El episodio recorre algunos de los proyectos más secretos de la historia reciente, desde la clasificación de la información de alto secreto hasta operaciones como el Área 51, el Proyecto Azorian para recuperar un submarino soviético hundido o el caso de Frank Olson y el programa MK-Ultra. También analiza la Operación Fortitude, el engaño que creó un ejército fantasma para el Día D, y el Proyecto Popeye, que buscó modificar el clima en Vietnam.
Los oyentes conocerán cómo salieron a la luz estos programas y qué datos siguen clasificados. Los participantes exponen teorías sobre extraterrestres y sobre el alunizaje de 1969, aunque sin llegar a conclusiones definitivas.
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Operaciones encubiertas ocultas a plena vista, experimentos secretos con sujetos involuntarios, y complejas conspiraciones para ocultar la verdad. Es bien sabido que países de todo el mundo desarrollan proyectos de alto secreto para proteger a sus ciudadanos, adelantarse a sus rivales o desarrollar nuevas tecnologías. A lo largo de la historia, hemos conocido algunos de estos programas secretos gracias a documentos desclasificados o a informantes que se atrevieron a sacarlos a la luz.
Pero, ¿cuánto sabemos realmente? ¿Qué operaciones secretas siguen ocultándonos? ¿Y qué podemos aprender de las misiones que se consideraron demasiado peligrosas como para divulgarlas? Eso intentaremos averiguar.
Lo inexplicable. Proyectos ultrasecretos.
Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha llevado a cabo innumerables programas secretos: desde tareas de inteligencia y operaciones clandestinas hasta el desarrollo de armamento avanzado, todos concebidos para obtener algún tipo de ventaja estratégica frente a aliados y adversarios del panorama internacional. Pero, ¿qué proyectos deben ser considerados de alto secreto?
El sistema de clasificación del gobierno estadounidense es muy sencillo: hay tres niveles, confidencial, secreto y alto secreto. La información confidencial es aquella que podría causar problemas si se hiciera pública. La secreta podría causar problemas graves. Y la información de alto secreto es aquella cuya divulgación podría causar graves daños a la seguridad del país.
Cuando algo es de alto secreto, no solo está prohibido revelar la información relacionada con ese programa, sino que ni siquiera se puede confirmar o negar que exista el programa, el proyecto o la información, porque el mero hecho de confirmar su existencia ya proporciona una pista útil a cualquier adversario que busque información. Por ejemplo, si desarrollas un sistema armamentístico que te dé una gran ventaja frente a cualquier potencia rival, querrás mantenerlo en secreto hasta el momento de utilizarlo, sobre todo para aprovechar el factor sorpresa, pero también para impedir que tus adversarios desarrollen su propia versión de esa misma tecnología.
En última instancia, alto secreto significa que la ciudadanía desconoce la verdad. Eso es lo que quiere el gobierno, y para eso se diseñó el programa. Si actúas en secreto, es posible que, en teoría, no tengas que rendir cuentas de tus acciones, y eso te da cierto margen.
Se calcula que en Estados Unidos más de un millón de personas cuentan con autorización para acceder a informaciones de alto secreto. La mayoría trabaja para algunos de los 18 organismos que integran la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Y de todos ellos, quizá la más famosa sea la Agencia Central de Inteligencia, o CIA.
La CIA es única entre las agencias de inteligencia porque no forma parte de ningún otro departamento. La Agencia de Seguridad Nacional pertenece al Departamento de Defensa. Lo mismo ocurre con la Agencia de Inteligencia de la Defensa. Incluso el Departamento del Tesoro cuenta con su agencia de inteligencia. La CIA, en cambio, es independiente y tiene autoridad para llevar a cabo operaciones encubiertas. Son operaciones que permiten al gobierno estadounidense negar su implicación en tal o cual evento.
Pero eso tiene un inconveniente: el exceso de secretismo y la falta de confianza de los ciudadanos están relacionados.
Con respecto al secretismo gubernamental, nuestra primera reacción es pensar en algo siniestro, en la intención de ocultar información importante, y a veces es así. Pero todos los gobiernos tienen la obligación de proteger a su país, por lo que es comprensible que haya asuntos que se mantengan en secreto porque, según el gobierno, es por el bien de la población.
