Este episodio viaja a la Pompeya romana para explorar cómo vivían sus habitantes: sus calles con pasos de peatones, sus tabernas, sus baños, sus lupanares y las costumbres sociales que marcaban la vida cotidiana. Los presentadores repasan también los enfrentamientos violentos que estallaron en la ciudad, como la pelea en el anfiteatro entre pompeyanos y nucerinos, y el terremoto del año 62 que, según el relato, fue un aviso de lo que vendría.
Por último, reconstruyen el día de la erupción del Vesubio en el año 79, la huida de los habitantes, la figura de Plinio el Viejo y cómo los moldes de yeso revelaron las últimas horas de las víctimas. Los oyentes conocerán tanto la vida diaria como el desastre que dejó la ciudad sepultada durante siglos.
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Bienvenidos al podcast número 110, bienvenidos al nuevo podcast de Black Mango. Hoy vamos a hablar de una de las ciudades más famosas de la historia: Pompeya, un lugar en el que todavía a día de hoy puedes caminar por las mismas calles por las que caminaba la gente hace casi 2.000 años. Y ya que hoy vamos a viajar hasta Italia, hay algo que siempre viene bien cuando sales de tu país: saber idiomas.
Porque una cosa es saber 4 palabras y tirar del traductor cuando te hace falta, y otra muy diferente es poder hablar de verdad con la gente.
Y qué mejor forma de aprender que con un profesor a tu lado, que te corrige, que se adapta a tus niveles y tus objetivos, y que prepara clases que de verdad te interesan. Pues eso mismo es lo que te da Preply, una plataforma online donde aprendes idiomas con clases individuales, es decir, de tú a tú, uno a uno, y con profesores reales. Porque no es lo mismo tener que aprender idiomas para viajar que para trabajar, estudiar o simplemente ver una película sin tener que estar viendo los subtítulos todo el rato.
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Y ahora volvemos al pasado, volvemos a una época grandiosa, porque es una época que está preparada y construida por y para el hombre. Y eso es porque no hay nada más macho en esta vida que ver un combate a muerte entre dos hombres que van con un taparrabos y llevan sus pectorales sudados descubiertos, peleando en una arena llena de miles de personas que se están dejando la garganta, gritando: "¡Acábalo! ¡Acábalo! ¡Arráncale la puta cobeta! ¡Eso es!"
¡Vamos!
"¡Eso es!" Y después toda esa energía la descargas, ¿sabes dónde?
En la cama.
Exactamente.
¡Hostia!
En los burdeles, en esas habitaciones oscuras, pequeñas, rodeado de mujeres saliendo sudando olor a macho, que parece que sales de una sauna en realidad. Y después terminar el día relajándote, por supuesto. Si estamos en el Imperio Romano, solo hay un único sitio donde te puedes relajar.
En el balneario, ¿no?
Exactamente.
Madre mía.
En las termas de agua caliente, completamente desnudo, enseñando tu cuerpo escupido, esculpido por los dioses, por supuesto, acompañado de otros hombres rozando bíceps, rozando glúteos, diciéndole que te ayude a limpiarte la espalda. Y después terminar el día con un masaje completo, por supuesto, por las manos de otro hombre.
¡Hostia! ¿Sí?
Exactamente. Volvemos de nuevo al Imperio Romano. Y en el podcast de hoy vamos a adentrarnos en la vida de una de las ciudades más exitosas de todo el Imperio. Una ciudad donde no solamente vamos a ver cómo vivía la gente, sino que vamos a vivir cada uno de los eventos que ocurrieron en este sitio, porque no fue uno solo, fueron varios.
Claro, porque hay uno que sí que fue el más famoso, que todo el mundo está aquí esperando.
Exactamente, todo el mundo está esperando a que llegue ese momento. Pero antes de que llegue ese momento, hay que explicar los eventos que ocurrieron antes, porque uno de esos eventos es el que desencadenó el evento que todo el mundo conoce.
Vale.
¿Vale? Por tanto, poneos cómodos, porque ahora mismo tenéis en vuestras manos el documento de ciudadanía que os acredita como ciudadanos romanos de Pompeya.
¡Hostia! Entonces, espera, que me voy a poner cómodo, voy a dejar esto por aquí y vamos allá.
Perfecto. Ahora, un consejo: antes de adentrarnos por las murallas de Pompeya, disfrutad todo lo que podáis de esta ciudad antes de que sea tarde.
Bueno, ya me estás viniendo con turmiardas. Aún no hemos empezado, déjame disfrutar, cabrón.
Yo te aconsejo: no te guardes lo que te apetezca para el día de mañana, porque quizás el día de mañana es el último.
Claro, es que lo pintaste, a ver, hay partes muy bonitas, hay otras que, bueno, para algunos sí, para otros no.
Vale, vale.
Vale, el tema es: ¿a ti te gustan esas partes?
Sí, hay que probar de todo.
¡Hostia, muy bien!
Ya que vas de romano, pues hay que experimentar la vida de los romanos.
Muy bien, muy bien. De principio a fin, ¿eh?
Exactamente.
Vale, vale, vale.
Hasta el final vamos real, no se eche uno atrás.
¡Hostia!
Bueno, bueno, bueno, bienvenidos a Pompeya, una ciudad donde fuera de las murallas vais a estar escuchando lo que es el ruido de la gente, vais a estar escuchando el bullicio, el ajetreo. Es una ciudad que está cargada de vida y aún por encima tiene vistas tanto al mar como a la montaña. ¿Vale? Porque por un lado tenemos el mar Tirreno, que es un mar de donde se traen un montón de cargamentos de otros lugares del mundo, sobre todo el aceite español.
Hombre, ¿de dónde iba a ser si no de España?
Exactamente, se cargaba muchísimo aceite de España. Y por otro lado tenías las majestuosas vistas del monte Vesubio. Un monte que tú lo ves, sí, es majestuoso porque todas sus colinas están completamente llenas de verde. Desde la propia ciudad, vosotros podéis ver un montón de villas de gente rica que tiene construida allí sus casas con un montón de murallas, con la típica infinity pool, ¿vale? Una piscina ahí de la hostia, y al lado un montón de viñedos, un montón de olivos, un montón de cereales plantados.
Porque la gente no sabía por qué, pero por algún extraño motivo, las colinas de ese monte, lo que era la tierra, era demasiado fértil. Daba, pues, alimentos de demasiada calidad, muy buenos.
Claro, ahora sabemos un poco el porqué.
Ahora sabéis por qué, pero esa gente no tenía ni idea en su momento. ¿Vale? El tema es que con todos esos alimentos los cargaban en carros de burros, de caballos, de mulas, y los metían dentro de la ciudad para venderlos en el mercado. Porque Pompeya vivía completamente del comercio. Era una ciudad súper exitosa, tenía muchísima gente de fuera que venía a comprar únicamente al foro de Pompeya, al mercado. ¿Vale? Por tanto, si nosotros nos colocamos en la entrada de la ciudad, primero vamos a ver que es una ciudad jodidamente enorme.
Está completamente fortificada, amurallada con piedra caliza, con esos muros que son como de color beige, que pegan muy bien con la paleta de colores de Pompeya, que son todo blancos y rojos, que es lo característico del Imperio Romano, es el rojo.
Sí.
Por el ladrillo y sobre todo por lo blanco de la piedra caliza. Y vamos a ver que a lo largo de las murallas hay un total de siete entradas.
Vale.
Si nosotros nos colocamos en cada una de las siete entradas, da igual, vamos a estar escuchando ya el ambiente de la gente dentro. La típica verdulera gritándote, la pescadera, vamos a escuchar la risa de la gente, vamos a escuchar el bullicio, el trote del caballo. Porque una cosa buena que tenía Pompeya era que toda la ciudad, toda, hasta cada rincón, estaba completamente pavimentado.
¡Hostia!
Todo estaba pavimentado con losas de basalto. ¿Vale? Por tanto, si nosotros entramos, es cierto que de primeras parece que las calles son bastante estrechas, pero realmente estaba bien organizado.
Vale, nosotros somos romanos en ese momento, ¿no?
Sí.
Estamos entrando, ¿vale?
Exacto.
Entonces vamos a describir todo como si estuviéramos allí.
Mira, ya de primero tienes que tener cuidado por dónde andas, porque en Pompeya está la carretera y está la acera. ¿Vale? No es toda una única calle seguida. No, no, no. Hay carretera, está la calzada y luego está la acera. La gente anda por la acera. La carretera está únicamente pensada para los carros. Los carros de caballos, de burros, de mulas. El problema está en que si quieres ser un ciudadano romano, pues dentro de nada ya vas a ver hostias. ¿Por qué? Porque era muy típico que como Pompeya entraba muchísima gente de fuera, las calles eran tan estrechas que a veces eran de un único sentido.
Y la gente no lo sabía. Entonces te viene el de fuera, se mete por la calle que no debe, en sentido contrario, y justo se va a encontrar con otro conductor que viene con su caballo cargando un montón de cereales y ya dice: "Bueno, este ya se ha metido mal". Y no te creas que el que se ha metido mal va a rectificar y va a echar para atrás los caballos. No, no, no, no. Ese tío dice: "No, no, es que yo vengo de cargar todo el cargamento en el mercado, yo no voy a echar para atrás". Porque aparte dile tú al caballo que ande para atrás.
No, no, no, qué va.
No lo va a hacer. Entonces, ¿qué pasa? Que el que está yendo bien no va a corregir porque está yendo bien y le empieza a insultar al otro. Y el otro cuando le insultan se rebela. Porque aquí todo el mundo tiene carácter. "¿Me insultas? ¡Te insulto yo a ti! ¿Me gritas? ¡Yo también sé gritar!" Y al final dice: "Ah, sí, ven aquí". Baja, el otro baja.
A ver si nos damos de hostias ya, ¿eh?
Pues eso es lo que va a pasar ahora mismo.
Pues nos damos de hostias, efectivamente.
Y el que pierda va a ser el que tiene que quitar el carro del camino.
Me parece bien.
Así es como hacían.
¿Y si salimos y?
Venga, un momento, venimos ahora.
Venimos ahora, venimos ahora.
Pues esa era la solución que tenía. Muchas veces con las palabras no se solucionaban las cosas. Por tanto, un conductor se bajaba del carro, el otro se bajaba, se hinchaban a hostias, y el que perdía era el que después tenía que descargar todo el cargamento y colocar el carro en la acera para dejar que el otro pasase.
¡Hostia, pues eran buenos tiempos!
Eran.
Quiero decir.
Qué buenos tiempos, ¿eh?
Una hostia de tiempo.
Claro, quiero decir, si lo hacen de darse de hostias y ya está, no con pistolitas ni mierdas de esas, no, no. Mira, tú dices algo y yo digo algo. Nos damos tres, cuatro hostias y quien pierda.
El que quede en pie es el que tiene razón.
Exacto.
Es tu época, es tu época.
Hay que volver al pasado, loco.
Hay que, hay que, qué viejos tiempos, ¿eh?
Sí.
Cuánto hubiera cambiado muchas cosas hoy en día. Bueno, volviendo al tema, ¿vale?
Sí.
Porque otro dato muy curioso, si vosotros camináis por las carreteras, vais a ver algo muy extraño, porque hay como una especie de bloques de basalto que están elevados en la carretera y están colocados en horizontal. Dices tú: "Coño, hoy en día parece ser que son...". Bueno, hoy en día tú los ves y es como los típicos tubos para que los coches no pasen.
Claro, como que quieren cortar, pero para los vehículos.
Exacto. Tú piensas que es eso, pero en realidad no, porque esos bloques están colocados perfectamente para que el espacio entre bloque y bloque pueda pasar la rueda del carro. Entonces dices tú: "Hostia, entonces eso qué es?". Bueno, esos son los pasos de peatones.
¿Qué me estás contando?
Tienen pasos de peatones en Pompeya y son muy originales, porque están elevados, están un poquito más elevados a la altura de la carretera por algo. Eso es porque Pompeya se construyó en una pendiente. Pompeya está construida con una pendiente de norte a sur. Y esto es la hostia, porque cuando llueve, todo el agua de la lluvia corre por la carretera. El agua de la lluvia, el agua de las termas, el agua de las fuentes, corren por esas carreteras y para que la gente no se moje los pies, lo que hicieron fue levantar las aceras unos centímetros más altas.
Coño.
¿Vale?
Qué listos eran ya.
Entonces, si quieres cambiar de acera cuando está corriendo el agua, tienes esos bloques que están un poco más levantados, entonces haces pim, pim, pim y cruzas de acera sin mojarte los pies. Esos eran los pasos de peatones.
¡Hostia!
¿Vale? Y esa agua, esa idea estaba muy original porque mantenía un poquito más limpia la ciudad. Tú imagínate que viene el típico carro con caballos y te dejan toda la mierda tirada en la carretera.
Claro.
Claro, viene la oleada de agua, arrastra toda la mierda del caballo, del burro, de la gente, porque había mucha gente que cagaba en la calle.
Sí.
Sí, porque la bebida que más estaba de moda era el vino. Entonces el vino te emborrachas y, bueno, cuando estás borracho.
Ah, claro, porque lo dices de borracho.
Exacto.
Hoy en día un borracho todavía lo hace.
No, las costumbres... bueno.
Tú en fin de año.
No, no, no, es broma.
Mentira.
Es broma, es broma. Entonces todo ese agua arrastraba la mierda. Y de hecho había una costumbre que era que muchas veces la gente, para ir a los baños, como las casas no tenían baños, habían los típicos baños comunitarios.
Ah, sí, eso sí que lo había, ¿no?
Baños comunitarios, pero dentro de la propia casa muchas veces no había baño. Tenían un orinal cuando querían mear, porque es lo típico de: "Bueno, ahora tengo que bajar, meo en el orinal". Y para vaciar el meado del orinal esperaban a que viniese esa corriente de agua para echar el meo y que fuese hasta el final de la ciudad.
Y si no llovía?
Si no llovía, entonces te tenías que bajar y tirarlo en el pozo o algo.
¿Vale?
O tenías que vaciarlo tú a mano.
O de noche, cuando pasaba el vecino cabrón.
Se lo tiraba desde la ventana.
¡Hostia!
Ya viene refrescado. El tema es: si nosotros nos metemos directamente por las puertas de Pompeya, primero ya nos va a venir ese olor a vino, ese vino que os he comentado, pero una barbaridad.
Mi madre.
Sí, sí, sí. Eso es porque en Pompeya había la hostia de tabernas. Había más de 150 tabernas en toda la ciudad. Y tiene un motivo, porque la gente no come en las casas. Las casas muchas veces son tan pequeñas que no tienen cocina. Y si dispones de cocina, de nuevo, es cocina comunitaria. Son cocinas que están al lado de tu edificio y son simplemente hornos donde tú metes la comida y la calientas. Pero muchas veces la gente no tenía tiempo para eso, entonces se iba a las tabernas para disfrutar de su guiso, disfrutar de sus lentejas, de su pescadito a la brasa, de su carne, de lo que tuvieses con el dinero que disponías.
Es como España hoy, con los bares. Hay un bar cada 15 metros.
Exactamente.
Pues el romano, pues se nota que estuvo en España.
Sí, sí, sí, sí.
Tal cual. Entonces tú podías ir a la taberna, tenías tu comida, tenías tu vino, que era lo que más se bebía, y después empezabas a trabajar en los mercados. De hecho, las casas en Pompeya todas eran prácticamente de dos plantas. Y como el mercado, como el comercio era lo que más vendía, lo que más dinero daba, siempre que pudieses hacías un local justo debajo de tu casa. Es decir, reformabas lo que era la primera planta para hacer, pues, un taller, para hacer una taberna, para hacer un puesto para vender verdura, para vender carne, pescado, lo que sea, con tal de vender un producto.
Eso garantiza mucho dinero. Claro, entonces por eso todo Pompeya estaba llena de mercados y de puestos.
Pero tenía que ser muy turístico.
Era muy turístico.
Claro.
Tenía mucha gente de fuera, sí, sí, sí, sí. Ahora, un dato muy curioso es que para promocionar, claro, tú imagínate que construyes tu puesto.
