañero del éxito. Eres muy gusosquito en la bahía, ojo loco y todas esas cosas.
Me siento tan afortunado de hacer este show en el Teatro Romano. No, lo que pasa que... ¿Qué tal fue la ruina allí? Bueno, alguien sacó un mechero y se dio en el ojo. Esto es lo que voy a contar yo en casa esta noche. ¿Cómo te ha ido el show? Pues bueno, no te lo vas a creer. Escúchame, hice Marvida en el piso, ojos de repuesto que tengo. ¿Ah, sí? Porque él salió con la bulla y lo iba a traer aquí y lo iba a poner aquí, os lo juro por mi madre. Para que canicas un poco. No, no, no, no, no, por favor. La idea que te ha venido, la intrusiva, la idea que te ha venido con la uva. No, yo en los restaurantes está todo pagado porque cuando vale un ojo de la cara, ¿sabes?
Lo saco, lo pongo y yo por lo que lo pago. Está todo pagado, está todo pagado. Oye, nos vas a dejar sin trabajo a todos. Efectivamente. Y siendo, supuestamente, médico de medicina interna, ¿no hay peligro de que estés operando y estornudes? Hombre, gracias a Dios no operamos, pero es verdad que cuando voy a estornudar tengo que mirar para otro lado, no vaya a ser que le abra la cabeza a uno con el ojo, ¿no? Para que ahí en el ojo y al mono que nos vamos, ¿no? Bueno, total, mi ruina en el... ¿Qué más ruina tiene?
¿Qué más ruina tiene? Vamos a empezar. Es como si estuvieras perfecto. No, y el cabrón, el cabrón de mi padre de chico, yo tengo un hermano que es igual que yo, pero no es tuerto, es diabético. Y claro. ¿Cuál prefieres? ¿Cuál prefieres? Yo soy tuerto de toda la vida. ¿Por qué? Soy diabético, yo soy del Cádiz y del Betis, ¿no? Total que mi padre es el cabrón, yo no veo películas 3D, ¿no? Pero de eso me enteré cuando tenía ya pelo en los huevos, porque de chico, de chico el cabrón nos llevaba al cine, nos ponía las gafitas 3D, él sabía que no podía ver películas 3D, veía a mi hermano ahí matando moscas, y yo me ponía al lado igual, diciendo: "Hostia, qué guay el dinosaurio".
Un carallo, veía el dinosaurio metido en la pantalla, ¿sabes? Mi ruina ahora de verdad, esto es una ruina. No, no. Mi ruina ahora de verdad. Chiquitita, chiquitita, como el ojo. Total, año 2017, ¿vale? Yo he salido mucho en Cádiz, yo llevo toda la vida en la calle, ya gracias a Dios por la vida me ha llevado a buen camino. Te has dado una casa. Me ha puesto en un buen camino, total. Bebí esa noche, claro, de 18 años casi recién cumplidos, esa noche me bebí hasta el agua de los floreros, ¿no?
Que si pelea para arriba, para abajo, que si baileo no sé qué, total que acabamos en la punta de Cádiz, que es donde sale todo el mundo, ¿vale? Y claro, el Mómar, que es la mejor discoteca que hay, estaba un montón de lejos. ¿El Mómar? El Mómar, el Mómar. Mómar. Y entonces yo iba haciendo ese, y en la primera ese me meto en el primer bar que hay, que se llama El Kinnan Queens, ¿vale? El Kinnan Queens es un bar de ambiente, de ambiente de gay de amor que nos vamos para acá, para allá, ¿no? Claro, ahí es donde me quedaría yo toda la noche. Efectivamente. Total yo...