Desde su creación, la CIA ha sido acusada de todo tipo de delitos, desde organizar golpes de Estado en otros países hasta asesinar a líderes mundiales. Nadie conoce realmente el alcance total de sus actividades, pero muchos expertos creen que los mayores secretos de la CIA se encuentran en unas misteriosas instalaciones conocidas como Área 51.
El Área 51 está en el sur de Nevada y es la base secreta más famosa del mundo. Durante muchos años fue completamente secreta, y nadie sabía de su existencia. Se construyó a principios de los años 50 bajo el control de la CIA, y era y sigue siendo una base secreta de las fuerzas aéreas. Sabemos que allí se han realizado muchas pruebas secretas con aeronaves avanzadas. Cuenta con el enorme lecho seco de un lago, ideal para aviones que necesitan pistas muy largas.
Y, sobre todo, está en un lugar remoto y de muy difícil acceso, así que es el lugar perfecto para tener una base secreta.
El Área 51 surgió como consecuencia directa de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, cuando Estados Unidos desarrollaba la tecnología que daría lugar al avión espía U-2. La aparición de esa tecnología supuso una enorme escalada de las tensiones entre ambos países. Por entonces había espías soviéticos en Estados Unidos y en el Área 51 se seguían probando aeronaves. Por eso el secretismo era imprescindible.
En los límites de la base hay carteles que advierten: "Peligro. Autorizado el uso de fuerza letal. Si cruzas esa línea, serás detenido e incluso podrían dispararte". La CIA mantuvo en secreto la existencia del Área 51 durante décadas. No se reconoció oficialmente hasta hace relativamente poco. Y sabemos que algunos de los aviones estadounidenses más emblemáticos se desarrollaron y probaron allí.
Por eso mucha gente cree que detrás de esos programas aeroespaciales de vanguardia y alto secreto se esconde algo aún mayor.
Lo curioso del Área 51 es que el mundo supo de ese lugar a raíz del fenómeno OVNI. Fue gracias al testimonio de Bob Lazar, que en 1989 afirmó haber trabajado en S-4 en el Área 51 con varios platillos volantes. En ese contexto salió a la luz su existencia. Y lo cierto es que el Área 51 sería un lugar idóneo para estudiar ese tipo de tecnología, porque está muy aislada. Creo que es razonable suponer que allí se han estudiado OVNIs o tecnología relacionada con ellos, tanto en el Área 51 como en otros lugares.
El gobierno estadounidense aplicará ingeniería inversa a cualquier tecnología extraterrestre que caiga en sus manos, sin duda. Así que es posible, pero nadie lo sabe con certeza ni existe confirmación alguna.
¿Podría el ejército estadounidense estar estudiando tecnología extraterrestre en el Área 51? Aunque la verdad solo la conoce un reducido grupo de personas con acceso a esa información secreta, algunos expertos creen que el gobierno pretende que creamos los rumores que circulan sobre extraterrestres y OVNIs.
Hay historias que son la tapadera de otras historias tapadera, y al gobierno estadounidense le encanta que estemos distraídos con las historias sobre tecnología extraterrestre e ingeniería inversa en el Área 51, porque así no prestamos atención a lo que está pasando realmente allí. Quizá lo mejor para proteger un secreto sea ocultarlo a plena vista.
En el caso del Área 51, puedes decir que allí hacen casi cualquier cosa, y el gobierno no va a desmentirlo. No hará comentarios, y eso acaba convirtiéndose en un imán para las teorías de la conspiración. Quizá nunca sepamos la verdad.
Arlington, Virginia, el Pentágono, marzo de 1968. Los analistas de la oficina de inteligencia naval, que vigilan el Pacífico en busca de la presencia de submarinos soviéticos, detectan algo alarmante: un enorme despliegue de barcos y aviones soviéticos a unos 2.400 kilómetros al noroeste de Hawái, claro indicio de una operación de búsqueda y rescate.