Venga, voy a construirlo.
Tu puesto de qué? ¿Una sex shop? ¿Te parece bien?
No, no, no, no.
Allí está muy bien ese. Ay, te juro que funcionaría, ¿eh?
¿Qué dices, hombre?
Sí, sí, una sex shop en Pompeya funcionaría muy bien.
Bueno, voy a empezar con armas.
Armas.
Y si tengo que cambiar, pues oye, el dinero.
El dinero es herrero.
Exacto.
Muy bien.
Soy herrero.
Eres herrero, claro, ahora tienes que promocionar tu negocio.
Vengan a mi herrería.
Claro, hoy en día, pues tú sales por la calle y ves pancartas a lo mejor con "Herrería Pablo", ¿no?
No, no, ¿sabes lo que haría? Te vestiría a ti con mi traje y te molería a palos. Y luego te quitaría el traje. "Aquí está, fresco como una rosa".
Sigue de pie, ¿no? Pues es que la armadura.
Sí, sí, no me ha dolido nada.
Oye, yo creo que venderíamos, pero muchísimo.
Bueno, serías original.
Claro.
Serías original. Pero allí, así como hoy en día para promocionar tu negocio, bueno, está Internet, pero muchas veces la gente sale y publica con carteles en las calles, con pancartas. Pues allí se hacía lo mismo, pero con escritos. Como el color que caracteriza al Imperio Romano es el rojo.
Sí.
Y como las paredes eran blancas, entonces se utilizaba la pintura roja para escribir en las paredes y promocionar tus negocios, anunciar eventos o dar avisos.
Pero, ¿en qué paredes? ¿Las de mi casa o?
Sí, cualquiera.
Ah, yo podía ir por ahí.
Exacto. Tienes Fabián de vecino, la pared está limpia. Bueno, pues ahí patrocinas tu comercio, tu taller.
Exactamente. Y sin rechistar, ¿eh?
No, no, allí no, no, no, rechistar no.
Vale, vale, vale.
De hecho, tú podías encontrar, pues imagínate, colocas tu escrito, ¿no?
Sí.
"Herrería Pablo", tal, y justo al lado ya ves que hay una persona, pues una persona del concilio que está poniendo: "Batalla de gladiadores, main event. Celadio, el tracio", y entre paréntesis "el suspiro de las chicas", porque era el gladiador estrella de Pompeya. Y abajo: "Contra Marco Atilio, el murmilón, no te lo puedes perder. Ya en el anfiteatro".
¿El murmilón?
El murmilón, le llamaban así.
Ah.
Era el apodo que tenía cada gladiador. Y a lo mejor, pues veías como todo ese mensaje estaba copiado constantemente por todas las paredes. Pero ya te aviso que la mayoría de los escritos que había en Pompeya no eran de ese estilo.
¿No?
No. La mayoría de escritos que había en Pompeya eran avisos.
Ah, pensé que ibas a decir de los tuyos, de sex shop, no sé qué, como dijiste eso.
No, no va tanto por ahí.
Vale.
Pero sí que va por ahí encaminado, pero la mayoría eran avisos. Avisos e incluso insultos. "Como te vuelva a ver cagando en la entrada de mi casa, te juro por Venus que te meto un bloque de hormigón por el culo".
¡Hostia!
¿Vale? Y justo abajo ya veías al típico chavalín con la pintura roja contestándole, poniendo la típica gamberrada. "El que escribió encima de mí la chupa". Y se larga corriendo. Eso estaba constantemente por todos lados en Pompeya.
Sí.
Una barbaridad de vandalismo, de grafitis, de insultos, de gritos, insultando a otras ciudades, metiéndose con ellos. Eso era constantemente lo que ibas a leer por todo Pompeya.
Nada ha cambiado.
Nada ha cambiado, nada ha cambiado. Y de hecho, cuando hablemos de los dibujos que hacían, porque sí, hoy en día te hacen grafitis y hay grafitis muy bonitos, pero allí te hacían dibujos. Y dibujos que, bueno, cuidado.
Un pene.
Sí, no, ya hablaremos de eso. Hay cosas que nunca cambian.
Nunca cambian.
Vale. De hecho, también había la costumbre de, así como tú hoy en día vas a ir a comer a un restaurante y miras las reseñas, pues tú allí a lo mejor te levantabas y decías: "¡Hostia, cómo me entra hoy un guiso!". Entonces había gente que aprovechaba y cuando salía de comer de una taberna escribía su reseña al lado de la taberna. Y dices tú: "Bueno, me apetece un guiso, voy a ver en esta taberna, a ver. El guiso tuyo no lo comen ni los perros". "Bueno, por lo que sea, en esta taberna no voy a comer guiso".
¡Hostia!
Dices: "¡Hostia, me apetecen más unas lentejas!". "A ver esta taberna de aquí, a ver las reseñas. La mierda que cago tiene mejor pinta que tus lentejas". Buf, está complicada.
Tampoco voy ahí.
Tampoco voy aquí. Bueno, quizás un vino, una copita de vino. "El agua de la cloaca sabe mejor que el vino que sirve este hijo de puta". ¡Hostia, joder! Es que últimamente las tabernas, claro, hay tantas que no puedes tener calidad en todas.
Ya, pero habría alguna buena, me cago en el...
Sí, hombre, de 150 o más lo será, que no haya 20 que valgan la pena.
Vale.
El tema es que había muchísimos escritos de ese estilo. Pero si nosotros continuamos andando por las calles y nos metemos más adentro de la ciudad, el ambiente ya se nota que va ganando cada vez más. Porque las calles ya son más amplias, los propios edificios ya tienen mejor pinta, son más altos, más amplios, están mejor decorados. De hecho, nos vamos a encontrar, pues ya con el anfiteatro, donde hacían estas batallas con animales, con gladiadores. Los propios teatros, donde la gente exponía sus obras. Vamos a encontrarnos con los burdeles, vamos a encontrarnos con las termas, los balnearios.
Vamos a encontrarnos con muchas lavanderías. Y de hecho, la lavandería es una profesión muy curiosa, porque claro, la gente allí claramente tenía su higiene, lavaba la ropa. El tema es cómo lavaba la ropa.
Con agua, no.
Allí necesitas un detergente, necesitas amoníaco. Y curiosamente, el meado te da amoníaco.
Escuché eso, mira.
¿Sí?
Sí, sí.
Allí lo que tenían, la costumbre que tenían para utilizar el detergente, para sacar el amoníaco, era en un barreño, tú meabas y lo que se hacía con esa orina era fermentarla para extraer de ella el amoníaco. Y luego metían toda la ropa dentro, pero no la lavaban con las manos, la lavaban con los pies. Como quien pisa las uvas para hacer vino. Tiraban toda la ropa dentro, luego se descalzaban y empezaban a pisar la ropa mezclándola con la orina y empezaban a echar arcilla, ceniza, como quien echa suavizante en la lavadora.
O sea que si un borracho sale de fiesta y se mea encima, en teoría eso va a ayudar a que la ropa quede mejor lavada.
Bueno, no, ya tienes.
Según los romanos.
Ya tienes medio trabajo hecho.
Claro, sí.
Lo que pasa es que después, claro, esa ropa después se la entregaba a la gente y no podía apestar a meado.
Ya, hombre.
¿Qué hacían? Ahí sí, ahí la lavaban constantemente con agua. Le daban una pasada, dos, tres. Dependiendo de la clase a la que pertenezcas, le doy más pasadas o menos.
Hombre, claro, depende de lo que pagues.
Exacto. Si eres un pobre diablo, bueno, con tres pasadas está más que listo.
Y a lo mejor ni tres.
Ya la lavas tú en tu casa, ¿vale? Ahora, si ya eras de la clase alta, bueno, si hay que darle 200 pasadas, se le dan 200 pasadas. Con tal de que el cliente quede limpio y vuelva mañana, me aseguro un cliente. Ahora, tú llegas al corazón de Pompeya, y eso ya es otra historia. Llegas al foro. El foro es el lugar más amplio, es el lugar más bonito, es el más espacioso de toda la ciudad. Es una plaza enorme. Una plaza que en el centro ya tiene su templo, porque bueno, vais a ver un montón de templos a lo largo de Pompeya. Pero el templo característico es el que está en el foro, en el centro, es el templo de Júpiter.
Júpiter es como Zeus, básicamente, según la mitología romana.
Vale.
Y al lado del templo de Júpiter es donde te ibas a encontrar el mercado. Estaba siempre lleno de gente, porque era la zona más espaciosa, donde golpeaba el sol, donde tenías mejores vistas, y sobre todo donde la gente venía a tocar su música. Había muchísimo músico callejero.
Ah, vale, eso te iba a decir. Rollo que sea, ellos se ponen y tú le das una moneda si quieres.
Y le tiras unas monedas. Esa gente, su sueño es básicamente que algún día pueda tocar esa música en el teatro.
Claro.
Luego tienes las termas, tienes los edificios públicos, que es, por ejemplo, la basílica. La basílica era como una especie de Partenón enorme, con un montón de pilares donde dentro se hacían las votaciones. Si había que, por ejemplo, hacer un juicio por un criminal, se juzgaba dentro de la basílica. Y sobre todo, alrededor del foro es donde se encontraban la mayoría de la casa de gente rica, las casas de gente rica.
Vale.
Las domus, las domus romanas, ¿vale? Y una curiosidad que seguramente os va a sorprender es que todas las casas de los ricos estaban abiertas.
O sea, ¿todo el mundo podía acceder?
Todo el mundo podía acceder a la casa de un rico. Ahora, dependiendo de quién seas, te va a atender una persona u otra. Si eres un familiar, si eres una persona conocida por la familia que vive allí, quien te va a atender en la recepción es el esclavo. El esclavo te va a decir: "Ah, sí, don Venganito, venga por aquí. Yo ahora mismo le llevo hasta el jardín y le digo a mi dueño que quede con usted, que le está esperando allí".
Hostia, "a mi dueño", suena raro.
Claro, es un esclavo. Ahora, si entra otra persona para robar.
Si entra ese.
Si entra este, se va a encontrar con otro tipo de persona. Bueno, otro tipo de persona se va a encontrar con un perrete.
Un perrete, perro o perrete de persona?
Perrete que parece una persona, del tamaño que tiene, ¿vale? Se va a encontrar con el guardia de seguridad, el segurata. Y la raza de perros que tenían allí, tú lo ves de cerca, impresiona, ¿vale? La raza se llama exactamente un molossus o canis pugnax. Si lo quieres buscar a día de hoy, buscas can corso.
Vale.
¿Vale? Y el can corso, te digo que es a la altura del rottweiler, a la altura del dogo argentino. O sea que, cuidado, es un perro protector y si hace falta te salta la yugular.
O sea que no le iban a quedar ganas de volver a entrar.
No, no, no, no, no, no, no, no.
Basurilla.
Basurilla.
Basurilla. Él lo dice aquí, pero luego: "Ay, que me persigue un perro".
Y sabes un dato muy curioso? Muchos ricos tenían un mosaico en la entrada donde tenían la figura de un perro negro y abajo había una inscripción. ¿Qué crees que pone?
"Alerta, cuidado, perros".
"Cuidado con el perro".
¡Hostia! Es que ves la visión, ¿eh? Sin saberlo, es que ya lo sabía. Es que es igual que hoy.
Exactamente. Esa tradición de colocar como una pancarta al lado de tu casa que ponga "Cuidado con el perro", porque adentro hay un perro suelto.
Y hay un chihuahua.
Cuidado con el chihuahua.
No, ya, ya, sí.
Que a veces el chihuahua tiene rabia.
Quiero decir, una patada y va el chihuahua a tomar por culo, ¿eh?
Cuidado con el perro que no lo pises, igual.
Claro.
Pues esa tradición de colocar una especie de pancarta que ponga "Cuidado con el perro" en esas casas de aldea, de pueblo, venían de la antigua Roma.
¡Hostia!
O sea, son costumbres que incluso se fueron transportando hasta día de hoy.
Pero tenemos muchas costumbres, ¿eh?
Sí, sí, sí, muchas costumbres. Y ahora podemos meternos en una costumbre que nunca va a desaparecer, ¿vale? Da igual lo mucho que pase el tiempo, el mundo del sexo va a seguir en pie, va a ser un oficio aunque no esté reconocido. En el Imperio Romano sí que estaba reconocida, la prostitución estaba reconocida. Y os va a sorprender mucho lo que os voy a decir ahora. Porque aunque no esté reconocida como tal, para mí Pompeya es la capital del sexo.
Pero eso, ¿por qué?
Porque tú vas andando por las calles y la cantidad de falos, de representaciones, de escenas eróticas, de escritos obscenos eran una salvajada.
Pero eso a lo mejor era de los chavales que: "Escribo un pene".
No, no, no, no, no. Allí, para empezar, por ejemplo, las tinajas, las vasijas donde se guardaba la comida, tenían representaciones eróticas dibujadas. Las lámparas de aceite que se utilizaban, pues para iluminar la casa por la noche, por las calles, tenían formas de pollas.
Sí.
Sí. Las campanitas que se colocaban, lo típico, la típica campanita que pones al lado de tu comercio para avisarte de cuándo entra una persona.
Era un falo.
Eran, exactamente.
Joder.
La tira esta metálica que tiene para golpear el interior de la campana tenía forma de polla. Los colgantes, ibas a ver a niños con colgantes con testículos tallados, con pollas, con alas. Era una barbaridad.
Te imaginas falos con alas y que sea normal, que nadie se ría.
No, no, nadie se ría. ¿Sabes por qué? Porque allí la representación del miembro masculino lo asociaban a un dios, al dios de la fertilidad.
¿Y el femenino?
No.
Eso no.
Eso no existe. Solamente hay un dios de la fertilidad, es el dios Príapo.
¿Vale?
El femenino no lo representaban con nada.
Curiosamente, cuando es el femenino el que más trabajo lleva.
Más fertilidad da también, pero no, ellos asociaban la figura del pene como signo de fertilidad. Si tú, atento ahora, ¿eh? Si tú dibujas un pene en la entrada de tu puerta, estás trayendo fertilidad a tu casa, estás trayendo buena suerte a tu familia. Si cuelgas un pene en la entrada de tu puerta, estás trayendo salud a tu gente. Si lo cuelgas en una taberna o en tu panadería, lo que vas a hacer es traer fertilidad en el sentido de abundancia.
¡Hostia!
Tal cual. Allí hasta el panadero en el horno tenía dibujado un pene enorme. Literalmente había un pene tallado y abajo ponía: "Aquí vive la felicidad".
Aquí vive mi verga.
Aquí manda mi verga. Aquí vive la felicidad. Y ahora sí, esos dibujos que yo os dije que hoy en día se hacen grafitis y son dibujos muy bonitos, pues Pompeya estaba llena de dibujos eróticos. Por el mismo motivo, para atraer fertilidad a la ciudad. Y dentro de las casas, igual. Dentro de las casas había una familia rica que tenía un mural dentro de la casa donde salía el dios Príapo con un miembro descomunal, que lo estaba colocando en una balanza y en el otro lado de la balanza había un montón de monedas.
Haciéndote entender que esa familia no es que solamente sea exageradamente rica, sino que por encima está bien dotada.
Tiene un falo tremendo, que vale oro.
Exactamente. O sea, Dios los premió dos veces a estos cabrones.
Me cago en la puta.
Y ahora nos podemos meter en el mundillo de la prostitución. Porque la prostitución era el negocio que competía con el mercado.
Una cosa antes de nada, yo quiero entender que estaba bien vista.
Sí, sí, sí, sí. Muy, es que era demasiado bien vista. Era como un trabajo más, realmente. La prostitución competía con el comercio, y el comercio es de lo que más se vivía en Pompeya.
No es, o sea, para que la gente entienda que no es tal vez como ahora que todo el mundo tiene un dilema de.
No.
¿Sabes?
No. Y de hecho, ya para empezar os diré que allí la mayoría de las mujeres que practicaban la prostitución era porque no le quedaba otra, porque eran esclavas. Y si tú eras esclava, o bien te compra una familia o bien te compra un mercader, o si no, prostitución.
