Este editorial de La Trinchera de Llamas analiza a Alberto Núñez Feijóo como posible presidente del Gobierno. Manuel Llamas critica la gestión del PSOE, en especial la respuesta al accidente ferroviario de Urda y la continuidad del ministro Óscar Puente, y contrapone el estilo de Feijóo al de Pedro Sánchez.
Repasa la trayectoria de Feijóo al frente del INSALUD, Correos y la Xunta de Galicia, presentada por el autor como prueba de su capacidad de gestión. Son opiniones del editorialista, que los oyentes podrán contrastar con otras fuentes.
En este episodio Manuel Llamas
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En Es Radio es música. En Es Radio: La Trinchera de Llamas, con Manuel Llamas.
Despierta, España, que no te engañen. Feijóo será mejor presidente que líder de la oposición.
Hay que tener mucha cara, pero mucha. Y muy poca vergüenza, ninguna, de hecho, para César, a tu ministro de Transportes. Un tuercebotas, de tomo y lomo, sobre cuyos hombros pesan 115 muertos en menos de un año. Y lejos de castigarlo, encumbrarlo hasta los cielos cual héroe nacional, como referente y ejemplo a seguir del socialismo patrio. Y sin embargo, eso es justo lo que está pasando en el PSOE, que más que un partido se ha convertido en una secta religiosa cuyos seguidores no son militantes, sino fervientes devotos, servidores fieles de su único amo y señor, que es Sánchez y sus secuaces.
Prueba de ello es el espectáculo dantesco que ofreció el viernes la cúpula socialista en el mitin de campaña en Valencia, empezando por Diana Morán, ministra de Universidades.
Gracias, Óscar, por la dignidad que has demostrado en política en los momentos en que hace falta dignidad, en que hace falta empatizar con el dolor, en el que nos tenemos que hacer cargo del dolor de la gente, ¡claro que sí!
Coreaban su nombre, lo acabáis de oír. Las huestes socialistas, los militantes de base dirigidos a placer por sus líderes, coreando el nombre de Óscar Puente, responsable político de los accidentes de Adamuz y de Urda, donde perdieron la vida 115 personas y resultaron heridas otros cientos, destrozando con ello a muchas familias. No son los únicos, el propio Sánchez habla maravillas de Puente.
Hemos dado la cara con absoluta transparencia y hemos asumido la responsabilidad política con la dimisión de un gran político como es Óscar Puente.
¿Cómo es posible? ¿Cómo hemos llegado a tal nivel de degradación y miseria moral para que un partido encumbre a semejante basura de lo peor que ha pasado en la política española en democracia? Bueno, en realidad es fácil de entender si se tiene en cuenta que el artífice del esperpento no es otro que el propio Sánchez, el sumo pontífice de la mentira, la inmoralidad y la indecencia.
Siempre hemos defendido lo mismo: crisis, tragedias, desgraciadamente hay, suceden en una nación. Pero la cuestión es cómo responde un gobierno ante esas tragedias y ante esas crisis y pandemias.
Vaya, ¿y cómo responde tu gobierno, Pedro? Ilústranos, ¿cómo respondiste tras la trágica riada de Valencia?
Y es que el gobierno central está listo para ayudar. Si necesita más recursos, que los pida.
¿Y cómo respondiste ante la indignación de las víctimas de la DANA tras comprobar tu abandono durante días para sacar rédito del desastre? ¿Cómo, Pedro? Cuéntanos.
Yo estoy bien. Por tanto, yo lo que quiero decir es que estoy bien, que agradezco las muestras de solidaridad.
Ah, vaya, que huiste como un cobarde, cual galgo de Paiporta. Y con lo de Ceuta, ¿se puede saber qué respondiste tras la invasión perpetrada por Marruecos mientras tu gobierno se cruzaba de brazos?
Presidente, ¿cómo explican que haya 1.000 menores en las calles de Ceuta todavía?
Eso a vivas, pregúntenle.
Eso a vivas, pregúntenle. Y eso sin contar que te fuiste de vacaciones todo un mes, que menos, horas después de la invasión, dejando a los ceutíes a su suerte sumidos en el más absoluto caos. Porque, claro, era tu derecho, ¿no?, cogerte unas semanas de vacaciones.