Estados Unidos observó que había decenas de barcos y aviones buscando algo sin encontrarlo. Así que los responsables estadounidenses revisaron los datos que habían recopilado. La Marina y la Fuerza Aérea disponían de una red de micrófonos submarinos y sensores acústicos alrededor. Pacífico, diseñada para detectar lanzamientos de misiles y registraron señales acústicas que indicaban que un submarino había implosionado y sus restos se hundían en el fondo del océano.
Los soviéticos estaban decididos a recuperar el submarino para impedir que alguien pudiera acceder a él. Finalmente, abandonaron la búsqueda. Quedó hundido a casi cinco kilómetros de profundidad y consideraron que ningún enemigo podría recuperar su contenido.
A esas alturas no había ninguna esperanza de encontrar supervivientes, pero la posibilidad de hacerse con un submarino nuclear soviético y su armamento tenía un valor incalculable. Así que los servicios de inteligencia se pusieron manos a la obra. Estados Unidos logró determinar dónde se había hundido el submarino, y los ingenieros empezaron a pensar: "¿Y si pudiéramos recuperarlo? ¿Cómo podríamos hacerlo?". Tras compartir los datos con la Agencia Central de Inteligencia, los analistas determinaron que el buque desaparecido era el K-129, un avanzado submarino soviético que transportaba varias ojivas nucleares y avances tecnológicos que estaban entre los más valiosos de la Guerra Fría.
Pero cualquier intento de recuperarlo del fondo del Pacífico exigiría una gran hazaña de ingeniería y hacerlo en el máximo secreto.
Durante la Guerra Fría, los soviéticos invirtieron muchos recursos en tecnología submarina, así que Estados Unidos no quería que se enteraran de que querían apoderarse de ese submarino soviético hundido. Por eso, entre los estadounidenses surgió la idea de utilizar un buque que supuestamente buscaba formas de extraer petróleo y otros recursos bajo el lecho marino. En realidad, ese barco llevaría a cabo una operación de rescate para recuperar todo el material posible del submarino, proporcionándole una gran ventaja al gobierno estadounidense.
El plan del alto secreto de la CIA para recuperar el K-129 recibió el nombre en clave de "Proyecto Azorian". Para llevarlo a cabo se construyó un falso buque de minería submarina, el Glomar Explorer, que hoy costaría unos 2.800 millones de dólares. Y para completar el engaño, la CIA recurrió a uno de los hombres más famosos del mundo, el multimillonario Howard Hughes.
A finales de los 60, Howard Hughes tenía fama de ser uno de los estadounidenses más ricos del país. También era conocido por financiar y respaldar proyectos que parecían complicados, incluso imposibles. En el centro de su imperio estaba la Hughes Tool Corporation, una empresa de servicios petroleros con intereses en la perforación marítima. Era la tapadera perfecta para ocultar las operaciones financieras necesarias para llevar a cabo la misión.
Según documentos desclasificados posteriormente por el gobierno estadounidense, el Glomar Explorer zarpó de Long Beach, California, en junio de 1974. Unas semanas después llegó a su destino, a unos 2.400 kilómetros al noroeste de Hawái, para iniciar la operación de recuperación.
Fue una operación increíble, una de las grandes proezas tecnológicas del siglo XX. Utilizaron un sistema que descendió casi cinco kilómetros hasta el fondo del Pacífico y lograron izar el submarino, aunque no pudieron recuperarlo entero. Consiguieron sacar una parte y subirla a través de una abertura en el fondo del propio barco. Después se trasladaron a unas instalaciones seguras y lo estudiaron. Fue un logro extraordinario.
La ingeniosa puesta en marcha del Proyecto Azorian fue un éxito, y la misión había permanecido en secreto. Hasta que un robo en las oficinas de Howard Hughes en Los Ángeles en 1974 acabó con la filtración a la prensa de un memorándum clasificado sobre el proyecto. A pesar de la atención pública que despertó el caso, todavía se desconoce qué llegó a recuperar realmente la CIA del submarino K-129.