Yo ya no sigo la ruta, ya me dejas ahí. Yo creo que soy heterosexual, heterocurioso, como se diga, vamos, mi novia está ahí, ¿vale? Pero es un talento también, ¿no? Supuestamente. Supuestamente también. Y claro, entrando... Igual no es el único ojo que me tapa nadie. Efectivamente. No, no, no. Llego, llego y claro, me pido un Santa Teresa Cola, nunca había probado Santa Teresa Cola, digo: "Esta es la noche de probar cosas nuevas", ¿no? Y ahora digo: "Ya que me pedí un cubata, voy a entrar al baño". Me estoy meando, ¿no? Y cuando entro al baño, claro, yo veo, yo siempre meo en los váteres que están pegados a la pared, ¿no?
No es que están en el suelo. En los urinarios, sí. Claro, y en el urinario me veo a uno con el mismo peinado que yo, que le iluminaba un montón el coco, ¿vale? Y aquí, es que lo de tuerto yo empecé porque es importante, ¿no? Y aquí donde está esta cámara que más o menos lo estoy viendo, veía algo que iluminaba, ¿no? Como algo de lentejuela. Entonces, claro, veo al carbo, me giro, y cuando me giro, la cámara queda en mi lado ciego, ¿no? Yo no veo por aquí. Claro. Yo empiezo a mear con mis almendritas ahí, amor que nos vamos, apuntando para adelante, para atrás, no sé qué, no sé cuánto. Y a esto que noto una mano por aquí, ahí.
Ay. ¿Por qué no la ves? No la veo, eso es, la noto, efectivamente, gracias a Dios, ¿no? Total que... Y en la nota ahí escucho: "¿Todo eso es tuyo?". Miro para el lado. Con la polla en el ojo. Clon, clon, clon, clon. Empiezo con el mechero con la polla. Clon, clon, clon, clon. Y digo: "Claro". Tengo la polla de cristal. Y yo en... La polla de cristal. Y yo en... Tu pareja perfecta.
Me la saco. Puedes hacer un brindis. Total que todo eso es tuyo, y ahora yo en 0,001 segundo digo: "Un codazo", le digo que no es mío, que es mentira. O me dejo. O me dejo, ¿no? Y ahora ahí, todo eso es tuyo, me giro con toda la cara doblada, le digo: "Hey". Y ahora ahí acerca la manita, coge sus dos deditos y empieza: "Placa, placa". Placa, placa, digo: "Iré". Y empieza eso a subirse para arriba, y digo: "¿Y yo?". Y yo estaba ahí ya, no me había ni escurrido, ¿sabes lo que te digo?
Yo estaba ahí y digo: "¿Esto qué es?". Y ya, claro, cuando me doy... Coño, que la tengo ahí, ¿no? Cuando me doy cuenta, digo: "Espérate, me...". Cuando me doy cuenta. Claro, o sea... Cuando me doy cuenta. ¿Cuánto tardaste en darte cuenta? Será lo que yo pienso que es. Voy a esperar unos minutos más. Entonces creo que alguien desconocido me está masturbando. Voy a esperar un cuarto de hora. Y digo: "Yo me voy media correya", ¿vale?
Bien. Empiezo ahí con los ataques. Esto se acabó. ¿Quién tiene ahora la sartén con el mango? Yo me corro ya. A ver quién está dirigiendo esto. Total que... Empiezo ahí con la epilepsia que me da cada vez que me corre. Que me corre, no, que me corro, ¿no? Y claro, cuando ya termino de sacudírmela, se mira la mano, me mira al ojo, no a los ojos, al ojo, porque tengo uno. Me mira al ojo y me dice: "¿Esto también es tuyo?". Le digo: "Hey". Y empieza a lamérselo delante mía. Digo: "Yo me voy de aquí".
Así es. Me voy. También te digo, no había mucho más que hacer ya, ¿eh? Era el momento para irse. Una retirada a tiempo es una victoria. Efectivamente, sí, sí, sí. Total, que es que la ruina no acaba aquí, ¿no? Porque no, no. Salgo... De momento, lo único que es es un anuncio de Cádiz para que vaya yo de puta madre. Efectivamente. Total que... Turismo de Cádiz, para allá que voy. Que salgo y me ve mi amigo con toda la cara roja. "¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado?". Digo: "A ver, porque se han liado conmigo, yo qué sé, que me ha pasado eso".