Y preferían ir a prostitución.
Muchas veces sí, porque vivían mejor, no estaban tan abusadas constantemente.
Claro.
Y aún recibían un poco de dinero. Porque en la prostitución allí las mujeres hasta tenían que, cotizaban y tenían que pagar impuestos también.
Claro. Pero es que era eso o ser esclava.
Exacto.
Claro.
Y de hecho, muchas veces dentro de las tabernas, os dije que había como 150 tabernas en la ciudad.
Sí.
Todas las tabernas tenían pequeñas habitaciones dentro del local. Eran habitaciones que estaban pensadas para el sexo. ¿Por qué? Porque esa camarera, así como te sirve el vino, así como te sirve la comida, si tú le pagas un extra, te sirve el postre.
Ya.
¿Vale? Ya ves por dónde voy. Y el postre no te lo va a servir en la mesa.
Claro.
Ya te metes en esa habitación y ya te está esperando, ¿vale?
Sí.
Y tú salías andando por las calles y tranquilamente a lo largo del día te encontrabas 100, 150 meretrices, que son estas mujeres que trabajaban en la prostitución. Están por la calle, te están llamando desde el balcón, vienen a ti, te abrazan para que vayas a su taberna. A lo mejor estás intentando escapar de ellas porque te están siguiendo todo el rato y justo te metes en el barrio rojo de Pompeya y es toda una calle con un montón de mujeres pegadas a las paredes al lado de cortinas. Y claro, están esperando que venga una persona para comprarle sus servicios. Abres la cortina, entras dentro y dentro es una habitación que está prácticamente a oscuras con una pequeña cama.
Llegas, dinero rápido, sexo sucio.
Sí.
Básicamente, porque allí no había higiene.
Claro, pero entonces las enfermedades se transmitían, vamos, como ratas.
Sí, sí, una barbaridad. Y allí, da igual que estuvieses soltero o casado, tú podías tener relaciones sexuales con cualquiera trabajadora de calle y estaba bien visto.
Siendo.
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Hombre. Siendo hombre, exactamente. Siendo mujer, no.
Otra vez.
Bueno, es que es un mundo hecho para los hombres. Es lo que te dije al principio. El Imperio Romano era demasiado machista. De hecho, lo que se consideraba adulterio es básicamente tener relaciones con la mujer de otro hombre. Eso era adulterio. Tenías relaciones con una prostituta.
Cualquiera, sí.
Con cualquiera otra mujer que no estuviese casada, no había ningún problema, ¿vale? Y de hecho, un dato muy curioso es que si tú te fijabas en las calles, al principio de las calles donde normalmente se pone el nombre de la calle.
Sí.
Rúa no sé qué o calle no sé cuál.
Sí.
Pues al principio y al final, en vez de poner el nombre, había dibujos de pollas. Si tú seguías esos dibujos, acababas llegando a la guarida de las lobas.
Ah, pensé que ibas a decir a la guarida de las pollas.
No, la guarida de las lobas, el lupanar. Realmente es el único burdel oficial que había reconocido de manera oficial en toda Pompeya.
Había uno oficial, pero a saber cuántos.
Sí, sí, muchos metidos entre las tabernas, una barbaridad de ellos.
Y ahí quién estaba?
Ahí estaban las esclavas como de mejor categoría, esclavas orientales y esclavas griegas. Entonces, ahí ya las mujeres te estaban llamando desde el balcón porque era, de nuevo, un edificio de dos plantas, y desde el balcón las mujeres te llamaban para que entrases. Tú te metías en el lupanar y ya ibas a ver un pasillo lleno de habitaciones con un montón de estas esclavas, y la idea era que tú señalases, pues una, dos o tres, dependiendo del dinero que tuvieses, para poder mantener relaciones con ellas. Si es una, te quedas en el piso de abajo; si son dos, te vas al piso de arriba, porque son habitaciones mucho más amplias.
Pero que elegían a mujeres como cuatro o cinco.
Sí, si eras una persona de clase alta y querías coger a cinco para empezar a practicar un montón de posiciones, pues sí.
Qué loco.
Porque un dato curioso es que tú veías en el pasillo que había un montón de dibujos con diferentes posiciones sexuales. Eso no está ahí de atrezzo, eso está ahí como un catálogo.
¡Hostia! Una guía.
Exactamente.
Como la guía de los videojuegos, ¿no?
Más o menos, sí, más o menos. Tú elegías a la mujer con la que querías tener relaciones y luego le señalabas, pues la posición sexual que querías tener con ella. Y dependiendo, pues a lo mejor, de la posición sexual que señalases, te cobraba más, te cobraba menos. Y esto se hacía porque muchas veces el hombre o la mujer no hablaban el mismo idioma. Claro, uno te habla latín, otra te habla hindú.
Claro, es verdad.
Entonces, dicen que una imagen vale más que mil palabras.
Qué locura.
Y ahí te señalo.
A ver, sí que es cierto que está todo pensado, muy bien pensado, pero no sé, no sé qué decir. Es todo como muy frío, muy.
Sí, es muy sucio, es muy sucio.
Muy sucio.
Allí los métodos anticonceptivos, aunque tenían, eran también muy sucios. Ellas agarraban bolitas de lana, las mojaban en vino o en miel para que entrase mejor y las pegaban lo máximo posible al interior de la vagina para que cuando el hombre se corriese, pues no quedasen embarazadas. Y muchas veces eso ya no salía. Y era un cristo porque, claro, manos completamente sucias. Sí, a lo mejor si se las lavaban si tenían suerte. O si no, a ver, sí que es verdad que allí había un montón de fuentes, pero luego tenían que meter las manos ahí dentro y sacar las bolas esas de lana. O sea, era sexo sucio.
Madre mía.
Rápido y sucio, así era como funcionaba.
Ya.
Y dicho esto, ahora vamos a hablar del primer evento que ocurrió en la ciudad.
El primer evento.
El primer evento que ocurrió en la ciudad y que está un poco relacionado con este mundillo del sexo, ¿vale? Porque vamos a hablar de la megafiesta de la toga virilis. Esto hay una tradición en Pompeya, bueno, en realidad es en todo el Imperio Romano, que es cuando un niño cumplía los normalmente 14, 15, 16. Cuando estaba en esas edades, ya estaba como en su paso a la edad adulta. Era ya considerado como un niño mayor de edad. Por tanto, se realiza una tradición donde se le cambia la toga por una toga blanca, que se llama la toga virilis.
En el momento en el que al niño lo vistes con una toga blanca, ya es un hombre, ya está reconocido como un hombre, pues en el censo. Ya puede votar, ya puede casarse, ya puede tener relaciones sexuales. Las mujeres no, las niñas si querían pasar a ser consideradas mujeres tenían que casarse.
Directamente.
Directamente. Si no te casabas, seguías siendo una niña.
Claro, pero quién decidía eso? Los familiares muchas veces.
Sí, el padre. De hecho, la niña cuando ya le venía la regla, 14 años, ya estaban mirando con quién casarla. Las niñas entre los 14 y 18 años las casaban, básicamente.
Qué locura, ¿eh?
Sí. Si no te casabas a los 18, pues seguías siendo una niña. No estabas reconocida como una mujer adulta en Pompeya. Ahora, a las niñas no se les hacía fiesta. Se les hacía fiesta, pero porque se casaban con un hombre y al haber un hombre hay fiesta.
En el día de la boda, digamos.
Exacto, en el día de la boda era donde había fiesta. Pero al niño, cuando se pasaba de la edad de la niñez al adulterio, bueno, al adulterio no, a la adultez, entonces se hacía una fiesta que, dependiendo de qué clase pertenezcas, si eres de clase baja, la fiesta es.
Congratulations, toma un pin andando.
Algo así. Típica cena del sábado por la noche con tus amigos. Se hacía una especie de cena en la casa con familiares y un par de amistades, y arrancando. Ahora, si ya eres de clase alta, entonces ya todos los esclavos van a estar trabajando para montar una especie de banquete en el jardín de tu casa, donde van a venir cientos y cientos de hombres. Porque la mayoría de las veces solo se invitaban a hombres a tu fiesta.
¿Colegas?
No, ni colegas ni hostias, es contactos. La familia, pues cuanta gente de clase alta, cuanta más gente de clase alta venga a tu fiesta, más reconocimiento vas a tener. Entonces, muchas veces invitaban a este porque es el hijo de este, este porque es el dueño de este comercio que va de puta madre. Bueno, empiezas a invitar a gente con el dinero que tienes. Y luego vas hablando y vas haciendo contacto, negocios. Así es como funcionaba, el boca a boca.
Un evento de influencers.
Algo así, algo así. Y entonces ahí se servía.
Nos van a funar los influencers, loco.
Bueno, y más sabiendo lo que voy a decir ahora, porque está el banquete y luego está el otro tipo de banquete. Porque te vienen las esclavas y así, como la esclava te sirve la comida, recordemos que luego te sirve el postre. Y eso era una noche que era una orgía brutal en la casa del.
Un momento. Me acabas de decir que son todo hombres.
Claro.
¿Cómo así?
No, no, no, con las esclavas. Con las esclavas. Aunque allí también había relaciones entre hombres. No era tan habitual, pero sí que había mucha relación entre hombres. No estaba mal vista como tal en el Imperio Romano.
Vale, vale, no, para aclarar, porque eso ya parecía, no sé.
Parecía otro tipo de fiesta.
Una fiesta de espuma.
Literal.
Claro.
Literal, la fiesta de la espuma. Pero no, venían muchas esclavas. Ahora, os cuento esto porque hubo un día en Pompeya donde un niño cumplió los 15 años y, claro, se le hizo la tradición de la toga virilis. El tema es que cuando se montó la fiesta del niño, pues este chavalín de 15 años reservó por completo todo el foro de la ciudad.
O sea, había oro ahí, ¿eh?
Ahora vas a ver cuánto oro. El foro de la ciudad, recuerda que es el lugar más grande de toda la ciudad. Es la plaza más enorme, solamente reservada para este niño de 15 años. ¿Por qué? Porque a su fiesta invitó a 6.840 personas.
Pero qué locura es esta.
Eso es una salvajada. Es cierto que no se sabe cuánta gente vivía en Pompeya dentro de las murallas. Hay números que te dicen que van desde los 10.000 hasta los 20.000. 15.000, este niño invitó casi a la mitad.
Qué locura.
Es una salvajada la de dinero que tienes que tener para invitar a todos estos 7.000 hombres y darles de comer gratis.
Ah, claro, claro, claro.
Comer gratis. Y otra cosa, las fiestas solamente duraban un día. Este niño la alargó diez. Diez días de banquetes y aún por encima montó él solo un espectáculo de gladiadores. Eso es algo que solamente lo hace el emperador o los senadores. Es decir, grandes ligas no, en la punta de la pirámide. Un niño de 15 años te ha reunido a 416 gladiadores y te ha hecho diez días de fiestas en toda Pompeya, que es la fiesta del siglo.
No existe una fiesta más grande que la que hizo ese puto niño, ¿vale? Y diréis, ¿quién coño es este niño?
Claro, porque si es tan famoso sabremos su nombre.
Realmente da igual que os lo diga, sí, se llama el pequeño Maius. Pero diréis, bueno.
Nos la pela, ¿no? Y a los de la casa también.
Exacto. Dices, pues yo qué sé, no me suena de nada. Pero resulta que este.
No te suena de nada.
No te suena de nada. Resulta que este niño tuvo suerte de nacer en una familia, o sea, este niño pertenecía a un clan de familias exageradamente ricas.
Ya, eso.
Era el niño más rico de toda Pompeya, tenía ese título. De hecho, el niño se llevaba bien hasta con el emperador Nerón.
¡Hostia! Muy famoso.
Muy famoso el emperador Nerón. Y este niño tenía contacto con él. ¿Qué pasa? Que el niño, por parte biológica, era hijo de una familia de clase con un apellido grandísimo. Tenían mucha pasta solamente por el apellido que tenían.
Sí.
Pero es que a mayores al niño lo adoptaron. Lo adoptó otra familia que era de comerciantes que tenían negocios que funcionaban solos. Entonces, entre la familia que lo adoptó y la familia biológica, financiaron todos los gastos que se hicieron en Pompeya a lo largo de diez días. Una salvajada.
Qué barbaridad, Dios mío.
Y ahora, si tal, podemos volver a la ciudad y empezar a conocer un poquito más, pues esas costumbres. Vamos a intentar meternos un poquito más en la piel de la gente.
¡Hostia! Si a mí me gusta mucho eso, ¿eh?
Vamos a hablar de cómo vivían, vamos a ver, pues más experiencias en las termas, vamos a ver más cómo era la vida en el día a día.
Pues sí, porque os voy a contar la vida de un banquero de Pompeya que se llama Cecilio. Y Cecilio era muy bueno moviendo el dinero, sobre todo cuando es el de los demás. Así que esta mañana, bien temprano, se coloca su túnica, sale de casa y ya escucha a lo lejos: "Cecilio, me debes 200 sestercios, te voy a matar, cabrón, no huyas". Cecilio se está yendo, pasa un par de minutos, lo para otro tío por delante: "¡Hostia! Cecilio, te vengo a entregar los 50 sestercios que te debo".
Y él: "Joder, es que no sé si me van a clavar un cuchillo o si me van a dar un abrazo. Tengo problemas con las cuentas, necesito a una persona que me ayude". Así que ¿a dónde fue Cecilio? Al mercado. Y nada más entrar, ya ve aceite de Hispania, pan duro, pan fresco, no sé qué. Y tú, cuando te vas adentrando en el mercado, ya ves cosas un poquito más raras.
A ver, ¿qué es raro?
Como por ejemplo, animales exóticos. Pero luego escuchas: "Compañero, compañero, mira, pasí vea mi gran catálogo de novedades traídas desde el mismísimo mar Egeo. ¿Qué busca? Músculo para la cantera o un contable que no te robe más del 10% de comisión".
Esclavos.
Exactamente. "Pues mira, necesito un contable que, bueno, que sea un buen tío y me haga ganar dinero. Es que debo, estoy debiendo algo". "Muy bien, pues te presento a Ciro el Sirio, un hombre traído desde la mismísima Siria. Ahí lo tienes". "Hombre, Ciro, ¿qué tal, amigo? ¿Tú eres de fiar?". "Sí, sí, sí, más que el vendedor".
Te va a decir que no, no te jode.
"¿Y sabes pelear?". "Sí, claro, sé mover el cuerpo muy bien". "No, no, no me refiero a ese pelear, pero mira, me caes bien porque vamos a estar tiempo hablando".
Ah, el tipo decía pelear.
En la cama, sí.
En la cama.
Sí.
Me cago en tus muertos, cabrón.
Es de Siria, es de Siria, porque allí le ponían nombres a los esclavos según el lugar de procedencia.
¿Y qué? ¿En Siria pelean en la cama o qué?
Yo qué sé, este es un poco cerdo, pero bueno.
Vale, vale, vale.
Entonces le pregunta al mercader: "Oye, ¿cuánto cuesta Ciro?". "Son 2.000 sestercios, señor". "Bueno, pero eso es una barbaridad". "Mira, ¿qué te parece si hacemos una cosa? Te pago 2.200 sestercios, es decir, te llevas una comisión de 200, pero a cambio hacemos pago fraccionado. Mañana mismo me paso a hacer el primer pago, ¿entendido?". "Sí, sí, claro, contigo lo que sea, Cecilio". "Estupendo". "Ciro, mira, vente aquí. Mira, tenemos problemas. Ya para empezar he pagado un dinero por ti que ni siquiera tengo.
Tienes que ayudarme a ganar mucho dinero. Y que sepas que yo trabajo en el foro y soy el que administra las subastas. Es decir, la gente me da objetos, animales, tierras, y yo tengo que hacer que el precio suba hacia arriba. Y tú me vas a ayudar con eso, Ciro, ¿vale?". "Sí, sí, claro, muy bien, señor". Entonces se van para el foro y está Cecilio ya allí en el centro de la plaza diciéndole a todos: "Bienvenidos a la subasta de Cecilio. Hoy tenemos con nosotros dos ánforas de vino por las que bebí el mismísimo Poseidón".