¿Qué recuperó realmente el Proyecto Azorian? Seguimos sin saber muchas cosas, pero conocemos algunos detalles. Por ejemplo, según varias fuentes, Estados Unidos recuperó los restos de seis tripulantes. Lo sabemos porque fueron sepultados en el mar, y a principios de los años 90 se publicó un vídeo de la ceremonia. ¿Y qué más se recuperó? Ahí entramos en terreno incierto. No tenemos una respuesta definitiva.
Después de todos estos años, gran parte del Proyecto Azorian sigue siendo información clasificada. A finales de los 90 se publicó un libro titulado "Blind Man's Bluff", que sostenía que también se recuperaron mensajes cifrados, libros de códigos soviéticos, información sobre sistemas de guiado de misiles y otros documentos confidenciales. Puede ser, si Estados Unidos consiguió todo ese material, fue uno de los mayores éxitos de la CIA en la Guerra Fría. Es comprensible que no quisieran hacerlo público.
Tras la recuperación del submarino, se preguntó al gobierno por los resultados de la operación, y fue entonces cuando, por primera vez, el gobierno de los Estados Unidos respondió: "No podemos confirmarlo ni desmentirlo". Así que cada vez que oímos hoy esa expresión, estamos ante un legado de la operación del Glomar Explorer para recuperar el submarino soviético.
El Proyecto Azorian fue una ingeniosa forma de conseguir información de alto secreto a plena luz del día. Pero, ¿qué ocurre cuando una agencia cruza los límites y se convierte una fiesta de militares estadounidenses en un peligroso experimento radical? Hotel Staller, Nueva York, 28 de noviembre de 1953. Hacia las 2:00 de la madrugada, el gerente de este hotel del centro de Manhattan oye un golpe seco en la calle.
Al salir, descubre una escena espeluznante. Tumbado en la acera está Frank Olson, un respetado bioquímico de la CIA, al borde de la muerte tras caer desde una ventana del hotel.
Frank Olson era un bioquímico que, desde finales de los años 40 y principios de los 50, colaboraba muy estrechamente con la CIA en el desarrollo de armas biológicas. Al parecer, hacía un trabajo extraordinario, pero comentó que quería abandonar su profesión y dejar de trabajar para el gobierno. Lo siguiente que sabemos de Frank Olson es que cayó por la ventana de la habitación del hotel y que murió en la acera.
Según el informe policial, cuando el gerente salió a la calle, Olson seguía vivo e intentaba decir algo, pero murió antes de que llegaran los sanitarios. Su muerte fue registrada como un suicidio. Sin embargo, muchas personas que conocían a Frank Olson dudaban de que se hubiera quitado la vida.
La noche de su supuesto suicidio está rodeada de circunstancias muy sospechosas.
La inquietante mayoría de las familias tienen una intuición más profunda de lo que nosotros podemos hacer.
Olson atravesó corriendo la habitación, pasó entre las dos camas, se lanzó contra el cristal y cayó a la calle. Pero durante la autopsia le encontraron una herida en la cabeza. Parece que le dieron un golpe y después lo arrojaron por la ventana.
Frank Olson murió al salir despedido por una ventana que, según tengo entendido, estaba cerrada. ¿Cómo pudo ocurrir algo así a menos que alguien lo empujara? Además, creo que el gerente del hotel declaró que la operadora de la centralita oyó al compañero de habitación de Olson decir por teléfono algo así como: "Ya está, se ha ido". Así que si es verdad que la operadora escuchó esa conversación entre su compañero de habitación y otra persona, estaríamos ante un asesinato.
¿Qué ocurrió dentro de aquella habitación del décimo piso esa fría noche de noviembre? Nadie puede decirlo con seguridad, pero parece que el trabajo de Olson para la CIA tuvo algo que ver con su prematura muerte.
Frank Olson había participado en proyectos de alto secreto, primero para el ejército y después para la CIA, sobre todo en programas de guerra biológica. Había visto cómo el gas sarín y otras sustancias herían e incluso mataban a gente durante sus experimentos. Empezó a tener dudas sobre su trabajo con la CIA y se planteó marcharse. Creo que es posible que la CIA quisiera quitarlo de en medio para evitar que revelara lo que sabía.