Total que me limpio, me limpio con el esto de la camisa, ¿vale? Ya se acaba la noche, no me acuerdo de más nada, gracias a Dios, creo. Y total que me levanto al día siguiente, yo veo con mi abuela, mi abuela Pepa, que la quiero más que una pecha cagar. Ella habla con la borronca y me dice: "¿Eso?". Digo: "¿Qué te pasa, Pepa?". Me dice: "Lo de la camisa, ¿qué es?". Claro, tenía la camisa y digo: "No, Pepa, que me dieron un besito fuerte aquí al lado". Y me limpié. "Ah, vale, vale". Y a los 20 minutos, en aquel entonces, ¿vale?, hace un montón de años, me llama la que era mi novia. Me dice: "¿Qué yo, Jesús?". Termina mi casa y echamos la tarde. Digo: "Home, anda, anda, que no".
Me voy para Azucaz y voy yo con mis calzonitas, no sé qué, de verano, tal y cual. Y cuando llego, me tumbo, hablamos de la noche, me salté esa parte, obviamente, ¿no? Y claro, me empieza a dar besitos en la oreja, me empieza a dar besitos en el cuello, ya va para abajo, traca plan, plum, plum. Y cuando me quita las calzonas y tiene ya lo que viene siendo el micrófono entre las dos manos, me mira, la miro, me la miro, le digo: "¿Qué te pasa?". Me dice: "Esta purpurina, ¿qué es?". ¡No! Ay, Dios.
Y claro, le digo: "No, Quilla, eso fue el cabrón de tal amigo, que estábamos de noche, no sé qué, en el Kinnan Queens". Y me mete una paja. ¿Cómo le comes tú la polla a un tío y que eso no se confunda con sexo oral? Total que le digo: "No, Quilla, que me echaron purpurina". Total, le metí un zoplío y empezó: "Vámonos que nos vamos". Cloc, cloc, cloc, cloc. Total, que me la chuparon dos personas en 12 horas, ya está, esa es la ruina. Esa es la ruina. Pero lo cuentas con un orgullo muy interesante. No, no, sí, sí. Y buah, la purpurina, increíble. ¿Y la ducha cuándo vino?
Porque... Claro, es que creo que no me duché, ¿eh? Es que yo creo que... Yo creo que no me duché. Yo creo que no me duché, que ya se comió toda la... Hay rastros de purpurina. Efectivamente. ¿Dónde se la lavó? Aplausos, por favor, para la ruina de Jesús. Sí, nos da tiempo a una más. Vamos bien, vamos bien. En el Teatro Romano de Mérida. En el Teatro Romano de Mérida. Hablando de... Cosas inolvidables, amigos y amigas.
Supuestamente. Supuestamente. Desde entonces se le quedó esa muletilla. Todo lo que le sucede en su vida es supuestamente. Siguiente ruina de la noche en Mérida es la de... Marta García Cortaliza. Marta García. Marta García Cortaliza. Marta García. Puede ser que esté allí. Marta García Cortaliza. Un aplauso para ella. Un aplauso para ella.
Marta. Marta García. Bienvenida, Marta. Guapa. ¿Cómo estás, Marta? Hola. A ver, ¿cómo que a ver? ¿Cómo que a ver? Te han apuntado, veo, también, ¿no? No, no, me he apuntado yo pensando... Me he asentado. Por favor, sí, sí. Digo, esta mierda no la van a contar porque en verdad... Pues sí, claro. Un poco mierda la historia después de este muchacho. Bueno, presuntamente, muchacho, presuntamente. Te dejamos un mechero y pruebas con los ojos, a ver. ¿De dónde eres, Marta?