Yo sé que para una parte importante de la oposición de este país, por supuesto que yo no tendría ningún derecho a tener vacaciones. Y, vamos, tampoco a ser presidente del gobierno, porque no soy legítimo, no soy un presidente de gobierno ilegítimo, pese a que hayan votado los ciudadanos, pese a que las Cortes Generales me hayan conferido esa confianza. Pero bueno, yo me lo tomo con deportividad, porque llevo ocho años así. Pero también les digo: he trabajado y he descansado.
También ese es mi derecho.
Oye, ya es mala suerte tú, ni una respuesta decente. Bueno, al menos algo habrás dicho sobre la corrupción de tu partido. No sé, una mínima condena, al menos, aunque sea con la boca pequeña, alguna explicación plausible al respecto, dado que tus dos secretarios de organización, Ávalos y Cerdán, han resultado ser manzanas podridas.
Bueno, son las cinco, no he comido. Creo que también es importante, y me gustaría acabar con ello, esta comparecencia. Yo creo que es muy importante que haya habido un debate de más de cinco horas en la Comisión Ejecutiva Federal.
Vaya por Dios. Pues parece que no, que en el PSOE ya no queda decencia, y desde luego tampoco en el zurderío patrio. Pero, ¿hay alternativa? ¿Queda algo de esperanza en la política nacional o nos podemos dar ya por desahuciados? Veamos.
No todos los políticos ni las políticas son iguales. Hay ideas buenas y malas, al igual que hay personas competentes, honradas y trabajadoras, gente buena, y otros tantos que, por el contrario, más vale tener lejos, a kilómetros de distancia, porque son gentuza de la peor calaña. Sánchez, evidentemente, es de los segundos. Porque sí, seamos sinceros, amigos: políticos malos hay muchos, gente con ideas equivocadas y tremendamente perjudiciales, ya sea por ignorancia o por dejación.
Pero también hay malas personas, mala gente, que por desgracia se dedica a la política, como sucede en todos los ámbitos de la vida. De todo hay en la viña del Señor. Y por desgracia, nos ha tocado en suerte lo peor de lo peor al frente del gobierno, con todo lo que ello supone, con todo lo que ello implica. En esto, al menos, coincido al 100% con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.
El miércoles, los equipos de rescate estaban en el terreno, siguen todavía. Y mientras ellos buscaban la vida, el gobierno buscaba otra cosa. Buscaba cómo quitarse la responsabilidad de encima, y buscaba a quién endosarle esa responsabilidad. Como si no existiese la responsabilidad política ante dos accidentes continuados con más de 115 muertos en la misma línea, tras fallar todo lo que puede fallar. Ya no es que sea evidente que no son buenos gestores, es que dudo de que también sean buena gente.
Porque esta actitud es infame, es cruel y es ruin.
No solo tenemos un mal gobierno, lo cual ya es grave, sino que además tenemos un gobierno de malas personas, que es mucho peor. Empezando por Puente, que lejos de pedir perdón a las víctimas, se victimizó tras el accidente de Urda.
Cuando comparecen, ¿de quién hablan? ¿De sí mismos? El ministro habló del calvario que le espera. Encima, en campaña electoral dijo: "No, señor ministro, el calvario no lo está sufriendo usted. El calvario es de las familias que esperan un cuerpo. El calvario es de quienes no volverán a ver a sus seres queridos. El calvario es de los heridos. El calvario es de todo un pueblo".
Pero ojo, mucho cuidado, porque Puente tan solo es un discípulo, uno de los muchos alumnos aventajados que tiene a su servicio el verdadero maestro, Sánchez, que al fin y al cabo es quien le nombró y le mantuvo en el cargo hasta que le supuso un problema de cara a las elecciones del 29N.
Dijo también el ministro que solo se iría si su continuidad perjudicaba a su partido. No a las víctimas, no a los españoles, no, no, a su partido. Y encima sabemos que están encargando encuestas para decidir si le cesan o no. Basta imaginar que estaría tuiteando Óscar Puente si esto lo hubiese hecho otro. Aún no han entregado todos los cuerpos a las familias y están con sondeos para ver si les perjudica o les beneficia electoralmente el cese del ministro.
¿Qué queréis que os diga? En estos momentos, decidir si cesas a un ministro por lo que te digan las encuestas te da el nivel moral de esta gente, que es ninguno.
Así es. Puente no dimitió, sino que lo cesaron porque había elecciones y suponía un lastre. Punto, no hay más. Y eso, amigos, es trágico porque da buena cuenta de la catadura moral del personaje que ocupa la Moncloa desde hace ya ocho largos y negros años.