Durante décadas, la idea de que la CIA estuviera implicada en la muerte de Frank Olson fue catalogada como una teoría de la conspiración. Pero en 1975, una comisión presidencial encargada de investigar actividades ilegales de la CIA en Estados Unidos hizo una revelación sorprendente. Encabezada por el vicepresidente Nelson Rockefeller, la comisión incluyó en su informe final un breve informe sobre un científico sin identificar al que se le habían administrado sustancias alucinógenas, concretamente LSD, unos días antes de que falleciera al caer por la ventana de un hotel de Nueva York.
La versión oficial que se dio después fue que había un grupo en el entonces llamado Camp Dietrich, en Frederick, Maryland, que participaba en varios proyectos de alto secreto relacionados con armas biológicas y químicas. Por algún motivo, nueve científicos fueron a pasar unos días a Deep Creek, Maryland, y durante una de sus reuniones organizaron un cóctel.
Sin que él lo supiera y sin su consentimiento, alguien echó en su bebida una enorme dosis de LSD. Frank Olson sufrió una experiencia terrible, y eso le afectó a nivel psicológico. Cuando regresó a casa, su familia enseguida notó que algo no iba bien. Apenas reaccionaba, estaba sombrío y taciturno.
Tras la publicación del informe de la comisión Rockefeller en 1975, el gobierno reconoció que el hombre al que habían administrado LSD era Frank Olson. El gobierno indemnizó a su familia con 750.000 dólares, y el presidente Gerald Ford les ofreció personalmente sus disculpas. Pero la pregunta seguía en el aire: ¿administró la CIA LSD deliberadamente a Frank Olson o fue un accidente?
Tiempo después se reveló una verdad estremecedora: Olson había participado, sin saberlo, en un programa de alto secreto de la CIA conocido como MK-Ultra.
MK-Ultra fue un programa que estudiaba cómo influir en la conducta humana. Para ello, emplearon distintas técnicas, muchas relacionadas con sustancias químicas, drogas y los llamados sueros de la verdad. Incluso utilizaron LSD para influir en la persona y alterar su conducta y sus decisiones. Todavía hoy, ese programa sigue envuelto en un gran secretismo.
Cuando apareció el LSD, en pleno auge de la Guerra Fría, se desarrolló el proyecto MK-Ultra por el que un gran número de personas fueron expuestas a esta sustancia. En muchos casos, se administraron dosis excesivas para estudiar sus efectos. Ese era uno de los objetivos del proyecto: evaluar el uso de drogas como método de control mental.
Es difícil saber si alguien murió como consecuencia de estos experimentos. Y lo irónico del episodio de Deep Creek, donde echaron LSD en los cócteles, es que las propias víctimas eran agentes de seguridad de muy alto nivel, y aun así nadie les dijo lo que iban a hacerles. Así que el caso de Frank Olson, que vivió aquella experiencia con LSD sin saberlo ni haber dado su consentimiento, está envuelto en capas y capas de secretismo.
Resulta inquietante saber que han existido programas científicos secretos que han manipulado peligrosamente a ciudadanos desprevenidos. Pero hubo otro caso de alto secreto mucho más elaborado, en el que se creó todo un ejército para ayudar a derrotar a los nazis. Pero ese ejército era solo una ilusión. Cuando pensamos en la guerra, solemos imaginar tropas en el campo de batalla y potentes armas.
Pero en el ámbito militar, a menudo las herramientas más eficaces no son las armas, los tanques ni las bombas, sino técnicas y operaciones secretas que incluyen el engaño.
En una guerra, ya fuera hace 1.000 años o en la actualidad, siempre vas a querer engañar al enemigo, sea como sea, para impedir que sepa dónde están tus fuerzas más poderosas o cuándo vas a atacar. Si consigues despistarlo aunque solo sea durante una semana o incluso unos días, conseguirás una gran ventaja. El engaño genera sorpresa, y la sorpresa es fundamental en el campo de batalla.