De Villanueva de la Serena. Villanueva de la Serena. Sirena. ¿Sirena o Serena? Serena, Serena. Vale, vale. Aunque hay una sirena. ¿Y qué hay en Villanueva de la Serena? Haznos turismo. Pues mira, la tortilla de patatas, que es inventada. La tortilla de patatas, inventada. Me gusta, muy bien, muy bien. ¿Y algún...? Algún, yo qué sé, monumento a la tortilla de patatas, ¿tenéis? Tenemos. ¿Sí o no? El pincho de tortilla. El pincho de tortilla. Vale, muy bien. Y un santo también, santo pincho de tortilla. El santo Santiago. Santiago.
Vale, vale. Muy bien. ¿A qué te dedicas, Marta? Soy enfermera. Enfermera, perfecto. Presuntamente. Presuntamente, también. ¿Has venido con tus compañeras? No. Ah, no, pero les gusta la enfermería, ¿no? Pues supongo. Vale, vale, vale. ¿Y cuál es tu imperio romano, Marta? ¿Qué es aquello que te obsesiona? Pues mi imperio romano desde hace dos años y medio, que no me lo quito de la cabeza, son mis dos hijos que tengo meses de dos años y medio. Olé, muy bien. Ay, qué bonito. Que me miman todo el día. Todo el rato. ¿Dónde están ahora? Rómulo y Remo.
Están con mis padres en el campito. Muy bien, ¿cómo se llaman? Se llaman César. Ah, César. Y Julio. Y ahí, no. Y Goliat. Muy bien. Muy bien. Bueno, cuéntanos tu ruina, Marta. A ver, pues mi ruina fue en tercero, cuando yo estaba en tercero infantil. Vale. Mis padres trabajaban, como la mayoría de padres, pero había muchos padres que no. Entonces, no podían ir a las reuniones del colegio, de tal. Y se acercaba Navidad y la típica actuación del portal de Belén. Vale. Mis padres no fueron a la reunión donde se repartían los papeles para la actuación de Navidad.
Guay, guay. Vale. A todo esto, yo era la típica, bueno, he puesto el papel, o sea, extrovertida, tal. Por ejemplo, la actuación de las letras del abecedario, pues yo era la A, ¿vale? Tú, para el archivador, tú querías ser Jesús en ese Belén. Spoiler, no. Vale. Total, que no fue a la reunión y llegó la clase de religión a la semana siguiente, también la profesora Tela. Me dice: "Marta, pues tus padres no fueron a la reunión".
Y yo: "A ver, chica, pues te queda el buey o la vaca". Bueno, buena lección. Y dice: "Pues dame la vaca". ¿Y tiene que hacerse entre dos, la vaca? No, claro. ¿Cómo que entre dos? Como que es pantomima, como que... No, no, no, no. Un agachado detrás. Vale. Eras tú. Era solo yo, bastante. Bastante que había uno allá. Vale, vale. Total, que yo recuerdo a mis compañeras flipadas diciendo: "Oh, mi madre ha ido a los Telares a hacerme un traje guapísimo, tal".
Y yo: "Mamá, mi traje, papá, mi traje". "No, no, a mí me han dicho que el tuyo ya lo tienes". Total, que yo seguía allí el día de la actuación y me pusieron el típico pijama este de Primark, feísimo. Creo que estaba sudado y usado, no lo sé. Bueno, no preguntes. Y nada, pues me planté allí. Lo malo de la vaca es que, claro, mi frase era la última. O sea, que pasaban los Reyes Magos, las tres y yo allí todo el tiempo. Perdona, la vaca tiene frase, ¿eh? La vaca tiene frase.
¿Y cierra la historia de Jesús, la vaca? Yo la pondría al principio. La cerré. La cerré, pero claro, todo el tiempo ahí casada, sin hacer nada, al lado del niño Jesús. Nerviosa, dice: "A ver, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, ay, miau." Y nada, pues la gente con, pues yo qué sé, pues frases flipantes. Yo soy el rey Baltasar y traigo tal, no sé qué. Y yo, pues cerré diciendo: "Feliz Navidad, mu, feliz Navidad". Podrías haber terminado diciendo: "Le van a crucificar".