Oh, alabado sea el Señor.
A ver quién da más. Empezamos la puja por 30 sestercios. A ver, a ver, 40 por aquí, 50.
60.
60.
Mira esa mano.
60. Muy bien, estupendo.
Ah, sí, es verdad.
Nadie da más. Que sepáis que quien beba este vino tendrá el doble de ascendencia. 70 por aquí. Y ya salta Ciro: "Yo, 120. Yo quiero tener hijos, señor. Este tío es un puto semental, el Ciro". A ver, a ver, ¿quién da 130? ¿Nadie da 130?
Eh, sí.
160.
No, en verdad nadie dio más porque era demasiado caro. Eso ya estaba súper inflado.
¡Hostia! Que se lo come el Ciro. El Ciro quería aumentar el valor de la subasta, pero se pasó de largo. Le aumentó una barbaridad. Entonces ya le dice, ya le dice Cecilio: "Oye, Ciro, pero tú eres tonto, eres tonto.
Eres imbécil.
Te he comprado, pero tenías que ayudarme, no comprarla tú. Y además es que le debemos dinero ahora al tío de las ánforas. Tenemos que largarnos de aquí". "¿Y a dónde vamos, señor?". "Pues vamos a las termas, joder. Vamos allí a relajarnos un rato, ahora por la tarde".
Y dice el Ciro: "¿A pelear?".
"No, a pelear no, van a hacer otras cosas". Llegan allí a las termas, se meten en el vestuario, se saca su túnica, Cecilio queda al desnudo. Y Ciro en plan: "Cecilio, pero ¿por qué tú estás desnudo? En mis tierras el cuerpo es sagrado". "Ciro, porque aquí en Pompeya vamos con el orgullo por delante, con el falo al aire libre. ¿Entiendes o no entiendes?". "Sí, pero me da un poco de cosa". "Pues sácate la ropa, joder. Nadie te va a estar mirando con todo el vapor que sale del agua". "Venga, échame un poco de aceite por la espalda, joder".
Venga, tío.
Sí, venga, ahora por el resto del cuerpo. Y me ayudas a sacarlo". "No sé, eso es muy gay". "Mira, Ciro, que aquí en Pompeya estamos avanzados. Tú no sabes que somos la próxima gran civilización. Mente abierta, Ciro". "Vale, vale, señor". Entonces se ponen a bañar, pasan un par de horas, salen como gambas, van al vestuario y se queda Ciro en plan: "Señor, pero ¿dónde está nuestra ropa?". "¿Cómo que dónde está?". "Pues, pues no sé.
Joder, si no tengo ni ropa yo tampoco". "Cecilio, pero ¿qué vamos a hacer?". "Es que somos tontos, no me he acordado que aquí en las termas están llenas de ladrones. Y todo el mundo trae una persona para que supervise. Y esa persona tenías que ser tú. Pero me despisté con lo nervioso que estoy".
Con tu orgullo.
Joder, me despisté con tu orgullo. "¿Y qué hacemos ahora, Cecilio?". "Pues nada, vamos a salir así a la calle desnudos. Pero que sepas que en Pompeya, quien sale con el falo al aire libre es el que acaba triunfando, Ciro". Así que salen a la calle, van por una taberna porque ya es de noche, y nada más ver a una mujer, ya le salta Cecilio: "Oye, mira, te presento a mi amigo Ciro. Cirio de nacimiento. Contable de profesión y completamente libre esta noche".
Sí, señor.
"¿Qué te parece?". "Pues me parece guapo. Es que, bueno, soy señorita". "¿Señorita de qué?". "Pues que cobro por esas cosas". "¿Pero cuánto cobras?". "Un sestercio". "Vale. Señor, no tenemos dinero, si debemos una barbaridad. Aún me tienes que pagar a mí, joder". "No te preocupes, Ciro. Que en esta vida el que paga con dinero que no tiene es el que se acaba ahorrando el disgusto de pagar".
Te jode porque no pagan.
"Que te quede claro. Tengo aquí unas moneditas. Venga, toma, toma. Vamos los dos. Yo también quiero irme".
Joder.
A ver, era todo perversión allí, es la realidad. Pero el tema es que llevó a Ciro, que es el esclavo.
Cuidado, es que yo me imagino estos dos juntos, la disto es que tenían que tener, ¿eh? Pero bueno, sí, entonces van los dos.
Van los dos, sí. Bueno, luego salen, no entro ahí. Salen de allí y claro, Cecilio se empieza a arrepentir un poco de sus días porque dice: "Joder, si yo antes estaba pensando que me van a cortar el cuello y cada vez debo más dinero. Es que mañana voy a morir o algo me va a pasar. Y a ti también te va a pasar algo, Ciro". Así que se va para la cama y al día siguiente por la mañana, bien temprano, como si fuera un gallo, ya está Ciro: "Cecilio, Cecilio, despierta. Ciro, que ya te dije que solamente me despiertes a estas horas si Pompeya está ardiendo o algo así.
Sí, sí, sí, tienes que mirar por la ventana, es importante". "Ay, ya estarán pidiendo dinero otra vez". A ver, mira para su ventana con vistas al monte Vesubio y ya dice: "Joder, toda mi vida preocupándome por problemas, por historias, y ahora acaba de aparecer algo que ni siquiera puedo aplazar ni hacer nada por solucionarlo. Claro, ¿qué es eso que está pasando?". Y ahora es la continuación de la historia.
Claro, ¿qué es eso que está pasando? A ver, explícanos.
Pues para hablar de eso que está pasando, antes hay que retroceder un poquito más en el tiempo, porque hay que hablar de otros dos eventos que ocurrieron antes en Pompeya, que van un poco encaminados ante ese evento que vio el tío por la ventana.
Vale.
Uno de los, el segundo evento, de hecho, que vamos a hablar, fuera de la mega fiesta esta, el segundo evento tuvo que ver con algo que sigue ocurriendo incluso a día de hoy.
¿Sigue ocurriendo a día de hoy?
Sí, sí. De hecho, hace muy poquito ocurrió, sobre todo con temas del deporte. Porque cuando hay deporte, cuando el deporte es uno de los elementos que más dan vida a una ciudad, el deporte trae dos cosas: trae show, espectáculo, pero al mismo tiempo trae rivalidad. Y la rivalidad no es algo malo, es decir, una rivalidad si es sana, está muy bien, porque al fin y al cabo hay respeto al rival, los dos mejoráis como deportistas, todo bien.
Ahora, si la rivalidad no es sana y es una rivalidad de odio, de envidia, entonces eso provoca caos, provoca desastres, provoca muchísimas peleas, muchísimas batallas innecesarias.
Sí.
Y eso fue uno de los eventos que ocurrió en Pompeya que impactaron mucho a la sociedad, porque en la época del emperador Nerón, concretamente en el año 62 después de Cristo, en Pompeya se estaban realizando unos juegos de gladiadores. Entonces podemos ver cómo en la arena, el anfiteatro estaba petado, en plan, no había ni una sola grada libre, 20.000 personas gritando en el anfiteatro, viendo como una manada de toros están corriendo alrededor de la arena alrededor de un oso pardo que ya está cansado, porque alrededor del oso hay un montón de cuerpos de lobos sin vida, lobos que se enfrentaron antes al oso y que el oso los mató.
Joder.
Pero el oso está cansado y están las manadas de toros alrededor, la gente gritando: "Venga, que voy a perder la apuesta, matad al puto oso". Y entonces, cuando empieza el primer toro a embestir, vienen los demás, boom, boom, golpe por aquí, golpe por allá, el oso acaba reventado, acaba tirado en el suelo y acaba muriendo delante de 20.000 personas. Gritos, barullo, porque eso es una apuesta asegurada. Cuando hay juegos, siempre hay apuestas. Para hacerlo más entretenido, ¿no? Por decirlo así.
Sí.
Por decirlo así.
No apuesten, no apuesten.
Exacto. Unos se cabrean porque han perdido la apuesta y han perdido toda su casa y toda su vida la han apostado en algo que, bueno, pues vaya por Dios.
Una ruina.
El azar, una ruina. ¿Qué pasa? Que en el momento en el que está todo ese barullo, de golpe se empiezan a escuchar las trompetas. Y ya eso significa que hay que callarse porque va a venir el pregonero, va a venir una persona que con su pergamino va a empezar a hablar: "Ciudadanos de Pompeya y huéspedes". Y entonces ya todo el mundo: "Espero que estos espectáculos de gladiadores estén siendo de vuestro agrado, porque estos espectáculos no habrían sido posibles sin su editor, Livinius Regulus".
Y de golpe todas las gradas: "Regulus, Regulus, Regulus".
Regulus.
Eso es. Y ahora, antes de continuar con el siguiente evento, recordaros que después de esto haremos una pausa, pero antes de nada hay que dar caza a estas bestias que siguen caminando por la arena, que entren los cazadores.
Eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh.
Y yo estoy ahí, estoy ahí.
Las puertas se abren, empieza a salir un montón de hombres prácticamente en telas, con el cuerpo completamente desnudo, solamente el típico taparrabo, y con lanzas de hierro y con escudos pequeños que empiezan a salir alrededor de los toros. Claro, estos cazadores no van nada protegidos realmente. ¿Qué tienen que hacer? Estrategia. Todos se empiezan a juntar en el centro de la arena, espalda con espalda, con las lanzas colocadas para que los toros no se acerquen. Mientras tanto, los toros siguen dando vueltas, esperando a ver en qué momento pueden embestir al primero.
Al primero que se separe, va a salir volando por los aires.
A tomar por culo el torero.
Y de hecho, varios de ellos, mientras estaban de camino al centro de la arena para juntarse, pues un toro ya se llevó por delante uno, dejó la lanza tirada. Entonces, los que quedaron protegidos lo que hacían era levantar las lanzas para esperar a que el primer toro los embistiese, y en el momento en el que el primer toro venía corriendo hacia ellos, ya boom, lanzas extendidas, y el toro acababa chocando la cabeza contra la lanza y perdía la vida en ese momento.
Claro.
A lo mejor el otro salía volando, pero de nuevo se reagrupaban y poco a poco, cada vez que caía un toro, un grito: "¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!". Y entonces, toro que caía, toro que caía, y al final los cazadores salían ganando. Era una apuesta asegurada.
Ah, ¿sí?
Sí, sí, era una apuesta asegurada. Realmente con los cazadores ya estaba pensado, porque esos toros venían de pelear contra el oso, ya estaban cansados. Entonces, el cazador acaba de debutar, es una apuesta prácticamente asegurada. Claro, después de ese pedazo de combate de bestias, se hace una pausa, es el mediodía, es la hora de comer. Toda la mañana estuvieron habiendo un montón de juegos en el anfiteatro. ¿Y qué ocurre? Que el anfiteatro de Pompeya era enorme, tenía espacio como para más de 20.000 personas.
¡Hostia!
Más gente de la que había en Pompeya. Entonces, muchas otras personas de otras ciudades venían a Pompeya para disfrutar de los espectáculos.
Eso era gratis.
Sí.
Vale.
La mayoría de las veces era gratis, sí. Y claro, muchas veces entre esas ciudades que venían había alguna que tenía rivalidad con la propia ciudad. Es como los que van a Madrid, a Barcelona para ver el típico clásico.
El clásico, sí.
El clásico, Madrid-Barcelona, pues aquí ocurría lo mismo. Y ocurría con una ciudad que se llamaba Nuceria. Entre pompeyanos y nucerianos había constantemente gritos, peleas callejeras, insultos. O sea, tú ya caminabas por Pompeya y muchos de esos grafitis eran: "Desgracia para los nucerianos, no hay pan para Nuceria, solo vino y hambre, que se pudran". Y mensajes así constantemente diciendo: "Joder, hoy que van a venir muchos nucerianos a la ciudad, va a haber hostias".
Sí.
Ya está garantizado. Voy a ir a la taberna y en una de estas va a salir un nuceriano volando por la puerta. Y esto pasaba constantemente. ¿Qué pasa? Que ese día, esas puyas, esos gritos, ese mal ambiente, se empezó a caldear demasiado. Se caldeó más de lo normal. Y eso provocó que cuando volvieron a la tarde al anfiteatro para disfrutar del main event, de esos espectáculos de gladiadores, pues allí era muy típico que durante combates y combates se sirviesen vino y pan. Lo típico de "dale pan al pueblo y circo", esa expresión, ¿no?
Esa expresión tan.
Pan y vino, sí.
Exacto. Pan y circo para el pueblo. ¿Qué pasa? Que da la casualidad de que una de las rivalidades que había entre Nuceria y Pompeya estaban con el pan y con el vino. Porque los de Pompeya decían: "No, nosotros tenemos mejor pan que esos de Nuceria". Y los de Nuceria decían: "No, yo tengo mejor vino que los de Pompeya". Entonces, ¿qué ocurre? Que en una de estas, pues imagínate, los pompeyanos se juntan, se pegan arriba en las gradas y resulta que dos gradas más abajo estás tú, estás ahí, un nuceriano.
Yo soy nuceriano, venga.
Tú eres un nuceriano, nosotros dos somos pompeyanos. Y ya claro, tú imagínate, te has traído una botella de vino para disfrutar del combate de gladiadores. Y tú ya me dices: "Eh, mira ese nuceriano que hay ahí abajo, mira, mira".
Tened cuidado con lo que vais a hacer, aviso.
Y yo digo: "La hacemos, la liamos, la liamos. Dame vino, dame vino". Entonces, le empezaba a echar vino en el cuenco, lo bebía.
"Qué puto asco, esto es vino de Nuceria", y te tiro el cuenco a la puta cabeza. Y ya el nuceriano, claro, empapado.
Te tiro el casco ahora mismo, ¿eh?
Empapado de vino, se da la vuelta y dice: "Hostia, ahora sí, ahora ya me has chinao". Ya agarraba un montón de piedras y se las empezaba a tirar diciendo: "Toma que se te ha caído un puto trozo de pan de Pompeya", haciéndole entender como que el pan de Pompeya estaba como más duro que una piedra.
Basura.
Era basura. Entonces ya el otro decía: "Ah, sí, me cago en mi puta madre". Ya se lanzaba y como un puto puma se lanzaba por la cabeza del nuceriano, los dos acababan en el suelo, empezaban a hostias. Claro, los compañeros tuyos ya salen a defenderte, me agarran, me empujan, pero claro, ese empuje lo ha visto la gente de Pompeya y dicen: "Uy, uy, uy, aquí hay bulla, han empujado a uno de los nuestros". Boom, ya.
Son mayoría, claro.
Ya empiezan a hostia. Y ya os digo que la pelea no estaba en la arena, estaba en las gradas. Porque tú desde la vista de la arena podías ver cómo a lo mejor los dos gladiadores estaban a hostias, combatiendo con las mazas, con las espadas, pero tú veías de fondo cómo la gente estaba, o sea, parecía que era una lluvia de personas desde las gradas a la arena. La gente se empujaba y muchos caían a la propia arena de los gladiadores, se levantaban y seguían dándose de hostias. Eso era un battle royale, básicamente. Era un equipo contra otro. Y allí a lo mejor chupaba hasta un pompeyano con otro pompeyano.
Eso era una barbaridad.
Claro, porque eso al inicio sí, era, imagínate, entre nosotros tres.
Claro.
Pero luego.
Realmente no los diferencias.
Claro.
No los diferencias.
Son personas, igual.
Eso fue una matanza, porque llegó un momento donde hubo gente que empezó a agarrar las armas que estaban tiradas en la arena.
Ah, pero fue matanza.
Sí, sí, sí, allí hubo muertos. Hubo gente que agarró las armas de la arena y se las empezaron a clavar en el pecho a los otros. Entonces, claro, un montón de cuerpos tirados en la arena, la gente, o sea, lo típico, ¿no? Las trompetas, para intentar calmar, allí no se escuchaban ni las trompetas, lo único que se escuchaba era el abucheo de la gente mientras tiraban piedras a la arena, mientras otros se empujaban, se rompían la cara con puñetazos. Y claro, muchos de ellos ya salieron corriendo del anfiteatro, o bien para refugiarse en sus casas, o bien para ir a sus casas, conseguir armamento y volver a la guerra.