Hemos visto a un presidente del gobierno comparecer en el Senado por asuntos gravísimos y terminar hablando de su modelo de gafas. Hemos visto cómo la imputación de su mujer se resolvía con cinco días de descanso que aprovechó para montar una cloaca. Hemos conocido antes sus listas de reproducción musicales que los presupuestos del Estado. Y hemos visto a los suyos dar órdenes a un clan de crimen organizado para eliminar una jueza.
Le hemos visto antes hablar de sexo en programas de entretenimiento, como una exministra, por cierto, antes que dar explicaciones a los medios donde no le bailan el agua. Y hemos llegado a ver algo que hoy sigue pareciendo incomprensible. Hemos visto a un ministro hacer chistes sobre la crítica situación del sistema ferroviario para promocionar un programa de humor. Yo me pregunto: ¿de verdad esa es la idea que tienen de servicio público?
¿De verdad alguien cree que es ingenioso reírse de los problemas que padecen los ciudadanos? ¿Dónde está la gracia? Repito, ¿dónde está la gracia? Porque todo gobierno puede equivocarse, pero lo que un gobierno no puede hacer es dejar de tomarse en serio a los españoles. Y el actual lo ha hecho en demasiadas ocasiones. Se ha creído que el poder es suyo, y que con esa misma lógica han acabado creyendo que las instituciones también lo son.
Por ello, recuperar la decencia también es recuperar un principio esencial: el poder tiene límites.
Límites. Eso es lo que no tiene Sánchez: ni límites ni líneas rojas. Y claro, luego pasa lo que pasa: que el gobierno, en vez de asumir responsabilidades, se dedica a buscar chivos expiatorios para eludirlas. Y eso en el mejor de los casos, ya que también defiende a sus corruptos e incluso monta sucias cloacas para acabar con jueces, fiscales y agentes. Un partido, el PSOE, con secretarios de organización condenados en la cárcel y un gobierno lleno de imputados asediado por la corrupción, con ministros dedicados a señalar e insultar en redes, en vez de trabajar para que los servicios públicos funcionen o al menos no maten, tal y como sucede ahora con la alta velocidad.
En esto también hay diferencias.
Y el ministro o la ministra de Transportes de Fomento, o como le llamemos definitivamente a ese ministerio, no tendrá nada que ver con Óscar Puente. Si yo veo a un ministro utilizando las redes sociales con la intensidad y las horas que dedica el señor Óscar Puente, le aseguro que el siguiente Consejo de Ministros no asistiría.
Al igual que también hay diferencias y muchas entre Feijóo y Sánchez a la hora de entender la política. Feijóo no es Sánchez, nada tiene que ver el uno con el otro.
Soy presidente del gobierno para hacerme cargo de los problemas de la gente, no para ignorarlos. Efectivamente, no soy Sánchez. Sí, yo no bailo en los mítines, yo no canto en los mítines, ni beso a mi pareja en los mítines. Pero lo más importante, lo más importante, lo que más me diferencia de Sánchez es que yo no robo, yo no miento y no me largo de vacaciones cuando invaden mi país.
También quiero seguir profundizando en las diferencias. Yo tampoco he llegado al PP con el dinero de la prostitución, ni me mantengo en el poder por las cloacas. En mi caso, la fuerza que me mueve no es ni el poder, ni el dinero, ni el miedo. Para hacer política, a mí me mueve el amor a mi país, a mí me mueve el amor a España.
Y algunos dirán: "Bueno, eso habrá que verlo". La clave, sin embargo, es que el líder del PP ya ha demostrado su valía como gestor.
Hay comparaciones que son odiosas. Tras el accidente de Urda y la dimisión forzada de Puente, el PSOE se ha visto obligado a cambiar de registro en su campaña una vez más. De la vivienda pasaron a las pensiones, y de las pensiones a la fuerza del amor. Pero los bailes, los besos y demás estupideces ya no tienen cabida ante las imágenes de horror y sufrimiento que dejaron tras de sí los trenes. Así que, en un nuevo giro de guion, el PSOE ha optado por dos nuevos lemas.
El primero: "No todos somos iguales", para poner en valor la dimisión de Puente como si su renuncia tuviera algún mérito. Y el segundo: "Los servicios públicos importan".