Spoiler, ese niño va a morir. Bueno, oye. ¿Estaban tus padres entre el público? No. No estaban tus padres. Ahora, pensaba que decía: "No sé si estaban". De hecho, estaban. Vale, porque pensaba: "Guau, la ruina era esa, ¿eh?". No, la ruina era que yo estaba cabreada muchísimo. De hecho, hay memes que hoy en día siguen utilizando mis amigas en WhatsApp. Mi madre, tipo: "Sonríe, sonríe". Y yo así, con los cuernos. Hostia. Y ya está. Muy enfadada.
Muy enfadada. Aplausos para la ruina de Marta. Gracias, Marta. Venga, va, una última, Ignacio. Pero no olvidemos que fue la letra, ¿eh? Y eso no se lo quita nadie. Exactamente, la otra obra, eso es. Última ruina de esta noche en Mérida es la que nos va a contar quién, quién, quién. Para Marta Sánchez Pizarro. Marta Sánchez. Marta Sánchez Pizarro.
A ver, Marta Sánchez Pizarro. A ver dónde está Marta. Por allí. Ahí está, aplausos para Marta. Sí, ¿no? Sí. Aplausos para Marta. ¿No eres Marta? María. María. Ah, María, María Sánchez. María. Vale. María Sánchez. Ah, sí, sí, pone María. Aplausos para María. Bienvenida, gracias por estar aquí. ¿Qué? ¿Qué tal, María?
¿Cómo estás? María, coge el micro. Gracias por venir. ¿De dónde eres, María? De Plasencia. De Plasencia, muy bien. Muy bien. Ya pensaba que me libraba esto. ¿No? ¿No? Última hora, aquí estás con nosotros. Aquí se juega hasta el último minuto, hay partido. ¿A qué te dedicas? Soy maestra. Maestra, muy bien, también. ¿De qué? De portugués. De portugués. Maestra de portugués. Molto obrigado. ¿Tú qué sabes, Ignacio, de portugués, sabes? ¿Yo de portugués? Sí.
Toallas. No sé, toallas, gavetas. Sí. Mi pueblo lo fundaron portugueses. Ah, ¿sí? Pero hace mucho tiempo. Pero tú la miras a ella como buscando ayuda, ¿no? Dime mis raíces. ¿A quién enseñas portugués, a niños? A niños desde 3 a 12 años. Vale, muy bien. ¿Cómo se dice ruina en portugués? No me pongas en esa tesitura. Ah, bueno. Pensaba que no tienen ruinas en Portugal. No tienen ruinas en Portugal. No, no, no. ¿Eh? Se dice igual. Se dice igual.
Yo también lo pensaba, pero por si acaso. Ruin, ruin. Claro, claro. Ruin, ruina. Ahora me salió gallego. ¿Y cuál es tu imperio romano, María? Pues la verdad es que las cosas del colegio, estoy todo el día... ¿Cuáles son las cosas del colegio? Pues buscar, pues cosas para hacer con los niños y eso. Cosas para hacer con los niños, ¿eh? Sí. Ey, ey, ey. Preparando un ejército para invadir Portugal. Sí, por ejemplo. Estamos en ello. Estamos en ello. Bueno, cuéntanos, cuéntanos tu ruina. Vale, pues... Ay, qué nervios. Tranquilo, tranquilina.
Tranquilo. Esto ya es gallego, ¿no? Calma, calma, ¿no? Que decía Cristiano. Eso es lo único que sé. Vale, pues para... Para poneros en antecedentes, yo soy muy meona, ¿vale? Vale. Me conozco los baños de todas las partes. A los que he ido, conozco todos. Has ido a Cádiz, a uno en la discoteca. Me han dicho que están muy bien. Porque no he ido, si no, lo conocería. Purpurina. Turismo de meonas.