Hostia, Dios mío, volver a la guerra.
Volver a la guerra. Entonces, ese día fue una matanza. O sea, tú andabas por las calles de Pompeya y te encontrabas manos cortadas tiradas en el suelo, encontrabas riegos de sangre que se perdían en las calles y había cuerpos tirados. En las paredes se podían ver la palma de una mano ensangrentada. O sea, allí ni siquiera el propio ejército de Pompeya pudo detener la pelea que se lió ese día.
¿Por qué la gente hace eso? Porque hoy en día sí que es cierto que no se cortan manos ni eso, pero en los partidos así un poquito.
Los ultras y esas mierdas.
Los ultras hacen esas historias, yo no entiendo el porqué. Quiero decir.
Es que lo van buscando aparte, o sea, se nota que ya están esperando a que acabe el partido y da igual lo que haya ocurrido, ya están esperando para darse de hostias.
Con lo bonito que es tú animar a tu equipo, el otro a otro, o sea, ese pique mola, pero llegar a partirse la madre como hace 2.000 años, porque animales podemos evolucionar y no sé, poder tú animar a tu equipo, yo al mío y no tener que cortarte la mano.
Exacto.
Ahora, si me lanzas piedras a la cara, te voy a cortar la mano.
Pues la que se lió ese día fue una barbaridad. No se sabe el número de muertos, pero sí que se sabe que los nucerianos tuvieron que salir corriendo de Pompeya, porque es lo que dices tú, son minoría, estás en la casa del rival.
Claro.
Entonces, ¿qué hicieron los nucerianos? ¿Se callaron? No. Se fueron a chivar a quién? ¿Quién estaba de emperador en ese momento?
Nerón.
Nerón. Se fueron a chivar al emperador Nerón. Y Nerón, ¿qué hizo? Primero canceló los juegos. Diez años sin espectáculos en el anfiteatro. Segundo, los hooligans, los ultras, toda esa gente que armó el barullo, los quiero en fila india y pa, pa, pa, pa, pa, los vamos a dar caza a todos.
Hostia.
Sí, sí, empezaron a cazar a toda esa gente que empezó a montar la reyerta, incluso al propio ejército, como no calmó la pelea, también lo castigó. Y de hecho, al propio senador que financió los juegos, porque tú allí cuando financias unos juegos, claro, si todo te sale bien, eres el rostro, eres la estrella de la ciudad. Tu imagen ganas muchísimo patrocinio, normalmente se hace para las votaciones, para que la gente te vote. Ahora, si durante los juegos de gladiadores ocurre algo malo, eso repercute en tu imagen. Y en el caso de Regulus, esto repercutió tanto que el propio emperador lo desterró.
Es decir, este tío estaba intentando convertirse en senador, porque ni siquiera era senador, estuvo ahorrando dinero para poder financiar los juegos y le salió, o sea, horrible. Uno de los peores.
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Eventos que hubo en la historia del Imperio Romano, le tocó a él. Era mejor que hubiera estado quieto.
Era mejor que hubiera estado quieto, efectivamente, porque luego lo empezaron a desterrar. Ahora, después de esta barbaridad, claro, en Pompeya la gente se intenta recuperar, intenta olvidar este suceso que ocurrió años atrás, pero es que realmente los sucesos, las desgracias vienen acompañadas, vienen todas juntas normalmente.
A veces sí.
Entonces, cuando ya parece que vuelve la normalidad en Pompeya, de golpe llegamos a la madrugada del 5 de febrero del 62, ¿vale? Después de Cristo, también. Claro, esta madrugada realmente es un día frío en Pompeya. O sea, la gente se levanta y ya sale abrigada con sus túnicas de lana, los que pueden. Y muchos de ellos ya salen un poco con cara de perro, en plan con un humor de perros, porque ni siquiera es de día. Están saliendo los primeros rayos de luz y dicen: "Joder, hace frío, es de noche, está oscuro".
Hay que trabajar.
Claro, y de hecho los panaderos ya llevan en pie unas cuantas horas.
Claro.
¿Por qué? Porque hay que tener el pan recién horneado para que los esclavos de la gente rica sean los primeros en comprarlo, porque cuando se levante al ricachón ya tiene que tener el pan encima de la mesa con su vino y su miel, y el pan recién calentito.
Oh, Dios mío.
Entonces, claro, entonces los esclavos ya tienen que salir al pie del cañón para ser los primeros, para estar en la fila de la panadería y poder comprar la primera sacada de pan.
Sacada de pan.
Sí, no, no, sí, claro. La primera sacada de pan recién horneado. Claro, por otro lado tenemos, por ejemplo, a los esclavos que se tienen que levantar para empezar a encender lo que son las calderas de las termas, de las aguas, para empezar a echar leña al fuego y que el agua se vaya calentando. Porque claro, estamos en invierno, de madrugada las termas se llenan por la mañana. Entonces, ¿qué ocurre? Que cuando uno de los esclavos acaba entrando en las termas, en el balneario, dice: "Hostia, qué extraño, ¿habrá llegado alguien antes que yo?". Porque se fija que las piscinas de agua están burbujeando el agua.
Dice: "Hostia". Sin embargo, toca el agua y dice: "No, no, pero el agua no está caliente, a ver". "No, no, hostia, este agua está congelada".
¿Y por qué está?
Claro, ¿por qué está burbujeando el agua? De golpe nos ponemos en la fila de los esclavos que están comprando el pan esperando que abra las puertas el panadero, y uno de los esclavos se fija que en el tejado que hay de la casa de enfrente están empezando a caer tejas. Pum, pum, pum. De golpe las campanillas están empezando a sonar, tin, tin, tin, tin, tin, tin. Dices tú: "Coño, pero no hay viento". De golpe el carro que está pasando con los caballos, los caballos se frenan en seco y empiezan a relinchar, pum, y a golpear el suelo. Los perros se empiezan a ladrar. Dices tú: "Hostia, pero no estoy notando que esté pasando nada extraño".
Hasta que de golpe toda Pompeya empieza a notar un y todo el suelo empieza a temblar, las casas empiezan a vibrar, por las paredes ya se empiezan a marcar grietas, las losas de basalto se empiezan a levantar, empiezan a crujir chocando con ellas, la gente se cae al suelo porque todo el suelo está temblando. Muchos de los edificios ya no son capaces de mantenerse en pie y se vienen abajo con sus dueños, con sus familias dentro. La gente intenta correr como puede hasta el centro de la ciudad, porque es la plaza.
Allí estoy seguro porque no me cae nada por culpa del terremoto que está ocurriendo en Pompeya. Claro, vosotros no lo sabéis, los terremotos son algo bastante típico en el Imperio Romano, pero es que cuando ocurre un terremoto la gente piensa que está provocado por un mal presagio, por culpa de que los dioses se han enfadado.
Hace 2.000 años, macho, hay que entender eso. Todavía hoy hay gente que dice: "No, la tierra es plana". Vale, muchacho, muy bien, muy bien, cállate la boca.
El tema es que ese terremoto fue demasiado heavy, porque tumbó muchas de las casas y la gente que se quedaba en el foro estaba pensando: "Madre mía". Ellos asocian el nivel del terremoto al nivel de desgracia que venga después, porque la desgracia no es el terremoto, el terremoto es el aviso. Es un aviso que te está anticipando de un posible evento, un posible desastre que ocurra por encima en un futuro impredecible. Es decir, tú no vas a saber cuándo ocurre ese desastre, puede que ocurra mañana o puede que ocurra dentro de 17 años.
Pero ahora vas a tener que vivir durante todo ese tiempo con el miedo y empezar a sacrificar cabras para que los dioses te perdonen.
Ya.
Entonces, claro, la gente no lo sabía, pero ese día se registró en Pompeya un terremoto de magnitud 6.
Muy alto.
Muy alto. El máximo está en 9,5.
Sí.
Es lo máximo que se registró. Pues un terremoto de magnitud 6 implicó, según el historiador que nos lo contó, que se llama Publio Cornelio Tácito, él nos cuenta que gran parte de la ciudad se vino abajo. O sea, estamos hablando de que hubo daños severos.
Claro, y una cosa importante para que la gente sepa es que esto no es lineal. Quiero decir, uno de cuatro y uno de cinco no es un poquito más. No, no, no, uno de cuatro y uno de cinco es mucho más, uno de seis es mucho más, uno de siete es una barbaridad más, uno de ocho debe ser una tremenda locura.
Claro, no es que se vayan.
Claro, no es: "Ay, un poquito más".
Se van sumando, es que es como que se van multiplicando, ¿no?
Sí, es exponencial. Es decir, la gráfica sería.
Claro.
De golpe.
Es una barbaridad. Quiero decir, pasar de un seis a un siete es una locura.
Ese terremoto les jodió todo el sistema de tuberías, todo el tema de acueductos, porque la gente, claro, el agua le llegaba, como por decirlo así, a la puerta de las casas.
Ya.
Entonces, con todas las tuberías rotas, la gente rápido tuvo que empezar a construir pozos para recoger el agua de la lluvia, porque si no se morían de sed.
Ahora, los animales como que ven las cosas antes o las sienten. Es curioso.
Notaron ese temblor que ellos aún no notaron y ya notaron que hay algo malo.
Es que he escuchado eso otras veces y debe ser que los animales escuchan.
Tienen un sentido para eso muy curioso, la verdad.
Sí.
Pues en ese momento se registró un terremoto de magnitud 6 que no solo afectó a la ciudad, sino que en los campos se podía ver como en la tierra había grietas entre la tierra, y de esas grietas emanaban gases que mataban a los animales. Perdieron la vida 600 ovejas por culpa de respirar esos gases.
Claro, y los animales que ni se contabilizaron.
No.
Porque las ovejas eran importantes.
Para ellos eran importantes porque es donde tienen lana, leche, quesos, pero el resto de animales que hubo por ahí pasaron de ellos.
Y personas.
Y bueno, y personas, claramente hubo personas que quedaron enterradas en sus propias casas, que se vinieron abajo. Claro, el tema es que la gente, si vosotros pensáis que a lo mejor tuvieron algo de ayuda para reconstruir su ciudad por culpa del terremoto, no tuvieron nada de ayuda. Les dieron completamente igual al resto de ciudades.
Te digo otra vez, pasa a día de hoy. Ha habido varios desastres y parece.
En Venezuela hubo.
No, no, aquí en España ya. No, no tenemos que irnos afuera, no tenemos que irnos afuera, aquí en España. O sea, todo el volcán de La Palma, la Dana, o sea, un montón de cosas que sí, al principio muy bien.
Es que es una pena que todo se vea como materia política, cuando en verdad es algo humano.
Sí, pero.
Simplemente contenido para hablar en los medios, ¿no?
Al inicio, pero cuando el tema se acabó parece que todo el mundo nunca vuelve a hablar, ¿sabes? O sea.
Ya está curado, ya está eso arreglado, ya quebró.
Y eso es curioso cómo seguimos igual que hace 2.000 años. Es cojonudo, o sea, me encanta hablar de estos temas de historia porque dices: "Pero me cago en la puta, seguimos siendo unos pendejos todos". Y los de arriba: "Sí, sí, no, hay que hablar de...". A los dos días, venga, se olvidó la gente, pues venga, aquí.
Con otro tema.
Sí, sí, sí.
Pues en este caso el emperador Nerón, que era el que estaba en ese momento, le dio completamente igual. Así como después hubo la pelea de nucerianos contra pompeyanos, se metió en medio, en este caso le dijeron: "Oye, que Pompeya se está viniendo abajo". Bueno, pues siguiente noticia, next.
Como ahora, es que es tal cual, hasta que rueden cabezas y luego se vienen cositas.
La propia gente, si no fuera por la gente rica que destinó dinero, seguramente Pompeya seguiría siendo una desgracia.
Menos mal que aún la gente rica destinó dinero.
Sí, la gente rica que vivía en Pompeya destinó dinero, claramente.
No, claro, eso ya lo sé.
Claramente.
Eso ya lo sé.
Y en la mano de obra estaban los propios campesinos, los propios ciudadanos de Pompeya.
Y esclavos.
Y esclavos, sí, muchísimo esclavo. Y de hecho, después a Nerón le vino el karma por no ayudar. Porque Nerón, años después, el tío fue a debutar en un teatro para cantar, en Nápoles. Y dio la casualidad que en el momento en el que empezó a cantar, empezó: "Y todo el suelo". Hubo un terremoto que tiró el teatro en el que estaba cantando Nerón.
¿Y se murió ahí?
No, no se murió, no se murió.
Hijo de perra, cabrón.
Pero la gente tuvo que salir porque el teatro se venía abajo.
Hostia, eso sí es cantar mal.
Tal cual, empezó a cantar y provocó un terremoto, el tío.
Hostia, mejor no cantes por si acaso.
Pues imagínate. Y de hecho, la gente estuvo durante 17 años intentando reconstruir Pompeya, pero nunca terminaron. ¿Por qué?
Hostia, ahora viene.
Porque llega el último evento, llega ese 24 de agosto del 79.
17 años después, ¿no?
17 años después. Aunque la fecha hoy en día se está debatiendo, porque igual hay gente que dice que igual no fue en agosto, igual fue más en otoño, octubre. El tema es que está registrado oficialmente como ese día. Lo importante es lo que pasó ese día, ¿vale? Ese día, ahora viene el plato fuerte del podcast.
Claro, yo me imagino, vamos a ponernos en situación. Hasta el momento ya habían pasado 17 años, ya la gente, hombre, un poco se olvidó del terremoto.
Sí, a ver, tú seguías caminando por Pompeya y tú veías toda la ciudad llena de andamios.
Claro.
Eso es verdad. O sea, el daño que hizo tú lo ves reflejado en la propia ciudad.
Sí, eso es verdad.
La gente intenta pasar página. El tema es que ese día, claro, el día en sí pasa, al principio la mañana pasa con total tranquilidad. La gente se levanta, como en principio estamos en verano, pues hace bastante buen día, un clima cálido, así mediterráneo sobre todo. La gente sale de las casas con sus cantimploras, con sus tinajas, vasijas para cargarlas de agua en los pozos, en las fuentes, y empezar su vida en el mercado con el agua ya para ir bebiendo. Vemos cómo se van levantando los puestos, cómo sí, vas caminando por las calles y eso está lleno de andamios, entras en una taberna y todavía se ven las grietas por ahí que se están tapando con algo de piedra caliza, pero tú vas pasando página.
El tema es que cuando se va acercando el mediodía, ya como que ya cada vez hace mejor tiempo, la gente se reúne en el foro y empiezan a charlar, empiezan a dar paseos, siempre con esa majestuosa vista del monte Vesubio de fondo. El tema es que esa gente no sabe que ese monte que tienen ahí en realidad no es un monte, es un volcán. No tenían ni idea de eso. Esa gente estaba construyendo tanto sus vidas, sus cultivos, sus trabajos en la cima de un volcán que hace 17 años se había despertado por culpa del terremoto que asoló Pompeya.
No en la cima, sino en la ladera, ¿no?
Sí, bueno, incluso en la cima había muchas villas de gente rica, y recordad que en las cimas es donde la gente trabajaba, sobre todo los campesinos. Por lo tanto, había mucha vida en esa cima. Y claro, eso, cuando tú te das cuenta de que es un volcán y que durante los 17 años siguientes ese volcán está acumulando magma en su interior y está calentando toda la tierra que hay alrededor, tú no te das cuenta, pero los pompeyanos, ellos no se dieron cuenta, pero su ciudad se estuvo levantando dos metros por el suelo, por culpa de que la tierra se hinchó de tanto calor, y ellos ni se dieron cuenta.
Claro, es que en esa época, qué caray te vas a dar cuenta.
¿No te das cuenta?
En 17 años, dos metros si divides, es cuánto al año?