El general Wesley Clark me dijo una vez que todo comandante sabe que tiene que recurrir al engaño y que si no lo hace, perderá. Creo que eso resume muy bien la importancia del engaño en el arte militar.
Debido al uso del engaño, es posible que nunca sepamos qué operaciones de alto secreto se han llevado a cabo en el campo de batalla. Pero hay una que sí conocemos y que, por increíble que parezca, implicó el uso de un ejército fantasma. Normandía, Francia, junio de 1944. Mientras la Segunda Guerra Mundial asola Europa, las fuerzas aliadas se preparan para lanzar un ataque sorpresa con nombre en clave: Operación Neptuno, más conocido como Día D, la mayor invasión por mar de la historia.
Y el éxito del ataque depende de un plan secreto conocido como Operación Fortitude.
La Operación Fortitude fue un engaño para confundir a los alemanes y que no supieran dónde se produciría el desembarco del Día D. El plan era desembarcar en Normandía, pero querían que los alemanes creyeran que iban a desembarcar en el paso de Calais, la parte más estrecha del Canal de la Mancha.
Se dieron cuenta de que podían desviar parte de las fuerzas enemigas engañándolas. Para ello, crearon todo un ejército fantasma con campamentos vacíos. Se podía ver una zona de estacionamiento con una fila de camiones e incluso carros de combate Sherman, pero no eran reales. Eran réplicas hinchables utilizadas como señuelos.
Los aviones alemanes informaron de que había un ejército concentrado para cruzar el canal por otro punto. También se emitieron falsas transmisiones de radio para que fueran interceptadas y parecieran comunicaciones destinadas a coordinar el ataque. Con todo eso intentaban desviar la atención de los alemanes. Y lo cierto es que cayeron en el engaño muchas veces. Mientras los aliados desembarcaban el Día D, los alemanes mantenían la mayor parte de sus fuerzas en reserva para hacer frente al esperado ataque en el paso de Calais.
Gracias a eso, las fuerzas aliadas afianzaron su posición y avanzaron por el continente. Resulta sorprendente que un ejército de vehículos hinchables fuera clave para el éxito del Día D y la posterior victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿cómo se utiliza hoy el engaño en tiempos de guerra? Ucrania, marzo de 2022. Unas tres semanas después de que la invasión rusa desencadenara el mayor conflicto europeo desde la Segunda Guerra Mundial, aparece en Internet un vídeo en el que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, transmite un mensaje inesperado.
Lo que apareció en las pantallas parecía mostrar al presidente Zelensky ordenando a sus tropas que se rindieran.
"Deponed las armas y volved con vuestras familias".
Pero resultó ser lo que hoy llamaríamos un deepfake. Claramente, aquello era obra de los servicios de inteligencia rusos. Habían utilizado la imagen y la voz de Zelensky y las habían manipulado, quizá combinando imágenes reales de archivo con otro material para cambiar por completo el mensaje. Esto ya es una rama totalmente nueva de la guerra. El engaño siempre ha formado parte de la estrategia militar, pero ahora va a alcanzar un nivel completamente nuevo.
No creo que ese deepfake del presidente Volodymyr Zelensky engañara a mucha gente. Y hoy, solo unos años después, nos parece algo rudimentario. La tecnología de los deepfakes no para de mejorar y mejorar todo el tiempo. En determinadas circunstancias, podría ser una herramienta útil para engañar y manipular a la opinión pública.
Uno de los posibles futuros de la desinformación es el uso de inteligencia artificial para generar información falsa. Esa información podría provocar confusión y caos directamente, y haría que quienes la reciben cuestionaran todo lo que ven, dificultando el mando y el control.
Recordando ese ejército fantasma, hay quien dice: "Hoy no podríamos hacer algo así por la tecnología". Pero se puede, porque cada día la tecnología artificial es capaz de hacer más cosas.
El ejército fantasma de los aliados demostró que un engaño bien concebido puede cambiar el curso de una guerra. Pero hay otro proyecto de alto secreto que intentó transformar el campo de batalla, convirtiendo el clima en un arma. La Guerra de Vietnam. En las densas selvas del sudeste asiático, las fuerzas norvietnamitas trasladan hombres y suministros a través de una extensa red de rutas ocultas, conocida como la Ruta Ho Chi Minh.