Sí, sí, total. Bueno, pues... Bueno, pues hace unos años, no me acuerdo cuántos, cuatro, cinco, no, quizá menos, cuatro años o así, falleció un conocido y estábamos en el tanatorio, pasando, pues, el rato allí del tanatorio. Claro, pasando el rato, sí. Muy divertido, sí. Sí, claro. Tú lo conocías? Al conocido lo conocías. Sí, sí, sí, lo conocía. Perdón, pero... Bueno, no, pero como de... Sí, vale, ok. Sí, sí, sí.
El caso es que yo iba con mi marido y con mi suegra. Fue el funeral que se hacía allí en el mismo tanatorio, entonces pusimos los móviles en silencio, entrábamos, bueno, ya termina y tal. En esto que salimos, y le digo a mi marido: "Por favor, espera un momento, que antes de ir al cementerio, que está al lado", le digo: "Voy un momento a hacer pis". Claro, claro, bien hecho. Yo no sé... Mejor que hacerlo entre dos, tumbar entre dos lápidas allí. Sí. Está feo. Claro, como si fueran todos contenedores, ¿no?
Allí como: "Aguántame, aguántame". En ese momento, pues nada, yo entro al baño y tal, y cuando salgo, no hay nadie. ¿El tanatorio vacío? Vacío. Guau. No había más entierros, solo estaba ese, y no hay nadie. Bueno, pues yo en el momento, sin más, porque además el tanatorio tiene una cristalera enorme, de esta que tú ves para fuera, pero de fuera para dentro no se ve. Es espejo, es espejo. Es como un espejo, sí. Pues yo veo gente fuera, entonces voy a salir y la puerta está cerrada. Ay, Dios.
Hostia. Ahí ya me empiezo a poner un poco nerviosa. Hombre, pues yo también lo estaría, claro. A mi marido ya no le veo, pero a mi suegra sí la estaba viendo fuera. Entonces cogí el móvil y llamé, pero con la suerte de que todos habían puesto el móvil en silencio. Ah, mira. Seguí insistiendo a llamar, tanto a mi marido como a mi suegra, ninguno me cogía. ¿Y entonces qué haces? ¿Empiezas a abrir puertas del tanatorio? Sí. Hay una puerta que pone... No abrir. No entrar. No pasar, personal autorizado y tal.
Pues yo entré, claro. Claro, claro. Porque, hombre, quedarte encerrado en cualquier sitio, pues mal, pero en un tanatorio, pues no es muy agradable. Ya. Entonces... Dijiste: "A ver en las neveras si hay algo para picar". ¿No? Ah, ya sé quién es, ¿no? Y nada, pasé por esa puerta, empecé a ver puertas, vi ataúdes, vi, pues, toda la parafernalia. Me acojoné muchísimo, me di la vuelta y me volví a la sala de espera. Y tuve una brillante idea, que fue: voy a llamar al señor del tanatorio para que me abran la puerta.
Claro. Buena idea que se podría haber ocurrido antes, ¿no? Pero bueno, muy bien, muy bien. Pues no era tan brillante. Cuando me di cuenta que llamé, era un fijo y empezó a sonar el teléfono allí. Tú contestando, ¿no? ¿Quién es? Está cerrado. Está allí encerrada. Ya dije: "Bueno, en algún momento volverán". Mi marido no se dará cuenta que estaba casado. Bueno, digo yo. Bueno, pues pasaron como media hora o así, yo allí sentada, esperando.
Ya veo que llega el coche fúnebre por la parte de atrás y me asomé otra vez por la puerta esa que tienen ellos y empecé a gritar: "Que estoy aquí, que estoy aquí, que estoy aquí sola". No es el grito que quieres escuchar saliendo de un tanatorio vacío, ¿eh? Tú imagínate, otra persona. "Estoy aquí sola". "Que vacío lo cierro". "Ven conmigo". El chico del tanatorio se asustó. Hombre, hombre. Nos ha jodido. Y nada, vino corriendo ya, como que se daría cuenta que era una persona que me habían dejado encerrada.