Ya, eso es muy poquito.
Claro.
Pero es que no solo eso, la naturaleza le estuvo mandando muchos avisos, ellos los ignoraron todos. ¿Os acordáis de esas grietas que quedaron en los descampados, que murieron 600 ovejas? Vale, esas grietas no solo estaban en la superficie, también estaban en el fondo del mar, en el fondo del río. Entonces empezaron a emanar un montón de gases de CO2, de azufre, que empezaron a enturbiar las aguas. De golpe, cuando la gente decía: "Oye, ¿qué te parece si hoy vamos a pescar?", van a pescar y dicen: "Coño, pero si hay una veintena de peces muertos flotando en el río".
Claro, porque el agua está turbia. El agua que estás bebiendo en las fuentes sabe a metal muchas veces. Hoy sabe a metal, mañana sabrá con un montón de salitre, con un montón de sal, y tú piensas que es algo totalmente normal.
Ya, a ver. No los juzgo, quiero decir.
Claro. Sin embargo, a ver, yo creo que un poquito de idea deberías de decir: "Oye, igual nunca ha pasado esto". En todo lo que llevamos viviendo en Pompeya, quiero decir, estamos viendo que a lo mejor hoy llueve, los pozos se llenan de agua y mañana los pozos están secos, oye, es extraño. Claro, hay tanta temperatura debajo en la tierra que el agua se evapora, y ellos dicen: "Bueno, pues será algo normal". Está oliendo a huevo podrido en toda la ciudad. Eso es azufre, y vosotros sabéis muy bien de lo que hablo.
Hombre, estuve sachando en un volcán de azufre mismo.
Sabéis a lo que huele el azufre? Tú mismo dijiste: "Huele a huevo podrido". Pues olía a eso todos los santos días en Pompeya, y la gente dice: "Bueno, pues será algo normal, será algún dios, yo qué sé, algún dios que tenía gases". Y seguían viviendo normal y corriente hasta que de golpe ya la naturaleza no te da más avisos. Y en ese momento, cuando ya todos están en el foro disfrutando del buen clima que hay, de golpe el reloj te marca la una del mediodía. Y en ese momento, en esas preciosas vistas del monte Vesubio, se escucha un sonido que parece como si hubiese caído, no sé, una bomba atómica a muy pocos metros de donde estaban ellos, porque la gente cataloga ese sonido como un sonido ensordecedor.
Es decir, una explosión tan grande y tan ruidosa que no solamente hizo que todo el suelo temblase, o sea, provocó que mucha gente acabase sorda, sobre todo la gente que estaba cerca. O sea, es un sonido tan heavy que empezó a salir un montón de humo, de ceniza negra de lo que es la cima de ese monte que empezó a esparcirse hacia arriba, empezó a nublar todo el cielo, y la gente estaba mirando cómo de golpe todo Pompeya se estaba haciendo de noche.
Como esa especie de nube de gases grises se estaba haciendo cada segundo más grande y más grande y más grande, y aún por encima tenían el viento en contra. Es decir, el viento está empujando esa nube de gases por encima de Pompeya. Esta gente no lo sabía, pero tenían encima suya, y no exagero, miles de millones de toneladas de piedra pómez y ceniza.
O sea, hablas en el aire.
En el aire, porque el volcán estuvo durante horas y horas, estuvo todo el día expulsando este material, ceniza y piedra pómez del cráter, constantemente llenando el cielo con estos material volcánico. Y claro, en el momento en el que empieza a caer, la gente al principio nota como: "Sí, que están cayendo como piedritas blancas superligeras". Sí, son superligeras, pero esas piedritas no paran. Y poco a poco, lo que es un gramo, después de un par de horas ya son kilos, y ya después de seis horas ya estamos hablando de toneladas, porque no para, pum, pum, pum, pum, pum.
¿Y la gente?
La gente en ese momento tiene que elegir qué hacer: o me voy de la ciudad, o me quedo y espero que esto a lo mejor sea un evento que dure un par de horas. Os digo una cosa, la mayoría de gente se largó. Y de hecho, sí, sí, la mayoría de gente de Pompeya se largó. Luego hablaremos del número de víctimas, pero eran muy pocas en comparación a la, bueno, la estimación que hay del número de víctimas que hubo.
Claro, que eso es.
Es una estimación, realmente. Pero sí, se piensa que la mayoría de gente en la primera hora, porque realmente la única oportunidad que tenías de salvarte era la primera hora. Mucha gente, las más inteligentes, fueron a sus casas, cogieron sus objetos más valiosos y se largaron corriendo de la ciudad, o bien por tierra o bien por mar, ¿vale? Pero los que se quedaron, lo que hicieron fue meterse en sus casas y esperar. Esperar dentro de las casas a ver si el evento iba calmando, si iba desapareciendo con el paso del día.
Hostia, así como te dije que antes, que oye, entiendo a la gente y tal, ahora ya no la entiendo tanto en este momento. Porque tú cuando ves una especie de explosión.
Claro, nunca antes has visto algo así.
Nunca antes has visto nada, yo digo: "Tíos, me voy".
Sí, es hora de irse.
A riverderchi y a chuparla.
Pues tú te habrías salvado. Pero los que se quedaron, después, por mucho que intentasen cambiar de opinión y largarse, no, no, ya estás condenado. Porque solamente tuviste una hora para poder escapar. Si en esa hora no te has largado de la ciudad, estás muerto. ¿Por qué? Porque la gente que se metió en las casas ya empezaban a escuchar de fondo cómo la gente estaba gritando por las calles, cómo la gente estaba tosiendo, pero la gente no paraba de toser, porque en cuestión de una hora toda la ciudad quedó envuelta en una fina capa de ceniza ardiente.
Hostia, ahí ya estaba ardiendo.
Claro, estaba ardiendo. Eso está a una temperatura grandísima. Es una ceniza que si entra en contacto con la piel ya te pica. Tú imagínate respirarla. Eso te quema la garganta, te quema los pulmones, te los seca en cuestión de segundos.
Como nos pasó en el volcán que fuimos, que tú respirabas ese.
Sí, ese azufre, ese polvo, bueno, ese vapor de azufre, y bueno, a mí me entraban ganas de vomitar, tú no parabas de toser, era una locura.
Hostia, de hecho, yo al regresar tuve que ir al hospital, imagínate.
Me acuerdo que decías que sudabas azufre.
Sudaba azufre.
Es una locura.
O sea, el olor. No es que sudara azufre, sudaba el olor, de tanto que se me metió para dentro. Estuve como cuatro o cinco días sudando olor a azufre.
Eras un volcán tú.
No, no, sí, sí. Era una locura. Y cuando fui al hospital me dijeron: "Pero, ¿tú de dónde carallo vienes?". Y yo: "Siéntate, vamos a empezar". "Siéntate que te voy a contar una historia". Bueno, hay un volcán y allí fui.
Exacto. Y ahí, tres doritos después, aquí estoy. Pues esta gente empezó a gritar por las calles, porque esa propia ceniza que respiraban, que se le posaba por la piel, claro, le estaba quemando, muchos se refugiaron en las casas. Mal hecho, es la peor decisión que podrías haber tomado.
No, ya.
¿Por qué? Porque toda esa piedra pómez se está acumulando en tu tejado. Y con el paso de las horas ya estamos hablando, claro, los pilares de la casa no son capaces de soportar tanto peso. Entonces el tejado se viene abajo y aplastó a cientos de familias. Cientos de familias quedaron aplastadas, no solo con el peso de las paredes del tejado, sino con el peso de la roca volcánica.
Claro, que estaría algo caliente también.
Sí, de hecho, muchas personas acabaron, si no las mató lo que es el derrumbamiento, acabaron muriendo por asfixia, porque estuvieron respirando durante todo ese tiempo polvo, ceniza ardiendo y quedaron muertos ahí asfixiados.
Claro. Y las personas que estaban arriba y eso todo, la lava se los llevó.
No, no, no hubo lava.
No hubo?
No, no hubo.
Ni siquiera arriba?
No, no hubo lava. No está registrado que cayese la típica lava que expulsa el volcán. Fue todo ceniza que expulsó el volcán al exterior.
Es que yo he visto una foto de dos personas como abrazadas o algo así.
Hablaremos de eso.
Hablaremos de eso.
Sí, sí, hablaremos de los montes de Pompeya.
Pues quiero saberlo, porque la he visto, pero en mi cabeza está que cayó lava y.
Hablaremos de eso, no te preocupes. El tema es que esa gente, cuando ya empezaron a ver que había un montón de derrumbamientos, los que vieron los derrumbamientos dijeron: "Pues igual no es buena idea meterse dentro de edificios". Claro, volvieron a salir afuera, pero es que para ese momento ya pasaron tres horas.
Ya era tarde.
Bueno, es que tú salías afuera y eso ya no es Pompeya. O sea, eso parece Silent Hill. O sea, parece una ciudad completamente nublada, completamente oscura, con una niebla superdensa, carbonizada, que parece que la agarras con la mano. Es una barbaridad, no ves nada. Literalmente, no ves ni siquiera lo que hay a un metro de ti. Lo único que veía a la gente, que apreciaban un poquito, eran pequeños destellos de luz de casas que estaban ardiendo. ¿Por qué? Porque esa ceniza está tan caliente que a lo mejor entra en contacto con una tela y empieza a arder, o entra en contacto con el aceite de las lámparas de aceite y empieza a arder.
La madera.
La madera. Entonces, muchas casas empezaron a arder desde dentro, claro, eso provocó que los pilares cayesen, un montón más de derrumbamientos, y la gente intentó escapar de Pompeya, pero realmente estaban en un laberinto donde no veían nada, tenían que guiarse por las manos, y de hecho, después no podían ni siquiera tener los ojos abiertos, porque esa ceniza te está quemando la córnea. Ya tienes que cerrar los ojos porque te están cayendo lágrimas, te escuece y muchas de esas personas no salieron, quedaron tiradas en el suelo y la ceniza las fue enterrando poco a poco. Se convirtió eso en su tumba.
Si tú estuvieras en ese momento ya que no has escapado, ¿hay algo que puedas hacer?
No, no. O sea, bueno, ¿qué harías tú? De hecho, lo que os dije que no debíais hacer es lo que hicieron algunas que otras personas, pero da igual lo que hagas. Estás muerto, incluso aunque creas que estás salvado, después estás muerto. Hubo gente que siguió en las casas, porque no todas las casas se derrumbaron, hubo alguna otra casa que aguantó el peso, y esa gente, cuando cayó la noche, notaron como la típica calma antes de la tormenta. Dijeron: "Hostia, ahora parece que ya no hay ruido, ya no se están escuchando explosiones del volcán, ya no está cayendo ceniza". Hubo mucha gente que por la noche seguía viva, pero estaba atrapada porque toda la ceniza inundó por completo la casa.
Es como si fuera nieve, ¿no?
Exacto.
La niebla acumulada, tú no puedes abrir la puerta porque ya la ceniza te está impidiendo, ni se te ocurra romper una ventana porque te entra toda la ceniza de golpe y, bueno, realmente no vas a poder salir porque hay metros y metros. Pero hubo gente que tuvo la suerte de que sus edificios aguantaron y sus casas eran de dos plantas. Entonces, estaban en la segunda planta y la ceniza todavía no había ocupado la segunda planta. Entonces, en ese caso, si te hubieses quedado en una de estas casas, por ahora seguirías vivo.
Vale.
Y tendrías que seguir ahí porque escapar no puedes.
El escapar no puedes, lo vas a intentar. De hecho, la gente lo intentó. La gente, cuando cayó la noche, aprovecharon para romper el techo y salir por el tejado, o bien aprovecharon para romper las ventanas y apoyarse en la ceniza, porque son cenizas y rocas, es sólido, e intentar escalar para subirte al tejado. Esa gente, cuando salió afuera, es que eso ya no es Pompeya, eso es un desierto, literalmente un desierto negro.
De ceniza, claro.
De ceniza. No se aprecia nada, lo único que se aprecia son algún que otro tejado por ahí que se deja ver la punta, se ve un poco las murallas de la ciudad y una puntita del anfiteatro. El resto es desierto.
Qué locura.
Es una locura. Tu ciudad, esa ciudad que recordabas, ha desaparecido en cuestión de horas. Es una salvajada. Y aquí la gente dice: "Hostia, no está cayendo ceniza, el volcán parece que se ha calmado". Sí, sigue habiendo esa espuma, esa ceniza negra flotando. Entonces, la gente, ¿qué hace? Agarra unas antorchas, empiezan a ver dónde están las murallas de la ciudad, y su intención es empezar a andar por esa ceniza, apoyándose en los tejados, intentando ayudar a la gente que todavía estaba dentro gritando: "¿Hay alguien aquí?". "Sí". Entonces, sacaban las tejas, intentaban sacarlos afuera, y toda esta gente va a intentar ir a la playa, al mar Tirreno.
Su intención era poder subirse a un barco, ver si algún barco los rescataba, para escapar. ¿Sabéis dónde está el problema? Que cuando llegas a la playa, no hay mar.
¿Cómo no hay mar?
No, no hay agua. Vas a llegar a la playa y es otro desierto de arena mojada. Porque donde tendría que estar el agua, ahora solamente hay peces muertos y arena que está húmeda. ¿Por qué? Porque por culpa de la erupción y el terremoto que provocó la erupción, todo el agua a lo largo del día se fue arrastrando metros atrás, y donde tendrían que estar las olas, no hay nada. Entonces, esto es una putada grandísima, porque en los almacenes de barcos, si tú decides soltar el barco para que caiga en el agua, no va a caer en el agua, va a caer en arena.
Entonces, claro, para salir de allí ya no puedes en barco, tienes que andar.
No, lo que hicieron fue: tienes que andar y, bueno, empezaron a arrastrar lo que son las barcas de los barcos, las balsas, por la arena. Pero aquí hay otro problema, porque estás completamente a oscuras. Y tú has probado a andar en línea recta con los ojos cerrados?
No, sí. Sí, sí, sí.
No vas en línea recta. Entonces, esta gente estaba escuchando el sonido del mar, ese "shhh", y dicen: "Oh, parece que es por aquí". Y claro, bum, ya empiezan a girarse. Y durante ese tiempo, será donde ocurra lo peor, no. O sea, lo que va a pasar ahora, no es que sea una salvajada, porque, por ejemplo, una salvajada es Chernóbil. Es una barbaridad lo que ocurrió en Chernóbil, la explosión provocada por manos del hombre, esa gente que volaba con los helicópteros por encima de la nube radioactiva, y en el momento en el que pasases por la nube, segundos, ya habías perdido la vida, no en ese momento, pero años después.
Sí.
Vale, eso es una salvajada. Eso lo hace el hombre, pero ahora vas a ver lo que es capaz de hacer la naturaleza. Y lo que pasó a la 1:30 de la madrugada en Pompeya es una monstruosidad.
Peor que lo.
Bueno, es una locura.
Madre mía.
Porque pensad una cosa, a la 1:30 de la madrugada, lo que ocurrió es que el volcán empezó a perder fuerza, ¿vale?
O sea, como si fuera bajando.
Exacto, empezó a perder calor realmente. Y el calor es lo que hace que esa nube de ceniza esté flotando en el cielo, el calor la mantiene flotando. Si el calor se va, la nube empieza a caer. Y no va a caer planeando, ni va a caer despacio, no va a caer en picado, porque ahí hay rocas flotando en el cielo.
Claro, cojones.
Y eso va a caer a una velocidad como un halcón, fum. Y eso no está calentito, eso está ardiendo. Todo lo que estaba a diez kilómetros de distancia del volcán se va a incinerar. Todo va a desaparecer. Árboles, vegetación, animales, todo lo va a erradicar del mapa. ¿Sabéis qué estaba en ese rango de diez kilómetros?
La ciudad.
No, no estaba Pompeya. Pompeya estaba a 12 kilómetros, pero había otra ciudad que se llamaba Herculano. Herculano es la ciudad de los ricos. Es una ciudad preciosa, ¿vale? Imagínate una ciudad con vistas, típico puerto, con un montón de villas, muchísimos árboles frutales traídos de todas las partes del mundo, la gente en sus balcones, eso parecía la antigua Grecia, era una locura.