Para el ejército estadounidense, detener ese flujo se convierte en un objetivo prioritario. Pero en la densa jungla, las tácticas convencionales no son suficientes.
Uno de los factores sorprendentes de la Guerra de Vietnam es que las fuerzas comunistas de Vietnam del Norte se infiltraban en Vietnam del Sur para enfrentarse al ejército de la República de Vietnam y a las fuerzas estadounidenses. Para infiltrarse, utilizaban la Ruta Ho Chi Minh. Pero durante la estación lluviosa, los caminos quedaban arrasados por las lluvias y se volvían intransitables. El ejército estadounidense llegó a plantearse si sería posible prolongar dos meses la estación lluviosa.
Así dificultarían el uso de la Ruta Ho Chi Minh por parte de los combatientes durante más tiempo, lo que debilitaría a las fuerzas enemigas.
¿Qué llevó al ejército estadounidense a pensar que podía alterar la naturaleza y prolongar la temporada de monzones? En 1947, el gobierno de Estados Unidos había comenzado a experimentar con la modificación del tiempo mediante una técnica conocida como siembra de nubes, que consiste en dispersar sustancias como yoduro de plata en las nubes para provocar lluvia. Durante la Guerra de Vietnam, esta controvertida técnica se utilizó en un programa ultrasecreto con el nombre en clave de Proyecto Popeye.
El Proyecto Popeye era altosecreto. La información estaba restringida al entonces presidente Johnson, al secretario de Defensa Robert Magnamara y al general Wes Morland al mando de las fuerzas militares. En Vietnam, nadie sabía nada. Pensaban: "Este año el monzón ha sido especialmente intenso. Había tanto en juego que intentaron que funcionara sin contárselo a nadie".
Obtuvieron resultados con la Operación Popeye. Utilizando aviones como el C-123 Provider o el C-130 Hércules, sembraban las nubes y conseguían que lloviera cuando querían. Convirtieron el clima en un arma de guerra. Gran parte de esa información sigue clasificada como altosecreto, aunque eso acabará expirando, y entonces sabremos cómo modificaron el clima para obtener ventaja en el campo de batalla.
Aunque se desconoce el verdadero alcance del Proyecto Popeye, la siembra de nubes ya no es ningún secreto. China utilizó esta tecnología durante los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 para evitar que la lluvia interrumpiera las pruebas al aire libre. Si algunos países utilizan abiertamente técnicas de modificación del clima, ¿qué nuevos programas de altosecretos estarán desarrollando para alterar la atmósfera del planeta?
El clima siempre ha sido un factor crucial en las guerras y batallas. Imaginemos que un gobierno pudiera crear un huracán de categoría 5 y hacer que golpeara una gran ciudad, y después atribuirlo a un fenómeno natural. Tornados, terremotos, las posibilidades son aterradoras.
Recientemente, la Federación Rusa ha amenazado con desarrollar y desplegar un torpedo atómico, un torpedo con una ojiva nuclear. Si detonara a pocos kilómetros de la costa, cerca de una ciudad, podría generar una ola de entre 12 y 18 metros de altura que golpearía y devastaría esa ciudad costera. Es fácil entender que aprovechar el poder de la naturaleza podría causar daños inimaginables al enemigo.
Resulta inquietante pensar que los gobiernos estén desarrollando en secreto tecnologías de guerra meteorológica capaces de provocar una destrucción masiva. ¿Es posible que las señales de esos experimentos ya estén presentes en el cielo?
Si alguna vez has mirado al cielo y has visto enormes estelas blancas, nubes de aspecto artificial que cruzan el horizonte, son estelas de condensación. Se forman por la condensación del vapor de agua que expulsan los motores de los aviones. Hay quienes creen que esas nubes contienen sustancias químicas que controlan nuestra mente, nuestra salud y el clima. ¿Hay proyectos de alto secreto en marcha? No soy partidario de las teorías de la conspiración, pero es posible que las más altas instancias estén intentando llevar a la práctica ciertas técnicas para controlar el clima sin que nos demos cuenta.