Y nada, me dijo: "¿Ves esta puerta?". Y luego hay la típica salita con las máquinas expendedoras y tal, y dice: "¿Ves esta puerta? Está abierta". Podías haber salido por aquí. Y yo: "Bueno, no lo sabía". Pues ahora ya lo sé. Pero esta no es la ruina. Guau, pues ya estaba bien, ¿eh? La ruina es que en el... Claro, ya termina todo esto, voy al cementerio, que está, nada, a 100 metros. Y cuando llego allí, me pongo al lado de mi marido y le miro con cara de: "¿No te has olvidado de algo?".
Y ni se había dado cuenta. Qué bonito, ¿eh? El amor. Sí. No se había dado cuenta de... Y tu suegra tampoco, y todo. Sí, mi suegra creo que sí que se había dado cuenta. Pero se calló, ¿no? Pero no, tampoco le dio por llamarme. A ver si lo quitamos del medio a esta. Voy a mear al más allá. Aplausos por favor para la ruina de María. Gracias, María. Gracias.
O puesto un fingidor. O puesto un fingidor. Vamos a entregar el premio, por favor. Un aplauso para todas las ruinas de esta noche. Muchísimas gracias, amigos y amigas, por venir a Mérida. La gente que venís de fuera, gracias a los que sois de aquí y habéis venido hasta el teatro. A todos. A todos. A todos. Gracias. A todos, a todos. A todos. Ese. Vamos con... Te hago el repaso, Ignacio. Tienes que elegir. Te hago el repaso de lo que nos han contado. Te acuerdas? Y nos eliges... Nos eliges cuál te ha gustado más. Hemos empezado con Javier llenando un tarro de felicidad en el baño donde había un señor mayor con gorro y piscina, ¿vale?
Hemos empezado con Javier, eso es. Luego, Héctor, bienvenidos a la cloaca de Pedro Sánchez, empujando falsamente a una señora en Santander. Luego, Rita visitando a Granada, que fue a Uña por día. Dos uñas, dos días. Las de los dedos gordos, que son las importantes. Después, Jesús, que aparte de hacer percusión con su ojo, acabó con el pene empurpurinado.
Marta interpretando a la vaca con la frase mítica de la Biblia, que terminó "Feliz Navidad, mu". Mu, mu. Y hemos terminado con María, que casi hace que un trabajador del tanatorio tenga un infarto, gritando: "Estoy aquí, estoy sola". Estas son las ruinas de esta noche. Muchísimas gracias, Ignacio. Solo puede ganar una. ¿A quién le damos las ruinas del...? Un fuerte aplauso se lo deseo para el hombre del ojo de cristal. ¡Aplausos para Jesús!
¡Jesús! ¡Jesús! Directamente, ruina tras ruina toda su vida. Hasta llegar a fracasar mejor. El hombre que tiene el ojo de cristal. Te llevas el juego de la ruina, Jesús. Y luego el regalo guay también, que esto es un deporte. Mira, ¿quién era que enseñaba deportes? Este deporte se puede hacer aún más divertido. Esto...
Porque claro, si cambias la pelota... Ponte esto en la cabeza. Ponte esto en la cabeza. Bueno, también puede servir... Me lo puedo poner, ¿no? Esto, a falta de ojo, igual... Me lo puedo poner, ¿no? A ver. Bueno, es esto. ¿Me lo pones tú o qué? ¿Me lo pongo en el ojo? Sí. Para conjuntivitis. Bueno. Vamos a dejarlo para otro día, ¿no? Tiene menos visión que yo, ¿eh? Aplausos por favor para Jesús, ganador de la ruina. Quédate aquí con nosotros, Jesús. Aplausos para Ignacio Ferrá y nuestro invitado de hoy. Muchas gracias, amigos y amigas.
Esto es la ruina. Gracias por estar aquí con nosotros.
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