Era.
Era. Haz esto, pum, ya no hay nada. Pero cuando digo nada, es no hay nada. Si tú estás ahí, no es que te mueras, es que ya no queda nada de ti. No queda ni un hueso, porque esa nube de gas que va a pasar en cuestión de un segundo por tu ciudad está a 600 grados de temperatura.
Madre mía.
Lo borra todo. No queda nada de tu ciudad, porque va a quedar envuelta en una capa de roca que se va a solidificar en cuestión de minutos. Una vez ya pase por ahí, una vez ya entre en temperatura ambiente, se solidifica y no queda nada de tu ciudad. ¿Qué pasó con Pompeya? Pompeya estaba a 12 kilómetros, ¿vale? Estaba a dos kilómetros más de ese área, pero aun así la nube entró. La nube perdió temperatura, pero aun así arrasó con la ciudad porque lo hizo como a 300 grados Celsius, que también es una barbaridad. Toda la gente que quedaba atrapada.
La gente sabe que el agua hierve a 100 grados. A 100 grados, mete tú ahí la mano, imagínate a 300.
300. 250, 300.
Claro, pero aquí el tema es que tú tienes que seguir respirando.
Sí.
Entonces, si estás respirando, ponle 200 grados, da igual.
No, no, es una muerte instantánea, se te incineran los pulmones.
Qué locura.
Y de hecho, esa temperatura fue clave, porque lo que hizo esa temperatura fue cocer los cuerpos, no los incineró, los coció. Entonces, se quedaron ahí como moldes, ¿vale?
Ahora bien, claro.
Ahora hablaremos de ese tema. Se quedaron ahí y después, ahora sí, es cuando la ciudad de Pompeya quedó envuelta en ceniza, porque esa nube arrastró un montón de ceniza y ya, ahora sí que sí, no se ve nada de la ciudad. Ahora sí que sí es un desierto. Incluso la gente que estaba en la playa perdió la vida, porque la ceniza, esa nube de gas, acabó llegando y acabaron ahí perdiendo la vida. Y de hecho, ahora Pompeya se convertirá en una civilización perdida, porque durante muchos años, sí, la historia de una ciudad envuelta por ceniza, por culpa de un volcán, estuvo ahí en unos escritos, en documentos, pero la gente realmente no sabía dónde estaba Pompeya.
Es una historia del mundo antiguo, pero ese mundo antiguo siguió siendo una civilización perdida hasta que 1700 años después alguien la encontró, ¿vale?
1700?
1700 años tuvieron que pasar para que de golpe encontremos un resquicio de Pompeya. Ahora, antes de avanzar esos 1700 años, vamos a volver al primer momento de ese día, es decir, vamos a volver a la primera hora de la madrugada de ese 24 de agosto del 79, porque tenemos que ponernos en la piel de un personaje muy importante para Pompeya, un personaje llamado Plinio el Viejo. Y os diré que este tío tiene unos cojones del tamaño del volcán.
Sí.
Sí, ya veréis lo que es. Es muy curioso, y la curiosidad dice que mató al gato.
Mató al gato.
Ya veremos.
Entonces, ¿quién carallo era este señor?
Pues mira, este personaje, porque era un auténtico personaje, llamado Plinio el Viejo, para empezar, era el comandante de la flota romana de barcos. Y además, era un hombre que estaba recopilando todos los conocimientos que existían sobre la humanidad en enciclopedias. Daba igual que fuera sobre el ser humano, plantas, animales, piedras, a todo le valía. Llevaba 27 enciclopedias. Entonces.
Me confundo. Este se pregunta: "¿Por qué? Pero por qué? ¿Por qué es así? Quiero saber más".
Entonces, un día él estaba al otro lado de la bahía, con vistas al Vesubio, escribiendo en sus pergaminos, tomándose un mulsum, todo tranquilo, cuando de repente ve a sus hombres por la playa empezar a decir: "Plinio, mira para la cima del monte Vesubio, está echando humo negro, es el apocalipsis". Y él: "A ver, ¿qué pasa? Deja los pergaminos, mira hacia allí". "Joder, ¿qué pasada eso que estoy viendo?". "Pero espera, ¿qué estoy viendo?".
¿Por qué?
"Camaradas, preparad un par de barcos, nos vamos hacia el monte Vesubio".
Me cago, no, Plinio, por Dios.
"Jefe, no podemos ir, no ves que todo el mundo está intentando escapar de allí". "Ya, eso es que está pasando algo interesante". Y no les queda más remedio que subir al barco, al final son unos mandados. Suben al barco, empiezan a remar, y ya le dicen bueno, y Plinio, como si fuera un niño pequeño, en plan anotando todo: "Una nube gigante con forma de árbol está saliendo del monte, increíble". Un poco más a remar: "Plinio, están lloviendo piedras, estupendo, así sabremos cómo es la composición de las piedras cuando nacen".
Pasa un poquito más: "Plinio, que el viento no nos deja seguir avanzando". "Pues nosotros somos un puto equipo de remo".
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Todos a la vez y podremos llegar hasta allí. Plinio, que no podemos, nos lleva para el otro lado, un poquito más lejos.
Sí, dice: "Todos a la vez menos yo". Yo voy a anotar, eh.
Es verdad, eso no os lo comenté, pero es cierto que cuando os comenté el tema del agua, hubo una parte de la ciudad que sí consiguió meter sus barcas en el agua. El tema es que es como muy raro, porque es como si hubiese un elemento de la naturaleza que te dice: "No, no te vas a ir de aquí". Porque el viento estaba en contra, había un oleaje súper bruto, y por mucho que metieses la barca, por mucho que intentases navegar hacia mar adentro, el propio mar te estaba metiendo de nuevo en la orilla, el viento te estaba metiendo de nuevo en la orilla, por tanto, no podías salir de aquel lugar por mucho que quisieses.
A no ser que fueses Plinio, que querías entrar.
Exacto, "ah, todo el mundo se va", pues yo voy, mejor, así no hay gente que me moleste.
Punto viejo de los cojones.
Entonces, ¿qué hace Plinio? "Pues si no podemos llegar, nos vamos a dejar llevar hacia la casa de mi amigo pomponiano, que se llama así, muy buen tío, vamos hasta allá". Se deja llevar, llega a la otra parte de la costa, van a la casa de Pomponiano: "Oye, Pomponiano, ¿qué tal, amigo?". "Dios, vaya espectáculo, nos está regalando hoy el Vesubio".
Oh, sí.
"Prepárame un mulsum, por favor". "Plinio, el horno no está para bromas. Llevo horas con el equipaje todo puesto, pero no consigo escapar ni por tierra ni por mar. Estamos atrapados en una puta ratonera, Plinio. ¿Y tú qué haces aquí?". "Pues porque soy el puto comandante de la flota romana de barcos. Vengo a salvarte, tanto a ti como a todo este pueblo".
Sí, sí.
"Quiero que entréis en mis barcos hasta que no coja ni una puta aguja de alfiler". "Plinio, eso es muy complicado". "Bueno, vosotros id subiendo". "Suben a los barcos, tal, llega Plinio, pasa un rato. Venga, soltad marras, nos vamos".
¿A dónde?
Bueno, a escapar.
Ah, vale, se iban a escapar.
No, no, no, van volando al volcán en barco. A intentar escapar. Y le dice Pomponiano: "Plinio, ya te dije que no podíamos. El viento es demasiado fuerte, nos tenemos que quedar aquí. Es una puta ratonera". Y la gente ya del pueblo armando un escándalo, y Plinio en plan: "Bueno, pues si la vida te da limones, coge los limones". Así que se saca su camiseta, los pantalones, y se tira al agua, a darse un baño como si no pasara nada. Y la gente: "Este tío está loco, y nosotros todavía peor, porque estábamos confiando en un tío que nos sacara de aquí, que nos salvase".
Pero en verdad, Plinio era un genio.
Bueno, bueno, bueno, ¿qué me estabas contando?
Porque este tío estaba intentando con su actitud tranquila que el resto de personas viesen que no pasaba nada.
Ajá, claro.
O sea, que la situación estaba controlada.
A mí el viejo no me ayuda, eh.
Bueno, en todo caso, él salió del agua, otra vez al barco, y le dice a su amigo Pomponiano: "Mira, me voy a dormir. Si en algún momento el viento cambia de dirección, me avisas y partimos desde aquí". Entonces va a dormir, pasan un par de horas, y su amigo: "Plinio, ya está, podemos escapar. Venga, venga, venga, despierta, Plinio". "Vale, muy bien. Venga, cagones, id largándoos en ese barco. Venga, iros".
"Plinio, ¿y nosotros qué? ¿No nos vamos?". "Nosotros? Pero si acaba de empezar el espectáculo del monte Vesubio, joder".
Ay, me cago en la madre que lo parió.
"Nos vamos de expedición hacia el monte Vesubio, camaradas. Nos vamos". Así que bajan del barco, se ponen a caminar por allí, y sus hombres: "Plinio, pero está todo lleno de, no sé, de ceniza, cuesta respirar. El suelo cada vez está más caliente. Volvemos al barco". "Ahora".
Caliente estoy yo buscando el Vesubio.
"Ahora que hemos llegado hasta aquí, vamos a hacer que la humanidad pueda avanzar".
Hombre.
Lo tenemos que anotar todo en nuestros pergaminos, ¿entendido? "No sé, Plinio. Venga, tirad hacia arriba, hacia el Vesubio". Entonces a los tíos no les queda más remedio que acompañar a Plinio de expedición hacia la cima del monte Vesubio.
Suena, suena a chiste.
A peli de comedia, sí, sí.
Algo que es imposible. Pero él, claro, él tenía enciclopedias, él estaba empeñado en hacer que esto avanzase.
Claro, ya tiene 20 enciclopedias, ya es el listo de la clase, ¿no?
Bueno, lo intentaba. Entonces, se ponen a caminar: "Plinio, que el suelo está que arde. Cada vez huele más a huevo podrido. Que vamos a seguir. Plinio, que no podemos, por favor, nos volvemos al barco". "Ahora, si hemos llegado hasta aquí, llegamos a la puta cima, ¿entendido?". "Siguen caminando, pero llega un momento donde a Plinio le fallan las rodillas, se cae al suelo". "Plinio, por favor, levántate y volvemos atrás". "Bueno, no sé, tal".
Ves, ya está, ya está cambiando el "bueno, no sé, tal".
Igual no es mala idea.
El tema es que lo ayudan a levantarse, pero sigue caminando un rato más, y ahora vuelve a caer, y Plinio acaba falleciendo con 55 años por culpa de inhalar esa ceniza que era mortífera.
Pero será tonto. O sea, estuvo, quiero decir, tenía la salvación.
Sí, podría haberse salvado.
Porque los otros consiguieron escapar en el otro barco.
En los escritos no se sabe, en verdad, qué pasó con la gente.
Yo lo sé.
Yo confío.
Yo confío, exacto, el poder del guion.
Porque esto, esto todo lo sabemos porque lo escribió Plinio el Joven.
El Joven, el nieto, creo que era, de Plinio el Viejo.
¿Qué lo sacó de Manuscritos del Viejo, o qué?
Sí, sacó sus aventuras de lo que pasó en Pompeya, que sobrevivió.
Esta historia que os estoy contando, que estamos contando ahora, es gracias a Plinio el Joven, realmente.
Hostia, sí, sí.
A su nieto.
Pues Plinio el Viejo hizo las cagadas y el otro las escribió.
Él fue el que llevó el pergamino para dar pas.
Madre carayo, claro, pero se murió él y seguro que toda la tripulación.
Sí, lo que pasa es que no está en los escritos, el importante era el viejo.
Ya, está, pero te lo digo yo, te lo digo yo porque estaba al lado del volcán y entre que volvían y todo, si el viejo ya murió, los otros bien ya no estaban. Entonces se murieron casi todos, imagínate. Entonces, ¿ahora qué?
Ahora hay que ver qué pasó los días después del accidente, bueno, del accidente, del desastre.
Del desastre, de la catástrofe.
De la catástrofe, de la monstruosidad que ocurrió en esas, no solo en esa ciudad de Pompeya, sino en todas las ciudades alrededor del volcán, porque todas quedaron enterradas. Muchas quedaron bastante heridas.
Sí, porque dijiste una que estaba más cerca, pero la famosa es Pompeya.
Pompeya es la famosa, es la que se llevó la fama porque es la que se encontró. Herculano no existe a día de hoy, porque quedó erradicada.
Ah, claro.
Claro, claro, es lo que yo dije, estaba dentro de esos diez kilómetros, todo lo que estuviese dentro de esos diez kilómetros ya no existe a día de hoy.
Vale, vale, por eso es famosa.
Pompeya estaba un poquito, un par de kilómetros más, y por eso sobrevivió como tal la ciudad. El tema es: ¿qué pasó días después? Bueno, para ese momento no estaba el emperador Nerón al mando, estaba el emperador Tito.
¿Tito?
Tito, como el gato de tu abuela.
Es verdad, como el gato de mi abuela, se llama Tito.
Estaba de emperador, estaba el emperador Tito, y él decidió destinar no solo un montón de dinero, sino un montón de tropas a las ciudades que consiguieron sobrevivir a la erupción del volcán, porque allí había mucha gente que se quedó sin hogares. Y lo curioso es que estas tropas, este ejército, decidió pasar por Pompeya para ver cómo quedó. Y se quedaron a cuadros, no solamente porque la ciudad ya no existía y era un desierto, sino porque muchos supervivientes de Pompeya volvieron a su ciudad y vieron cómo estaban cavando entre la tierra, entre la ceniza, con tal de intentar encontrar su ciudad, que perdieron, para ver si encontraban sus casas, si conseguían rescatar algo de sus objetos, para ver si encontraban a sus familiares que quedaron allí enterrados, o incluso para robar, porque ya había mucha gente que iba a intentar robar en esas casas de ricos a ver si se llevaban objetos.
Claro.
Claro, toda esta gente después acabó siendo destinada a las ciudades que había alrededor, en plan, tuvieron que empezar de cero. Pero el tema es que vosotros os acordáis que yo os dije que la gente en Pompeya cultivaba en la colina del monte, porque no sabían por qué, pero la tierra era muy fértil.
Hostia, claro, porque en la ladera habría todo de estos materiales.
La ceniza nutría mucho, claro. Ahora, ese desierto de ceniza, en el momento en el que empieza a llover, en cuestión de un par de años, eso ya no es un desierto, eso es un descampado, y después ya es un campo, y ya empiezan a crecer árboles, y ya se vuelve una tierra súper fértil, llegan los animales, cuando llega la vegetación y llega la fauna, llega el hombre. Y entonces empiezan a instaurar granjas, siguen pasando los años, el Imperio Romano ya cayó, ya no existe. Sin embargo, ahí siguen habiendo pequeños poblados, y con el paso del tiempo acabará llegando la Edad Media.
Y en la Edad Media resulta que cuando los campesinos araban la tierra, de vez en cuando los encontraban con monedas antiguas enterradas en la ceniza, en esa tierra, y decían: "Onda, ¿y esta moneda tan extraña? Oh, qué raro, oh, mira, yo he encontrado una figura, el resto de una inscripción que está en un idioma antiguo que no conozco". ¿Qué pasa? Llega la leyenda. Una leyenda que dice que en aquel lugar llamado Cívita existía una ciudad en el subsuelo, una ciudad donde todavía había gente, donde vivían, pues vete tú a saber el qué, vestiario medieval.
Como unas catacumbas ocultas.
Unas catacumbas ocultas. Entonces esto se le empezaba a contar a los niños, se le decía a los niños que aquella tierra donde ellos jugaban, pues realmente había mucho buscador de tesoros que estaba intentando acceder a la tierra que había, a la ciudad que había debajo. Entonces los niños, claro, ilusionados, ya salían corriendo.
Hostia, hacían "no".