20 de julio de 1969. Tras un viaje de 76 horas, el módulo lunar del Apolo 11, el Eagle, aterriza en la Luna. Poco después, el astronauta Neil Armstrong sale de la nave y se convierte en el primer ser humano en pisar otro cuerpo celeste.
Al principio, la carrera espacial fue una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética por ver quién llegaba al espacio y quién tenía más capacidad tecnológica. En las primeras etapas, los soviéticos iban por delante. Fueron los primeros en poner en órbita un satélite artificial y en enviar un animal y un ser humano al espacio. Pero Estados Unidos es el único país que ha llevado astronautas hasta la Luna. Fue una proeza tecnológica que los soviéticos no podían igualar.
Sin embargo, pese a este logro histórico, seguido por millones de personas en todo el mundo, empezó a surgir otra versión de los hechos: que la misión lunar había sido un elaborado engaño.
En la historia de los grandes secretos, hay pocos casos comparables al alunizaje de 1969, y está muy extendida la teoría de que Estados Unidos nunca llegó a la Luna. Lo cierto es que hubo una serie de anomalías que dieron pie a pensar que todo había sido un montaje.
Se señala que la bandera parece ondear, pese a que no hay viento en la Luna, o la peculiar forma de moverse de los astronautas. Algunos van más allá y sugieren que Estados Unidos pudo grabarlo todo en un estudio de cine. A eso se suma que parte de las imágenes originales, que deberían estar entre los documentos más preciados de los archivos nacionales, al parecer han desaparecido. Y, por supuesto, el secretismo alimenta las teorías de la conspiración, porque cuando falta información, la gente intenta llenar los vacíos.
La idea de que el alunizaje del Apolo 11 fue escenificado resulta difícil de creer. Pero en una época marcada por el secretismo y la propaganda, si una superpotencia tenía motivos para atribuirse la victoria, la otra tenía motivos para sembrar dudas.
Hay quienes sostienen que Estados Unidos quería intimidar a la Unión Soviética fingiendo que tenía la capacidad tecnológica para llegar a la Luna, aunque en realidad no dispusiera de ella. Un sector de la población estadounidense cree que el alunizaje fue falso.
La carrera espacial fue una guerra propagandística, y el alunizaje estadounidense podría considerarse el punto culminante de esa batalla propagandística de la Guerra Fría. Fue una gran victoria para Estados Unidos y una gran derrota para los soviéticos. Es comprensible que los soviéticos alimentaran los rumores de que el alunizaje había sido un montaje.
Cuando hablamos de guerras secretas, la batalla no siempre se libra con armas, sino con información. Y en esa batalla, hasta la propia verdad puede convertirse en una víctima.
Cuando hay mentiras, es difícil encontrar la verdad. La filosofía del engaño puede verse como una partida de ajedrez entre dos bandos. Al final, gana quien resulte más convincente.
El secretismo transmite a la gente la sensación de que se está ocultando algo. Y así es. Debido a eso, uno se pregunta qué cosas aún no han salido a la luz. Podría ser cualquier cosa. Las posibilidades son infinitas.
¿Fue el alunizaje solo un engaño magistral? Se crea o no en esa teoría de la conspiración, demuestra hasta qué punto el secretismo puede distorsionar y enturbiar incluso nuestros mayores logros. Aunque quizá sea precisamente el objetivo. Desde operaciones encubiertas y tecnologías misteriosas hasta peligrosos experimentos y fuerzas fantasma. No cabe duda de que los proyectos de alto secreto han moldeado la historia de forma sorprendente.
Y por cada operación que ha salido a la luz, hay muchos planes clandestinos y misiones misteriosas que permanecerán para siempre entre lo inexplicable.
Proyectos ultrasecretos
A lo largo de la historia, distintos gobiernos han llevado a cabo proyectos tan secretos como sorprendentes. Desde aeronaves experimentales y elaboradas operaciones de engaño hasta controvertidos programas desarrollados al margen del conocimiento público, muchas de estas iniciativas permanecieron ocultas durante años.