Y si hay una lección que extraer de esta tragedia ferroviaria, como de todas aquellas que hemos sufrido durante estos últimos ocho años al frente del gobierno, es que los servicios públicos importan. Mirad, hemos tardado 15 años en revertir los recortes en inversión ferroviaria que infligió Mariano Rajoy cuando era presidente del gobierno. Por tanto, los recortes y la motosierra no son la solución. Y eso también es lo que nos jugamos el próximo 29 de noviembre: o reforzar lo público o recortar lo público.
Y nosotros apostamos por reforzar los servicios públicos.
Sí, sí, sí, sí, sí, muy bien, lo que quieras. Pero la realidad es que todo funciona peor desde que el PSOE gobierna. El Estado recauda más que nunca, los españoles pagan más impuestos que nunca, el gobierno gasta más dinero que nunca, y pese a ello, los servicios públicos funcionan peor que nunca. Todos, sin excepción, salvo la Agencia Tributaria. Lo de los trenes clama al cielo. A este respecto, basta señalar que España es uno de los países de Europa que destina menos dinero al mantenimiento de la red ferroviaria, a pesar del aumento que ha registrado tanto la circulación como los pasajeros.
Así que el sermón de Sánchez, como que no cuela. Pero es que en el resto de servicios pasa algo similar. La sanidad pública tiene listas de espera récord, la calidad educativa está por los suelos, la justicia está colapsada, la inseguridad en las calles va en aumento, la red eléctrica es inestable, y hasta las carreteras se han convertido en un problema colosal. En la España de Sánchez, nada funciona funciona mal, evidenciando así su desastrosa gestión de los recursos públicos.
Feijóo, por el contrario, ya ha demostrado su valía como gestor, y no de ahora, sino de tiempo atrás.
Ellos creen que la mejor España merece un gobierno con ministros como Óscar Puente y un presidente que solo piensa en sí mismo. Yo no. Nosotros ofrecemos otra cosa: gestión, rigor y experiencia. Mi objetivo no es destruir al rival. Esa es la política que está devastando nuestro país. Nunca me he sentido cómodo en la política espectáculo, ni en la política vacía que recomienda canciones, ni en la de los altos decibelios.
Yo vengo de la gestión, me he dedicado toda mi vida a ello. Es lo que sé hacer, y creo sinceramente que es lo que este país necesita ahora. Que nos ahorren los bailes, las reflexiones sexuales. España no necesita al frente de sus instituciones a un influencer. Necesita a alguien que quiera y sepa gobernar, y con toda humildad digo: yo sí sé hacerlo.
Esto es lo que dice Feijóo, pero ¿es cierto? ¿Sabe realmente gobernar? Bueno, basta con comprobar su currículum en política para salir de dudas. Feijóo, que es funcionario de carrera, estuvo al mando del INSALUD en los tiempos de Aznar, entre el 96 y el año 2000. Gestionó la sanidad pública en diez comunidades autónomas a la vez, al mismo tiempo, con 170 hospitales, 1.300 centros de salud, unos 145.000 trabajadores y un presupuesto de miles de millones.
Y bajo su dirección, las listas de espera se redujeron de forma drástica, tanto que hasta sus adversarios reconocían que el INSALUD vivió entonces uno de sus mejores momentos. Pero es que luego fue presidente de Correos entre el año 2000 y el año 2003, y además de modernizar y abrir a la competencia el servicio, logró convertir los números rojos en números negros, pasando de pérdidas a beneficios. Lo nunca visto en Correos.
Y años más tarde, presidió la Xunta de Galicia entre 2009 y 2022, haciendo del equilibrio presupuestario y la eficacia su razón de ser. Galicia avanzó, y mucho, bajo el gobierno de Feijóo, demostrando de nuevo su buena gestión.
España tiene que poner a los mejores al frente de las decisiones. La respuesta a esta situación es gestión, gestión y gestión. Porque para mí gobernar no es ninguna broma. Es saber que cada decisión y que cada error puede tener un coste que no se mide en votos, sino en daños, a veces en muertos.
Feijóo, por tanto, es la antítesis de Sánchez. El primero es fiabilidad, el segundo es puro engaño. Eso no significa que sea el mejor político posible, porque no lo es, ni que su gestión esté exenta de errores, cosa que tampoco sucede. Por ser, ni siquiera es, ni será el mejor candidato a la presidencia, pero es 100, 1.000, 100.000 veces mejor que Sánchez. De eso, amigos, no hay duda. Feijóo será mejor presidente, mucho mejor, que líder de la oposición.
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Manuel Llamas analiza la figura de Alberto Núñez Feijóo como posible presidente del Gobierno