A intentar buscar los tesoros de esa ciudad, a intentar buscar las puertas. Claro, gracias a estas tonterías, Pompeya seguía existiendo en la mente de mucha gente. No como Pompeya, sino como una leyenda de una ciudad subterránea. Lo que pasa es que muchos historiadores sí que conocían la historia de Pompeya gracias a Plinio el Joven. Dijeron: "Hostia, qué historia más interesante. ¿Dónde estará Pompeya?", porque no saben dónde está. Sin embargo, les empiezan a llegar esos rumores de que existe una ciudad, bueno, un campo que se le llama Cívita, donde los campesinos están encontrando monedas antiguas.
Entonces ya viene mucho historiador, mucho arqueólogo a intentar buscar por la zona, y irá pasando el tiempo, pasarán un total de 1600 años, y se empezaron a realizar excavaciones en esa zona. En 1600 años hubo una persona que acabó encontrando una pared con inscripciones de Pompeya, pero pasó de ella. Dijo: "Esto no es lo que me interesa, yo he venido aquí por otra cosa". Y la obvió. El tema es que después hubo un español.
Ahí vamos, ahí representando.
Un español llamado Joaquín de Alcubierre, que fue el que descubrió Pompeya sin querer.
Y luego que iba paseando.
No, resulta que el rey de España en ese momento le había dicho a Joaquín que tenía que encontrar, pues, tesoros de civilizaciones perdidas.
¿Cómo no? Me lo creo.
¿Para qué? Básicamente figuras antiguas para exhibir en su palacio. Entonces a Joaquín le llega el rumor de que: "Anda, existe un lugar, un pueblo llamado Cívita, donde los campesinos dicen que se encuentran monedas antiguas. Voy a ir allí". Y el tío dio la casualidad de que dijo: "Voy a cavar aquí". Mayao, tienes Pompeya debajo tuya.
No me jodas.
Sí, sí, lo clavó. Tienes justo debajo tuyo la ciudad que durante 1700 años estuvo perdida. Esa ciudad que muchos niños inocentes estaban buscando, esa ciudad que muchos ladrones sacrificaron sus vidas con tal de encontrar. Tú has decidido cavar aquí y la tienes debajo.
Es español.
Vas a presentar Pompeya al mundo, amigo mío, gracias al rey que ha dicho: "Oye, vete a buscar por ahí tesoros perdidos". Oye, has encontrado lo mejor de lo mejor en Italia, Pompeya. Entonces comienzan las excavaciones, se empiezan a desvelar las ruinas de la ciudad de Pompeya, que quedaron bastante bien conservadas, gracias a la ceniza, porque sirvió como de molde, se solidificó. Entonces se encontró incluso el foro, se encontró el anfiteatro.
Ah, ¿sí?
Sí, sí, el foro está perfecto para ver a día de hoy. El anfiteatro es el anfiteatro romano más antiguo del mundo, está muy bien conservado, gracias a la ceniza. Sí, sí. El tema es que pasó una cosa muy importante, y no pasó con este español, pasó con un italiano que años después, realizando las excavaciones, descubrió algo muy interesante. Este italiano se llamaba Giuseppe Fiorelli. Giuseppe se fijó que muchas veces cuando estaba con el cincel golpeando la ceniza, de golpe se encontraba como huecos vacíos en la ceniza, en plan, donde había aire.
Dice: "Hostia, qué extraño". Bueno, derrúmbalo, vamos a seguir, aquí no hay nada. Pero, ¿qué pasa? Que se encontró otro, y otro, y otro, y dijo: "Para un momento, dame una linterna". Y en el momento en el que metió la linterna en ese hueco vacío, encontró restos de huesos, encontró ropa quemada, y dijo: "Uy, uy, uy, uy, uy, hostia, esto es duro de escuchar". El tío dijo: "Eh, parad ahora mismo las excavaciones, quiero que se me traiga un cargamento entero de yeso líquido". "Yeso líquido?", "Sí, sí. En el momento en el que alguien encuentre un hueco vacío, un hueco de aire entre la ceniza, se me avisa y se paran las excavaciones, se para todo".
Vale, empiezan a encontrar el primero, el segundo, el tercero, detienen las excavaciones, y cada vez que encontraban uno de estos, hacían un pequeño agujerito y echaban un montón de yeso líquido para que se rellenase en todo ese hueco vacío.
Claro.
Entonces, cuando el yeso se solidificó, empezaron a apartar toda la ceniza que había alrededor, y lo que descubrió este tío, si lo piensas fríamente, primero da miedo y luego da mucha pena, da mucha tristeza. Porque este tío se fijó que todos los moldes de yeso que sacaba tenían figuras, o sea, tenían formas de figuras humanas, y en posiciones que dan bastante pena. Porque, por ejemplo, la primera figura que sacó tenía la figura de una mujer encima de un niño, que era una madre protegiendo a su hijo en el momento en el que se derrumbó la casa.
Luego sacó otra figura que era la de un esclavo que estaba encogido, llevando sus manos al tobillo, y se podía ver que en el tobillo todavía tenía la cadena y los grilletes, estaba intentando quitarse la cadena para escapar, pero estaba encadenado. Luego se puede ver la figura de un perro que está de espaldas, retorciéndose de dolor. Se puede ver la figura de una familia entera abrazada, un padre abrazado a la madre y la madre abrazada al niño, una mujer que tenía el estómago hinchado, que daba a entender que estaba embarazada. Se encontraron un total de 100 moldes que fueron la escena de los últimos segundos de vida de aquellas personas que quedaron aplastadas por la ceniza, y como esa ceniza se solidificó, digamos que calcó por completo la posición en la que perdió la vida esa persona.
Y en el momento en el que el cuerpo se pudrió, la carne se pudrió y los huesos quedaron ahí, pues tirados, pues lo que hizo la ceniza fue crear un molde vacío que en el momento.
Claro, mantuvo la forma.
Claro, mantuvo la forma, y en el momento en el que metes el yeso, tienes tal cual la forma en la que esa persona perdió la vida. Y todo esto se puede ver hoy en día si la gente va a Pompeya, porque lo bueno de esto, dentro de lo malo, dentro de esta barbaridad, es que para empezar hay 100 moldes, pero realmente se habla de que la catástrofe dejó como sobre 5000 personas sin vida.
Claro, pero yo me imagino que no se pueden recuperar todos.
No, no se pueden, y hay gente que piensa que a lo mejor incluso esa persona que encontraron, o ese hueco que encontraron, tenía una posición muy deforme, y a lo mejor no era del volcán, y era del terremoto que hubo antes, o algo así, que a lo mejor era un entierro, que se enterró a la gente. Pero sí, muchas de las moldes que se encontraron fueron por el volcán. Se habla de que en Pompeya perdieron la vida sobre 2000 personas, estimación, pensad que había entre 10000 y 20000. Joder, si solo fueron 2000, hubo mucha gente que se salvó. Bueno, hasta donde sabemos, ¿vale?
El tema es que hoy en día se siguen haciendo expediciones. Hoy en día Italia, Pompeya, o bueno, Pompey, se ha convertido en uno de los lugares más turísticos de todo el país. Porque la gente, lo bueno de esto es que puede ir allí y puede pasear, como dijiste tú al principio del podcast, podéis pasear perfectamente por las calles de Pompeya, meteros dentro de aquellas casas que todavía estaban en pie, casas tanto de pobres como de ricos, podéis ver las villas, o lo que quedaba a la altura de las villas, podéis meteros en el museo y ver todos estos moldes. Y ahora lo vais a disfrutar todavía más, porque acabáis de escuchar la historia de Pompeya, y vais a poder pasear por allí y vais a poder entender todas las referencias de: "Anda, mira, ¿por qué hay un pene dibujado en esta pared?", "¿Por qué hay un montón de escritos?", ahora ya sabéis por qué.
Y esto mola mucho más, porque no es lo mismo ir a un sitio sin saber su historia, que yendo y conociendo su historia. Se disfruta el triple.
Qué barbaridad de final, oye, qué cierre de oro, qué locura, me gustó mucho, sí señor. O sea, estos podcasts sí que es cierto que tú a lo mejor ves el título y dices: "Bueno, caray". A ver con qué tostón me vienen hoy, sinceramente. Pero es una barbaridad, súper interesante, y lo mejor de todo es que puedes ir allá para comprobarlo por ti mismo, y eso vale muchísimo más.
Eso gana muchos puntos, sí, sí.
Eso lo gana.
Porque es como por un momento dices: "Hostia", es como cuando estuvimos en Egipto, en el templo de Karnak, que yo me acuerdo que en el blog decía: "Hostia, por un segundo sí que siento cómo podría haber sido, pues una ciudad en este templo". En plan, por un momento eres capaz de imaginarte cómo era de grande la ciudad gracias al templo de Karnak en Luxor. Pues aquí es lo mismo, si te vas a Pompeya es como a lo mejor ves lo que es las ruinas, pero por un segundo te puedes llegar a imaginar cómo habría sido eso hace 1700 años.
Habiendo escuchado el podcast.
Habiendo escuchado el podcast.
Claro, porque yo ya lo sentí durante el podcast, pero ahora si lo veo, tío, es como: "Me lo voy a imaginar por mil".
Sí, sí, y además cuando ya veas esos bloques, dices: "Hostia, ¿por qué habrá unos bloques aquí al lado de la carretera?", o ya sabes que esos bloques son pasos de peatones, ya vas a ver que donde hay un montón de pollas dibujadas, ahora entiendes por qué. Vas a ver el Lupanar, el Lupanar sigue en pie a día de hoy.
Sí.
Sí, puedes ir al Lupanar, puedes ver todas esas posiciones sexuales dibujadas.
¿En serio?
Sí, sí, se puede, y muchas de esas están reflejadas en el museo, y las lámparas de aceite se conservaron. O sea, todo esto que os estoy diciendo, hay muchas imágenes que lo demuestran, sí, sí, es una locura.
Me parece una barbaridad, ahora me apetece ir, te lo digo en serio.
Gana mucho.
Sé por qué sería ir, es una visita rápida, porque es ver eso y ya te tienes que mover para otro lado. Y hay otros países que me interesan más, que bueno, seguramente la gente lo sepa en un futuro, a dónde vamos a ir, es que nos interesa. Pero sí, como viaje para ver esto en la realidad es muy interesante, y la verdad dan ganas de ir. Dicho esto, como siempre, antes de irnos, un par de anuncios o un par de charlas con esta buena gente, y es, a ver, lo primero, lo que ocurrió en el documental de las orcas, todo el apoyo, quiero decir, nadie de aquí se lo esperaba.
Más de medio millón de personas ha visto ese documental, han gastado su tiempo para comentar, algunos lo han hecho para el sorteo de las tazas, que lo haremos a continuación, y lo veréis, recordad, por favor, en nuestro Instagram. Tan pronto acabe este podcast, id allí un momento, a ver si os ha tocado, y da igual el país, os la vamos a mandar, nos decís un email.
Si estás en Pompeya, te va a llegar.
Te va a llegar a Pompeya, siempre y cuando, claro, lo veas y estés vivo, por supuesto. Y de verdad, o sea, ha sido fantástico. Incluso cuando yo dije: "Oye, hemos traído a la gente que es, pues, escritora del canal y todo", lo han agradecido muchísimo. O sea, yo era como por hacer, no sé, un detalle, al final están siempre y, pues, no tenemos nunca nada así especial, y oye, pues la verdad lo han agradecido muchísimo.
Y eso me lleva a que a final de año, hace un año que sacamos el libro, hicimos algo espectacular, que vinieron cientos de personas.
¿Por dónde estás yendo? A ver, ¿qué me estás diciendo?
Vinieron cientos de personas a vernos, y no sé, tanto cariño, me dio ganas de decir: "¿Y si hacemos otra firma de libros hacia final de año?".
Y la pregunta es: ¿dónde lo tienes pensado hacer?
No lo voy a decir.
Es secreto todavía.
No lo voy a decir porque no es oficial.
Ah, bueno.
No es oficial, pero sí voy a poner todo mi empeño en hacerla. Quiero decir que se va a hacer. Ahora.
Vale, vale.
Claro.
No, y cuando se te meta algo en la cabeza.
Sí, nosotros nos estamos enterando ahora en directo.
Yo me estoy enterando ahora también.
Eso es verdad, eso es verdad. Claro, pero aquí en directo es todo aquí en directo, aquí somos legales. Entonces, vosotros y la gente se entera al mismo tiempo, pero a que os apetece.
Bueno, sí, la verdad, a mí me llevó una sensación muy bonita cuando lo hizo en Madrid.
Exactamente, no va a ser en Madrid, eso sí, descartado porque ya fue. Entonces hay que ir a otro lado, que ya veremos dónde es. No quiero decir sitios posibles, aunque los tengo, porque al que no vayamos luego van a decir: "¿Dijisteis este sitio?".
Ya, se hacen ilusión, falsa ilusión, sí.
Claro, entonces cuando tengamos el sitio os lo diremos, pero será hacia finales de año, eso sí.
Ya, me vas a hacer ir disfrazado otra vez, ¿no?
Hombre, nosotros vamos disfrazados, eso es así, eso no es negociable. Y trataremos de hacer como hicimos en aquel podcast, de hacer la intro con todos los que se queden hacia el final, que fueron muchos.
Sí, sí.
Recordad que donde lo hicimos cerró como media hora o una hora más tarde.
Solo por nosotros, sí, porque había muchísima gente.
Porque había muchísima gente, y entonces dije yo: "Joder, tanto cariño, tanto todo, no vamos", sí, sí, sí, vamos a hacer otra firma de libros, que quiero aclarar una cosa, es una firma de libros, pero es para que todo el mundo que quiera venir, venga. No tenéis que tener el libro, hay gente que no lo quiere, hay gente que no se lo.
Sí, para incluso sacarse la foto, se pueden pasar sin problema.
Exactamente, hay que hacer, pues eso, la fila normal, como si fuera esa con el libro, pero sois todos bienvenidos, faltaría más. Otra cosa, siguiente podcast, vamos a ver, vamos a, claro, ahora es sobre fuego, fuego y cenizas, y el siguiente sobre qué es? A ver, explícanos.
Es sobre el terror de la profundidad de los océanos, volvemos a naufragar, volvemos a adentrarnos en los siete mares, pero no en la versión pirata, sino vamos a hablar de los desastres que ocurren en el mar, vamos a hablar de naufragios, otra vez.
Exactamente, vamos a intentar coger ideas, a la gente le gustó mucho ese podcast sobre cómo.
Hombre, hay una historia que.
Hostia, claro.
Que se repitió, de hecho.
Esta historia fue brutal, o sea, es muy buena, y vamos a intentar, pues eso, aprender qué podríamos hacer nosotros, ponernos en la piel de un náufrago, ¿no? A ver si conseguimos sobrevivir o no. Estaría bien hacerlo en la vida real.
No, no estaría bien, no.
Pero bueno, sí, un tal, pero de momento vamos a hacerlo aquí, pues contando historias reales sobre qué miras, qué.
Nada, nada.
Te veo ahí diciendo: "Ay, Dios mío, qué", no, no, pero sí, va a estar muy interesante, y la verdad tengo muchísimas ganas. Así que acordaos, tan pronto se acabe el podcast, vais a Instagram, a ver si os ha tocado la taza, y nos decís. Nos vemos en el siguiente podcast, y en unos meses nos veremos con alguno de vosotros en persona, espero. Así que, señores, un aplauso.
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En este episodio viajamos hasta la antigua Pompeya para descubrir cómo era realmente la vida en una de las ciudades más fascinantes del Imperio romano.
Conoceremos sus costumbres, sus calles, sus baños, sus lupanares y algunas de las curiosidades más sorprendentes de la vida cotidiana de sus habitantes.
También hablaremos de los violentos enfrentamientos que llegaron a producirse en la ciudad y del terremoto que, años antes, ya había advertido de lo que estaba por venir.
Por último, reconstruimos paso a paso el terrible día que cambiaría Pompeya para siempre y que acabaría convirtiéndola en uno de los lugares más fascinantes de la historia.
Cuéntanos tu opinión en los comentarios, te leemos!
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